"La miseria moral es total": fin de la tregua política después del accidente de Adamuz

El PP ya carga contra la gestión de Puente y critica la "deficiente situación" de las vías

Madrid"Hay que pelearnos por muchas cosas, pero no por eso". Así resumía el martes una voz de la sala de máquinas de la Moncloa la cooperación que existe entre el gobierno español –liderado por el PSOE– y la Junta de Andalucía –gobernada con mayoría absoluta por el PP– tras el trágico accidente de tren de Adamuz, que hasta ahora ha causado 42 muertes. Y era un diagnóstico en el que coincidían los dos actores de la ecuación: la portavoz del gobierno español, Elma Saiz, aprovechaba para "destacar y agradecer" la "coordinación permanente" entre administraciones, y el presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, celebraba que todo el mundo "ha actuado de buena fe", lo que ha permitido una "mejor coordinación". "Los ciudadanos nunca nos perdonarían que estuviéramos en confrontación", alegaba en una entrevista en TVE. Ahora bien, poco más de 48 horas después, la tregua política que reinaba se ha resquebrajado definitivamente. Las dos gotas que colmaron el vaso y que hicieron estallar el PP sobre todo contra el ministro de Transportes, Óscar Puente, fueron la limitación de la velocidad de un tramo del Barcelona-Madrid y la huelga general que han convocado a los maquinistas.

"El hundimiento es total, la miseria moral también", ha denunciado la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, reaccionando a unas palabras del ministro Puente, quien ha dicho que la huelga tiene que ver con las "circunstancias anímicas" de los maquinistas. "El estado anímico de jugarse la vida todos los días en su trabajo por la deficiente situación de las vías", ha añadido el vicesecretario de Infraestructuras del PP, Juan Bravo. Pero esto no ha sido lo único que ha indignado a los populares. "¿En manos de quién estamos?", se preguntó Ester Muñoz tras conocerse que Adif retrocedía sobre la limitación a 160 km/h de parte del trayecto en alta velocidad entre Madrid y Barcelona. Y Alberto Núñez Feijóo reaccionaba tras conocerse la muerte de un maquinista de Cercanías: "Esto es demasiado".

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A última hora de ayer, quien empezó a elevar el tono fue una sospechosa habitual: Cayetana Álvarez de Toledo. En las redes sociales, espetó que el gobierno español convirtió al ministerio de Transportes en una "masía de comisiones, trapicheos y corrupción" y en un "instrumento de insulto, señalamiento y polarización". "Enchufaron a Koldo a Renfe y prostitutas a Adif", añadió.

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"No puedo hacer más que alabanzas"

Antes, el espíritu general era de entendimiento entre la Junta de Andalucía –que todavía no ha abandonado el clima de complicidad– y el gobierno español. Incluso Óscar Puente, que suele ser el más incendiario y el que más hurga el PP, ha rehuido cualquier cuerpo a cuerpo con los populares. "Todo ha sido cooperación y proximidad. Cero reproches a hacer, todo lo contrario. Han actuado correctísimamente y no puedo hacer más que alabanzas a Moreno Bonilla", dijo en una entrevista en Eldiario.es. "Él tenía que hacer su parte y se ha esforzado por cumplirla bien", añadió Óscar Puente en la Cadena SER. El gobierno andaluz se encarga de la Protección Civil y las emergencias, mientras que el gobierno español es el competente en la infraestructura ferroviaria. Y Juanma Moreno también ha destacado que "cada uno en el ámbito de sus responsabilidades" ha puesto lo "mejor" de sí mismo para que "esto salga bien".

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Donde ahora también hay complicidad entre los gobiernos español y andaluz es en el funeral de estado. La Moncloa ha dado por sentado que será en las "próximas semanas" a la espera de cerrar la cifra de muertos y de coordinarse con el rey Felipe VI. Juanma Moreno lo ve con "muy buenos ojos" para poder "rendir un público y sentido homenaje" a todas las víctimas.

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"No vamos a consentir ninguna manipulación"

Fue ayer, tras la rueda de prensa posterior al consejo de ministros, cuando empezó a encenderse la mecha. Fue a raíz de la respuesta de Alberto Núñez Feijóo a un periodista que el lunes le preguntó si Moncloa le había estado informando sobre la tragedia: "No he tenido ninguna información del gobierno español, ni directa ni indirecta", contestó el líder del PP. "Es el momento de la asistencia sanitaria, el consuelo y el acompañamiento", añadió. En respuesta a esta cuestión, la portavoz del gobierno español, Elma Saiz, recalcó que el gobierno español "comparte información" en "tiempo real" y con "transparencia absoluta" con el "conjunto de la sociedad" y aludió a un contacto entre el jefe de gabinete de Sánchez y la jefa de gabinete de Feijóo.

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Fuentes cercanas a la dirección popular aseguran al ARA que la mano derecha del presidente español "agradeció el buen tono" de las palabras del líder del PP a través de un mensaje de WhatsApp y niegan que lo que verbalizó a Feijóo fuera una queja. "No pensábamos explicar esto, pero no vamos a consentir manipulación alguna. No nos quejamos de nada, pero el gobierno español está manipulando", lamentan desde el PP. Las mismas voces recordaban que, a diferencia de lo ocurrido ahora, cuando ocurrió el accidente en Santiago de Compostela, Mariano Rajoy llamó al entonces líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que estuvo acompañado por la ministra Ana Pastor cuando visitó la zona afectada.

Vox culpa al gobierno español

Mientras, la extrema derecha se mantiene ajena a la tregua y no pierde comida en su cruzada inaturable contra el gobierno español. Fue el único partido que mantuvo intacta la agenda al día siguiente de la tragedia y justificó que quiere evitar el "falso consenso del silencio". Esta mañana, Santiago Abascal ha culpado directamente al gobierno español del accidente: "La corrupción mata". Justo después de la tragedia, en las redes sociales, tampoco se mordió la lengua: "Nos gobierna el crimen, la mentira y la traición a los intereses del pueblo". "Es una actitud mala", ha criticado Elma Saiz. "Utilizar el miedo para generar caos y desconfianza es una actitud antidemocrática e inhumana", denunció. En cambio, el ministro Óscar Puente evitó poner el dedo en la llaga: "Tengo cero ganas de polemizar con nadie".