¿Son nazis todos los que levantan el brazo?

De la ambigüedad calculada de Elon Musk a la falsa rebeldía juvenil, los expertos alertan que la extrema derecha ha conseguido banalizar un símbolo de barbarie

30/08/2026 - 23:19 h.

BarcelonaAficionados al fútbol, élites económicas –como el hombre más rico del mundo, Elon Musk– y formaciones marcadamente ultras han cogido gusto a levantar bien alto el brazo derecho rindiendo homenaje al fascismo nazi e italiano de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Y no son los únicos. Hace años que también se oyen las famosas frases “Con Franco se vivía mejor” y “Esto con Franco no pasaba”, unas aseveraciones que, a menudo, y de forma paradójica, salen de la boca de jóvenes a quienes la imagen que les da Franco es la de un hombre calvo y viejo que con apenas podía caminar y que, por tanto, tampoco podía ser muy peligroso.

Jordi Mir, profesor de humanidades en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y autor del libro El nostre feixisme (Ara Llibres, 2026), señala que, al margen de los colectivos que siempre han sido fieles a estos planteamientos, ahora tienen una presencia mediática mayor por la suma de un segundo grupo: personas y colectivos que han empezado a asumirlos, cuando histórica o tradicionalmente no lo habían hecho.

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Musk y los 'silbidos para perros'

Aquí toman relevancia figuras como la de Musk, que haciendo este gesto públicamente juegan con la ambigüedad. “En el mundo anglosajón hablan de silbatos para perros –explica Mir–, que son expresiones que no se pueden identificar abiertamente con unas determinadas ideas pero que los afines reconocen rápidamente”. De esta manera se entra en un territorio en el que “importa muy poco qué hay detrás de lo que fue el nazismo, y la cosa va de jugar con las emociones, con los sentimientos, y saber conectar con la gente de una manera muy primaria”, advierte el experto. “Hay un proceso de normalización de este tipo de simbología –añade Mònica Clua, profesora de ciencias políticas en la UPF–, que la extrema derecha digital ya hace tiempo que utiliza en los foros y en los memes para banalizar el fascismo”.

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Así pues, cuando referentes como el empresario estadounidense actúan de esta manera, aflora un tercer ámbito sociológico: personas que pasan a considerarlo “como una manera divertida y transgresora de enfrentarse a los sectores con los que no comparten ideas”, afirma Mir. El experto indica que, ante esto, se levanta el brazo no para defender la barbarie nazi, sino “como rechazo a lo que muchas veces se plantea como cultura woke o de izquierdas”.

Una moda actual

Así pues, cuando referentes como el empresario estadounidense actúan de esta manera, aflora un tercer ámbito sociológico: personas que pasan a considerarlo “como una manera divertida y transgresora de enfrentarse a los sectores con los cuales no comparten ideas”, afirma Mir. El experto indica que, ante esto, se levanta el brazo no para defender la barbarie nazi, sino “como rechazo a lo que muchas veces se plantea como cultura woke o de izquierdas”.

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El efecto bola de nieve

Otro elemento clave es el gregarismo, que Mir ilustra con un símil futbolístico: “Cuando Messi hacía un saludo nuevo después de marcar un gol, al cabo de unas horas se podía ver en los patios de las escuelas”. La función de la imitación es vertiginosa: “Que el presidente de tu gobierno o figuras públicas de la sociedad en general tengan determinados comportamientos ayuda a que tú también los acabes adoptando”, asegura. De esta manera se genera un efecto bola de nieve que “nos hace pensar que se pueden hacer cosas que hasta ahora habíamos decidido no hacer”, dice Mir.

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Clua complementa esta idea con la importancia del ámbito tecnológico: el algoritmo de las redes sociales está diseñado para amplificar estos fenómenos. Estos canales “dan mucha más fuerza y visibilidad a mensajes que se supone que todo el mundo está viendo”, explica la politóloga, y añade que muchos usuarios los reproducen simplemente para escandalizar, “sin ni siquiera conocer el significado profundo del gesto que están normalizando”.

El afán rompedor de los jóvenes

Esta ola penetra especialmente entre la juventud. “Como ha pasado históricamente, cuando la gente joven empieza a politizarse tiene tendencia a identificarse con las ideas que son contrarias a lo que está establecido –dice Mir–. Antes podía querer decir hacerse de Podemos, y ahora quiere decir acercarse a colectivos que están bastante lejos de los lilas”. Muchos levantan el brazo únicamente porque “resulta rompedor y para reafirmarse en una voluntad propia”, dice Mir: “En muchos casos no creo que tengan una conciencia clara de lo que significa esta situación ni de lo que implica desde la perspectiva, por ejemplo, del exterminio”.

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Clua también se muestra especialmente escéptica con la idea de que toda la juventud mira hacia el fascismo. La profesora está convencida de que el fascismo solo capta un “porcentaje pequeño”, aunque muy polarizado. Además, la experta hace una advertencia final: repetir constantemente el titular de que “los jóvenes se están volviendo todos unos fachas” puede acabar siendo contraproducente y acabar convenciéndolos solo por encajar en la supuesta moda.