¿Por qué el PP español todavía es una excepción en Europa?
Los últimos reveses de los conservadores alemanes ante la extrema derecha contrastan con el hecho de que los de Feijóo han evitado un 'sorpasso' de Vox
-
CAT -
ENG
MadridUna tendencia recorre Europa. Los partidos de la derecha tradicional se hunden mientras la extrema derecha continúa en auge. El último país en el cual se ha evidenciado este fenómeno, que en Francia o en Italia ya es una realidad incontestable, es en Alemania. Las elecciones el fin de semana pasado en los estados federados de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y de Berlín y las de principios de septiembre en el de Sajonia-Anhalt han sido un jarro de agua fría para la CDU. Los conservadores alemanes, que con sus aliados de Baviera, la CSU, son el grupo nacional más numeroso del PP europeo en la Eurocámara, han sucumbido en dos de ellos ante el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), considerado uno de los más radicales del continente.
El día después de que la CDU se llevara el más duro de los reveses, y quedara incluso fuera del Parlamento de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde no superó el umbral mínimo del 5%, el líder del PP europeo, Manfred Weber, de la también alemana CSU, viajó a Ceuta acompañado del presidente del PP español, Alberto Núñez Feijóo. Una visita centrada en la inmigración, uno de los flancos en los que la derecha tradicional más sufre el estira y afloja de formaciones como AfD y Vox. Dentro de esta alianza europea, con paralelismos entre países, pero también particularidades, las de Feijóo, que han situado a Dolors Montserrat como número dos del PPE y son la tercera delegación nacional más numerosa de los conservadores en el Parlamento Europeo –la segunda es la de Polonia–, se mantienen como una excepción. De momento, Vox no ha conseguido hacerles el temido sorpasso.
¿Ahora bien, podrán resistir a medio y largo plazo? ¿O el camino es que les acabe pasando como a la CDU? Desde el PP reivindican los resultados de la estrategia mantenida hasta ahora, que en las encuestas les sitúa como primera fuerza en el Estado y les ha permitido mantener el liderazgo del bloque en todas las autonomías. Fuentes de la dirección consultadas por el ARA sacan pecho de haber demostrado que se puede pactar y gobernar con la extrema derecha –tienen coaliciones con los de Santiago Abascal en Extremadura, Andalucía, Aragón y Castilla y León– sin que se acabe el mundo y a la vez hacer propuestas aunque haya un clima de confrontación constante. Consideran, además, que el caso alemán es una penalización directa a las impopulares reformas impulsadas por el canciller Friedrich Merz.
Para el doctor en ciencia política y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, especialista en derechas radicales europeas, Guillermo Fernández Vázquez, el hecho de que Feijóo no esté en la Moncloa es clave. "Ciertamente el PP español constituye una relativa excepción dentro del contexto de los partidos populares europeos. Y es una excepción que yo vincularía sobre todo al hecho de que hay un gobierno progresista y el PP está en la oposición", reflexiona en una conversación con este diario. Este politólogo cree que su capacidad de resistencia tiene relación con la "coyuntura" del Estado más que con la estrategia del partido. Y no es solo que los populares no gobiernen en España sino también un contexto de "polarización absoluta entre sanchismo y antisanchismo". "Veríamos qué pasa en el caso de que el PP pudiera gobernar. Seguramente la diferencia con Vox se reduciría y sí que podría haber un sorpasso", vaticina.
"El PP está cometiendo todos los errores que han hecho sus homólogos con la falsa idea de que domesticarán a la bestia y acabarán con ella", añade Anna López Ortega, politóloga y autora del libro La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025). Según indica López Ortega, los populares "entran en la trampa de Vox" por el hecho no solo de pactar con ellos sino también por adoptar su marco y sus propuestas. "Esto acelera también el grado de éxito de un partido de extrema derecha", advierte la politóloga, que recuerda que Vox ha tenido en España una irrupción política mucho más tardía que sus homólogos de la extrema derecha en otros países del entorno, con décadas de historia. Con el paso de los años en Francia y en Italia se ha demostrado que "cuando pactas y copias sus propuestas el resultado es que te sustituyen o desapareces", sostiene.
¿Qué receta hay que aplicar?
"Yo defiendo el cordón sanitario porque es la manera de que no condicionen tanto las instituciones, pero es insuficiente", defiende López Ortega, que remarca que es necesario que vaya acompañado de una "respuesta a los malestares" que canaliza la extrema derecha en forma de propuestas "claras" en materias como la de la vivienda accesible además de "dar la batalla en las redes sociales". En el caso de la CDU, justamente, sí que había aplicado un cordón sanitario a AfD, pero han fallado el resto de "recetas". Dentro del PP europeo no hay unidad de acción a la hora de tratar con la extrema derecha y Fernández Vázquez avisa de que el camino para detenerla solo puede ser el de la contundencia y la diferenciación. El politólogo pone de ejemplo la actitud del papa León XIV, que ha confrontado con Donald Trump. "Para mí la clave es invertir en ideología, en la batalla cultural. Tratar de diferenciarse de manera nítida de la extrema derecha desde el punto de vista de las ideas y de los valores", dice el profesor de la Carlos III.
Sin embargo, Fernández Vázquez ve a los partidos populares europeos "en una situación estructuralmente muy difícil" y "no lo suficientemente conscientes de lo que deberían hacer. O no se atreven a hacerlo". López Ortega apunta al 2027 como "un punto de inflexión" por la acumulación de comicios en países fundadores de la Unión Europea y apunta que los resultados nacionales marcarán la estrategia de un PP europeo "desconcertado" con la extrema derecha. También condicionarán, apunta, de cara a las elecciones comunitarias de 2029 el rumbo de las futuras alianzas en el Parlamento Europeo, en las que hoy por hoy el PP todavía se alía con los socialdemócratas.