El saludo nazi como espectáculo: ¿por qué se ha perdido el miedo a levantar el brazo?

De la ambigüedad calculada de Elon Musk a la falsa rebeldía juvenil, los expertos alertan de cómo la extrema derecha ha conseguido banalizar un símbolo de barbarie

30/08/2026 - 19:02 h.
4 min

BarcelonaAficionados al fútbol, élites económicas –como el caso del hombre más rico del mundo, Elon Musk–, pasando por formaciones marcadamente ultras le han cogido el gusto a estirar bien alto el brazo derecho rindiendo homenaje al puro fascismo nazi e italiano de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Y no son los únicos. Hace años que también se oye la famosa frase de "con Franco se vivía mejor" o "esto con Franco no pasaba", unas aseveraciones que, a menudo, y de forma paradójica, salen de la boca de jóvenes a quienes la imagen que les llega del caudillo es la de un hombre calvo y viejo que apenas podía caminar y que, por tanto, tampoco podía ser muy peligroso.

Jordi Mir, profesor de humanidades en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y autor del libro Nuestro fascismo (Ara Llibres, 2026), señala que, al margen de los colectivos que lo han hecho siempre, ahora hay una mayor presencia mediática porque irrumpe un segundo grupo: personas o colectivos que han empezado a asumir estos planteamientos cuando, histórica o tradicionalmente, no lo habían hecho antes.

Musk y los silbidos para perros

Aquí toman relevancia figuras como la de Musk, que haciendo este gesto públicamente juegan con la ambigüedad. "En el mundo anglosajón hablan de silbatos para perros", explica Mir, "expresiones hechas de tal manera que abiertamente no se puedan identificar con unas determinadas ideas, pero que los afines reconocen rápidamente". De esta manera se entra en un territorio en el que "nos importa muy poco qué hay detrás de lo que fue el nazismo y la cosa va de jugar con las emociones, con los sentimientos, y saber conectar con la gente de una manera muy primaria", advierte el experto. "Hay un proceso de normalización e incluso de broma de este tipo de simbología", añade Mònica Clua, profesora de ciencias políticas en la UPF, "unos elementos que la extrema derecha digital ya hace tiempo que utiliza en los foros y en los memes para banalizar el fascismo".

De esta manera, cuando referentes como el empresario estadounidense lo hacen, aflora un tercer ámbito sociológico: personas que ven esto "como una manera divertida y transgresora de enfrentarse con los sectores con los que ellos no comparten planteamientos políticos", afirma Mir. El experto indica que, ante esto, se alza el brazo no para defender la barbarie nazi, sino "como rechazo a lo que muchas veces se plantea como cultura woke o de izquierdas".

Una moda actual

¿Pero, por qué precisamente ahora? El motivo de fondo, según reflexiona Mir, es que las ideas de extrema derecha suben de forma reactiva como respuesta a décadas anteriores de liberación y diversidad. Son símbolos que sirven para articular la crítica a, por ejemplo, la inmigración o el feminismo, ya que, en palabras del humanista, "las ideas políticas también se ponen de moda". "Estamos ante una ola realmente global", explica Clua que pone como ejemplos "la India de Narendra Modi, el Brasil de Jair Bolsonaro o la Argentina de Javier Milei". De esta manera, la profesora destaca que, más allá de la Alemania de los años treinta, "todos ellos están vinculados a una ola de supremacismo blanco global y a dinámicas como el apartheid".

El efecto bola de nieve

Otro elemento clave es el gregarismo, que Mir ilustra con un símil futbolístico: "Cuando Messi hacía un saludo nuevo al marcar un gol [...], eso era fácilmente encontrable al cabo de horas en los patios de las escuelas". La función de la imitación es vertiginosa: "Que el presidente de tu gobierno o figuras públicas de la sociedad en general tengan determinados comportamientos ayuda a que tú también los tengas", asegura. De esta manera se genera un efecto bola de nieve donde "de repente esto nos hace pensar que se pueden hacer cosas que hasta ahora habíamos decidido que no haríamos", revela Mir.

Clua complementa esta idea subrayando el papel tecnológico: el algoritmo de las redes sociales está diseñado para amplificar precisamente eso. Estos canales "dan mucha más fuerza y visibilidad a mensajes que se supone que todo el mundo está viendo y apoyando", detalla la politóloga y advierte que muchos usuarios los reproducen simplemente para escandalizar, "sin ni siquiera conocer el significado profundo del gesto que están normalizando".

El afán rompedor de los jóvenes

Esta ola penetra especialmente entre la juventud. "Como pasa históricamente, cuando la gente joven se empieza a politizar tiene cierta tendencia a identificarse con aquellas ideas que están en contra de lo que está establecido", afirma Mir. "Antes quería decir hacerse de Podemos y ahora aproximarse a colectivos que están bastante lejos de eso". Muchos alzan el brazo únicamente porque "resulta rompedor y afirmador de una voluntad propia", destaca Mir: "No tengo muy claro, en muchos casos, que tengan una clara conciencia de lo que significa esta situación y lo que implica desde la perspectiva, por ejemplo, del exterminio".

Clua también se muestra especialmente escéptica con la idea de que toda la juventud mira hacia el fascismo. La profesora está convencida de que el fascismo solo capta un "porcentaje pequeño", aunque muy polarizado. Además, la experta lanza una advertencia final: repetir constantemente el titular de que "los jóvenes se están volviendo todos unos fachas" puede acabar siendo contraproducente y acabar convenciendo a los mismos jóvenes de hacerlo solo por encajar en la supuesta moda.

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