El presidente balear del PP que se hizo independentista
Cristóbal Soler ya se sintió "maltratado" por el Estado como consejero de Economía del Gobierno Balear
Prada de ConflentCristóbal Soler fue diputado muy joven con el PP, con solo 26 años, en 1982; después se convirtió en consejero de Economía balear, presidente del Parlamento y, finalmente, presidente del Gobierno Balear, pero solo ocupó el cargo durante diez meses, entre 1995 y 1996, el más breve de la historia. Relevó a Gabriel Cañellas y duró muy poco, pero lo más sorprendente fue cuando, en pleno Procés, se declaró independentista y presidió la Asamblea Soberanista de Mallorca, de la que todavía es miembro. Desde Prada de Conflent, donde Soler ha asistido a una mesa redonda en la Universidad Catalana de Verano, atiende a ARA y avisa de que "no queda ningún regionalista en el PP". A su juicio, en ningún momento sería regionalismo lo que están haciendo desde el ejecutivo de la popular Marga Prohens, a pesar del poso autoctonista que desde el PP balear dicen defender.
"Que quieran tocar la ley de normalización lingüística ya lo dice todo", afirma, y lamenta también las consultas en las aulas sobre la elección de la lengua de primera enseñanza. Él era del sector regionalista del PP, pero en plena época del anticatalanista José Ramón Bauzá desgarró el carné y culminó el paso hacia el independentismo. "Yo no creo en el regionalismo. Tengo claro que lo que quiero es la independencia", remacha.
Pero ¿cuándo hizo el cambio? Explica que cuando estaba en el gobierno con Cañellas ya empezó a tomar conciencia del meollo del problema español: "Vi cómo funcionaban las cosas. Cuando se negociaron las competencias, nos costó mucho. Yo era el consejero de Economía del primer gobierno, no nos trataron como tocaba –explica–. Veía que los altos funcionarios tenían mucho poder en el momento en que Felipe González tenía la máxima mayoría absoluta, y eran ellos los que manejaban las cosas".
Desencanto con Aznar
El desencanto se multiplicó con el PP en el gobierno: "Esperábamos que con el PP las cosas cambiarían, pero fue peor. Aznar tuvo una primera legislatura buena [pactando con CiU], y una segunda que fue fatal". "Durante la primera legislatura se hizo la ley de normalización lingüística, fue buenísimo, daba margen, ahora sería imposible. Pregúntate si sería posible hacer una ley de normalización lingüística como la de la primera legislatura, y es imposible", concluye. Pero el pueblo balear votó mayoritariamente el PP, que aún capta votantes regionalistas, y se apoyó en la extrema derecha de Vox. A pesar de todo, Soler cree que los baleares pueden acabar despertándose: "Cuando hubo el Procés se creó la Assemblea Sobiranista de Mallorca y se está manteniendo lo que nosotros defendemos. Pero ahora todo [el Procés] está parado, si bien intentamos continuar", asevera.
A pesar de ello, la consulta en las escuelas para que los padres elijan la primera lengua de escolarización deja algún dato que hay que analizar, como el 53% de voto por el catalán en Ibiza en contraste con el 78,5% general en las Illes. "Ibiza es preocupante. Y debemos tener en cuenta una cosa: en Mallorca el 40% son mallorquines [de origen]", asegura. En cuanto al reto demográfico, sin embargo, no tiene ninguna solución ante una cuestión compleja, aunque sí ve el turismo como uno de los principales problemas. Uno de los partidos que están alzando la voz es Coalición por Mallorca, una nueva formación con un discurso antiinmigración que reagrupa a todos los regionalistas de centroderecha, y ante la cual aún no tiene "ninguna opinión" porque quiere ver "cómo evoluciona".