Las mujeres jóvenes también viran a la extrema derecha
No lo hacen tan rápidamente como los hombres jóvenes, pero la tendencia es la misma
BruselasLa extrema derecha va ganando adeptos en todas las franjas de edad y en todo el territorio de la Unión Europea. La tendencia al alza es transversal y ha llegado a todos los grupos sociales, también al de las mujeres jóvenes. "Son las que votan menos a la extrema derecha, pero no porque se estén alejando, sino porque están virando más lentamente que los hombres", resume en una conversación con el ARA Javier Carbonell, autor del último informe del centro de investigación European Policy Center (EPC) y experto en desigualdades, juventud y extrema derecha.
El estudio del investigador valenciano recoge datos socioeconómicos del Eurostat –el instituto de estadística de la Comisión Europea– y de los resultados electorales de las últimas elecciones de toda la Unión Europea. Con estos datos se ve claramente que, a pesar de que hay más hombres menores de 30 años (hasta un 27,7%) que votan a la extrema derecha, también hay cada vez más mujeres jóvenes que se están radicalizando.
En 2014, en el conjunto de elecciones en toda la UE, poco más del 15% de las mujeres menores de 30 años votaban a la extrema derecha. Este porcentaje, más lentamente que el de los hombres, ha ido creciendo hasta situarse alrededor del 22% en 2023.
Carbonell atribuye este aumento de apoyo a motivos económicos. El experto constata que cada vez hay más mujeres jóvenes con estudios universitarios y trabajos cualificados. Aun así, el investigador asegura que su "progreso se ha producido paralelamente a un fuerte descenso de los ingresos, la riqueza, el poder adquisitivo y el acceso a la vivienda para los jóvenes en general", cosa que ha provocado que "lo que pueden comprarse las mujeres jóvenes, en la práctica, también ha disminuido".
El estudio apunta que el "malestar con el mercado laboral y la vivienda" en algunas mujeres se canaliza a través del feminismo y las opciones políticas progresistas, pero se trata de un grupo social polarizado y hay quienes optan por una reacción completamente opuesta: "La nostalgia de un pasado en el que las mujeres no tenían que trabajar, ni votar o abrir una cuenta bancaria". En este sentido, Carbonell apunta que las mujeres de extrema derecha cada vez son más activistas, sobre todo para contrarrestar la tirada del feminismo, y va ganando fuerza el imaginario de las tradwife, un tipo de influencers que defienden los roles de género tradicionales, centrados en el hogar, la crianza y la sumisión al marido.
Para ponerle remedio y evitar que las mujeres jóvenes acaben votando a la extrema derecha, Carbonell propone centrarse más en "abordar la precariedad económica, las crisis de vivienda y el deterioro de los estándares democráticos", y no tanto en políticas "centradas exclusivamente en el género". También lamenta que el feminismo, así como el conjunto de valores progresistas, se ve para la juventud como "el nuevo statu quo" y la "normalidad", y remarca que se ha de intentar revertir esta visión haciendo que los "movimientos de igualdad de género adopten una postura más antiestablishment".