"¿Es normal que...?" El interrogatorio va a la presidenta del PSOE

Madrid¿Es normal que el PSOE pusiera un despacho a José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Es normal que usted no sepa qué le dijo Leire Díez a Santos Cerdán? ¿Es normal que usted reciba a una militante del PSOE? Estas son solo algunas de las preguntas que los senadores de la comisión de investigación del caso Koldo le han hecho a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona. Un interrogatorio de más de tres horas que ha resultado ser del todo estéril, sin ninguna nueva conclusión —ella no ha aportado ningún elemento nuevo y ha procurado contestar de forma breve— y donde, más que preguntas, los senadores de la derecha se han mostrado indignados por el caso Leire, Zapatero o las ya tres sentencias por el caso del fiscal general, Ábalos y el hermano del presidente español, Pedro Sánchez. Y es que más que cuestiones sobre la relación entre Narbona y Leire Díez, acusada de montar una guerra contra jueces y fiscales por encargo de Santos Cerdán, los senadores han utilizado la comisión para hablar de las joyas del expresidente español, de cómo lo apunta Julio Martínez o del comportamiento del ya sentenciado José Luis Ábalos.

"¿Cuál es la pregunta?", ha espetado Narbona al senador de Vox Ángel Pelayo Gordillo, que ha reivindicado también el derecho a hacer "observaciones" en la comisión. "Le recomiendo una vigilancia más elevada de lo que ocurre en la sede de Ferraz. Mi recomendación es que mire con más diligencia", ha rematado Pelayo, que ha llegado a pronosticar la desaparición del PSOE. "Torres más altas han caído que yo he contribuido a hacer caer", ha amenazado.

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Cristina Narbona estaba citada este miércoles en el Senado por sus mensajes con Leire Díez, por los cuales también ya fue llamada a declarar como testigo la semana pasada en la Audiencia Nacional. La presidenta del PSOE ha reproducido la misma versión que ante el juez: que Díez se puso en contacto con ella diciendo que tenía información importante para el partido y que ella la remitió al secretario de organización del momento, Santos Cerdán, porque tenía las competencias de comunicación. No supo nada más hasta que el mismo Cerdán, según ella, le dijo que no era relevante lo que le había trasladado Leire Díez. "No soy la madrina de Leire Díez", ha afirmado, negando que tuviera un vínculo estrecho como han apuntado los senadores del PP y Vox. "No diría que tenía una amistad en sentido profundo", ha descrito, y para ejemplificarlo ha dicho que en diez años se han visto una decena de veces. Tenía, eso sí, un trato "amable".

Narbona se ha presentado, en palabras del senador de ERC Joan Queralt, como un "jarrón chino": sin poder ejecutivo en el PSOE y como una figura dedicada a ordenar los debates del comité federal del partido y de la dirección de la formación. "Mi función en el PSOE no tiene nada que ver con el funcionamiento diario", ha dejado claro Narbona, y ha añadido que el suyo es un cargo de representación. De hecho, ha remarcado que va muy poco a la sede de la calle Ferraz porque está dedicada mayoritariamente al Congreso, donde preside la comisión para la Transición Ecológica.

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Todos los caminos llevan a Santos Cerdán

El intercambio más duro ha sido entre Narbona y el representante del PP, Francisco Martín Bernabé, que ha utilizado un tono beligerante con la socialista. "Está actuando como una hipócrita de manual", ha declarado el popular. "Digo la verdad", ha contestado la presidenta del PSOE.

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El relato de Narbona pasa por tres frentes: que tenía una relación cordial con Leire Díez y que por eso le respondió mensajes; que Santos Cerdán era una especie de poder omnipotente que tenía capacidad para hacer y deshacer sin conocimiento de la ejecutiva del PSOE y que fue él quien, presuntamente, decidió trabajar con Díez para desestabilizar las causas judiciales del PSOE; y que no hay ningún motivo para imputar al partido, sino que, si procede, hay motivos para investigar a personas que han tenido responsabilidades en la organización. ¿Y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, sabía algo? Él dice que no y Narbona se lo cree: "Pondría la mano en el fuego por él".