El futuro de la derecha

El PP debate cuál es la mejor fórmula para fagocitar a Vox

Las relaciones entre los dos partidos han empeorado después de las elecciones gallegas

MadridLas elecciones gallegas han acabado de convencer al PP de que el único camino para volver a la Moncloa pasa por fagocitar a Vox y convertir la formación de extrema derecha en marginal, como en Galicia. El propio Alberto Núñez Feijóo lo ha verbalizado estos días en sus actos, en los que ha venido a decir que votar a Vox acaba siendo "útil a Sánchez", por lo que la relación entre las dos formaciones se ha acabado tensando. Recordemos que fue Santiago Abascal quien dijo en la noche electoral que en Galicia había ganado "la estafa política", unas palabras que cayeron muy mal en Génova. Y el episodio del enfrentamiento entre Federico Jiménez Losantos e Ignacio Garriga ha enrarecido aún más la situación. Sea como sea, sin embargo, el PP sabe cuál tiene que ser su objetivo, minimizar a Vox, pero no tiene claro cuál es el camino para conseguirlo, porque la correlación de fuerzas entre el PP y Vox es muy distinta en función del territorio. Y lo que puede funcionar en unos sitios no tiene por qué funcionar en otros.

La fórmula que desea Feijóo, la gallega, no es reproducible, porque se basa en una concentración de voto muy elevada en el PP y un Vox muy empequeñecido. El modelo gallego no se basa en una hegemonía electoral de la derecha (entre las dos fuerzas no llegaron al 50% de los votos en el 23-J), sino en la maximización de los escaños, tanto en las generales como en las gallegas. Y este esquema es muy particular, porque no se repite en ningún otro lugar. No hay más territorios en los que el PP sea primera fuerza y Vox sea tan insignificante. De hecho, la extrema derecha sacó más votos que en Galicia (4,9%) el 23-J en Catalunya (7,8%) y en Navarra (5,7%). Solo en Euskadi los ultras tienen un peor resultado (2,6%).

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A grandes rasgos, las comunidades autónomas donde el PP gana son de dos tipos: aquellas donde existe una hegemonía conservadora muy clara, con más de un 54% de voto entre las dos formaciones el 23-J, que corresponden básicamente a los territorios de la antigua Castilla-Madrid (54,5%), Castilla-La Mancha (56,7%), Castilla y León (55,3%), La Rioja (55,9%), Cantabria (56, 1%) y Murcia (donde la mayoría derechista es abrumadora, con un 63,4%)–, y las que se sitúan en torno al 50% de voto conservador, que son Andalucía (51,7%), Extremadura (51, 5%), País Valenciano (50,5%), Islas Baleares (50,8%), Aragón (50,9%), Asturias (48,6%) y Galicia (48,4%). Tanto en Asturias como en Galicia la izquierda sumó más sufragios el 23-J. Del primer grupo solo Castilla-La Mancha tiene un gobierno autonómico socialista (con un barón de corte conservador y españolista como Emiliano García-Page) y del segundo solo Asturias, donde el PSOE es primera fuerza.

Los modelos de Ayuso y Bonilla

La fórmula Ayuso sería la que se aplica al primer grupo: consiste en mimetizarse con la extrema derecha y asumir buena parte de su discurso para atraer a los votantes y conseguir mayorías absolutas sin tener que entrar en el choque dialéctico con ellos. Pero, claro, esta vía se basa en una hegemonía electoral (y cultural) conservadora que no se da en todas partes. Y, de hecho, exceptuando el caso de Murcia, único, en ninguno de los otros territorios hay mayoría absoluta del PP. Por el contrario, la fórmula Moreno Bonilla (presidente de Andalucía) se basa en ganar la mayoría absoluta en territorios donde la hegemonía no es tan clara creciendo por el centro con un discurso moderado y marcando distancias con Vox. De ese segundo grupo de comunidades el PP solo tiene la mayoría absoluta en Andalucía y Galicia. En el resto depende de Vox en unos gobiernos no exentos de tensiones internas.

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De momento Feijóo parece haber optado por una fórmula híbrida, que consiste en endurecer el discurso pero al mismo tiempo también evitar cualquier complicidad con Vox, lanzando todas sus terminales mediáticas, como por ejemplo El Mundo, pero sobre todo esRadio, con Losantos a la cabeza, contra la extrema derecha. En Génova la estrategia actual pasa por ignorar a Vox y dejar que se vayan desgastando en sus batallas internas, pero saben que las elecciones europeas serán el test que marcará definitivamente si Vox pierde fuerza o no. La extrema derecha, por su parte, está poniendo toda la carne en el asador en estas elecciones al considerar que, al existir una participación menor, tiene más posibilidades de crecer con el voto más ideologizado tras las protestas de los agricultores y la pujanza de los ultras en toda Europa.

Feijóo y el PP, por su parte, planean presentar las europeas como un plebiscito sobre Sánchez, y para ganarlo necesitan la victoria clara que no logró el 23-J, lo que implica fagocitar el máximo de votos de Vox. Por eso al final será también un examen para comprobar cuál es la correlación de fuerzas en la derecha.