Un nuevo 15-M o una oportunidad para Pedro Sánchez?

MadridJuan tiene 72 años y camina entre las tiendas plantadas en la Puerta del Sol. Acaba de hacer una foto y la enseña: es la placa, en forma de rombo, bajo el cartel que da nombre a esta plaza de Madrid y que colocó el ayuntamiento de Manuela Carmena en homenaje al 15-M. "Dormíamos y despertamos", dice. Juan se la mira y la recita en voz alta, para seguidamente explicar que tiene dos hijos de 37 y 39 años que hace solo tres años que se han podido independizar. "Pensábamos que con un gobierno progresista ya estaba todo hecho y, en realidad, no había nada hecho", se lamenta. Este era un sentimiento compartido entre los manifestantes que han estado en la Puerta del Sol este fin de semana en la capital estatal: se palpaba en las conversaciones, en las pancartas y en las declaraciones públicas del Sindicato de Inquilinas. ¿Nos encontramos ante el 15-M de Pedro Sánchez?

Recapitulemos. El 15-M se produjo en 2011, liderado por el movimiento de los indignados, presente en todo el mundo, y en contra de un sistema económico capitalista que había entrado en colapso por la caída de Lehman Brothers. Aquello pilló también a los socialistas en el gobierno, con un ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ya agotado y con los recortes bien presentes en el debate público. De allí surgieron partidos como Podemos, con liderazgos como el de Pablo Iglesias, o Comunes, con figuras como Ada Colau; a pesar de esto, las elecciones en el Estado las ganó el PP de Mariano Rajoy por mayoría absoluta.

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¿Estamos ante una situación similar? Ciertamente hay cuestiones que sí. Sánchez está ya en las postrimerías de la legislatura, sin mayoría garantizada en el Congreso, y las encuestas dan una mayoría absoluta para la derecha de Alberto Núñez Feijóo y la extrema derecha de Santiago Abascal. Además, el caldo de cultivo contra el gobierno progresista está ahí: el movimiento social se siente decepcionado por un ejecutivo que no ha cumplido sus expectativas.

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Tocada, sin embargo...

Ahora bien, a diferencia de Zapatero, que todo el mundo daba ya por amortizado y anunció por aquellas mismas fechas que no se volvería a presentar a las elecciones –fue Alfredo Pérez Rubalcaba quien lo hizo–, Pedro Sánchez no está acabado del todo (o al menos no tiene la voluntad de tirar la toalla). Por lo tanto, todavía tiene la oportunidad de intentar jugar a la movilización de la izquierda en las calles a su favor.

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Para empezar, a Sánchez le interesa mucho más que la conversación pública gire en torno al derecho a la vivienda que no en torno a la inmigración, un tema que ha predominado en la discusión desde la crisis de Ceuta el 30 de julio. A pesar de que los manifestantes griten contra el gobierno progresista durante las protestas, en la Moncloa saben que siguen siendo el mal menor frente a lo que puede venir (un ejecutivo Feijóo-Abascal) y que, a diferencia del 15-M, las demandas de los acampados hoy en la Puerta del Sol son concretas y no una impugnación general del sistema.

Además, quince años después, también se ha demostrado que los partidos surgidos de aquel movimiento social tampoco han cumplido las expectativas: Sumar ha dejado atrás a Yolanda Díaz, no tiene una cara visible clara y, en caso de que sea la de Ada Colau, la exalcaldesa de Barcelona ya ha gobernado. Y Podemos ha tenido ni más ni menos que la vicepresidencia del gobierno español con Pablo Iglesias sin cumplir la promesa de asaltar los cielos.

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Por lo tanto, Sánchez se encuentra en una encrucijada muy relevante que, en función de lo que haga, puede ser su estocada final –con la derecha y la izquierda en su contra en la calle– o su oportunidad para cambiar las perspectivas si consigue surfear la ola. La principal dificultad que tiene es cuadrar el círculo en el Congreso: y quien se lo puede poner más difícil no es Junts o el PNV –que podrían llegar a un consenso con el PSOE en materia de vivienda– sino sobre todo Sumar y Podemos.

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La izquierda del PSOE puede tener la tentación de subir la apuesta para recoger la indignación de la calle y marcar distancias con Sánchez en este último tramo de legislatura. La misma Colau, que ahora flirtea con la idea de liderar el nuevo Sumar, ha abierto la puerta a salir del ejecutivo del Estado por las políticas de vivienda; mientras Podemos ya hace tiempo que decidió señalar a la Moncloa y hablar desde la pureza que permite la oposición.

Si deciden hacer esto, estos movimientos quizás les resultarán rentables electoralmente a corto plazo, pero es, sin duda, lo más letal que pueden hacer para una reedición de la mayoría progresista liderada por Pedro Sánchez. La prueba del algodón sobre cómo juega sus cartas el presidente español será el decreto ley que el consejo de ministros debe aprobar el martes.