Sánchez domina las crisis de emergencia

MadridA las habilidades que el gobierno de Pedro Sánchez tiene para tomar medidas económicas y políticas sin el concurso del Parlamento en casos de emergencia se ha añadido ahora por necesidad la de salvar in extremis, con similar agilidad, los episodios de disidencia interna. El último consejo de ministros ha sido de los que más se recordarán de esta legislatura, por la curiosa situación que provocó la negociación previa entre la mayoría socialista del ejecutivo y la minoría de Sumar. La formación de la vicepresidenta Yolanda Díaz necesitaba incluir propuestas propias en el paquete de medidas de ayuda a los sectores más afectados por las consecuencias de la guerra de Irán. Desde una perspectiva ideológica es lógico que Sumar insistiera en dejar instalado el sello de su influencia en la confección de unas decisiones de este tipo. Pero no tiene mucho sentido convertir el prólogo de un consejo de ministros en un episodio que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, calificó de "salseo", ya sea como baile o como sustancia picante de determinados platos. La solución salomónica que se encontró —aprobando dos decretos en lugar de uno solo— sirvió para desbloquear una situación que era más aparatosa que grave.

Sumar quería un decreto de congelación de los alquileres, y lo obtuvo. Pero probablemente aquí se quedará la cosa, en una manifestación de voluntad, con pocos o ningún efecto práctico. El motivo es que el gobierno no tiene mayoría parlamentaria para conseguir que una medida de este tipo pueda ser ratificada por el Congreso. Por tanto, la dirección de Sumar podrá ir repitiendo durante los próximos meses que sus ministros lo intentaron, pero que no pudieron más que forzar la aprobación de un decreto propio, separado del amplio texto relativo a las ayudas a sectores concretos del sistema productivo, propuesto por los socialistas. No digo que Sumar se excediera en sus pretensiones, pero sí que el modelo de negociación seguido hace más ruido que provecho. El hecho es que todo el mundo fue consciente de esta circunstancia y que por eso se aprobaron dos decretos.

Cargando
No hay anuncios

De lo que se trataba, en el fondo, es que Sumar se conformase a hacer un papel más bien testimonial, mientras la mayoría socialista del gobierno conseguía impulsar el paquete que tiene prácticamente asegurada la aprobación en el Congreso. Ahora bien, esta circunstancia da lugar a otro tipo de constatación, ya que permite comprobar que el gobierno se sostiene a base de una fórmula de coalición imperfecta —capaz de poner temporalmente en riesgo las ayudas a sectores críticos ante el aumento de los precios de la energía—, mientras en el Congreso actúa otro tipo de mayoría, una especie de puerta giratoria de entrada y salida libre. Esta novedad de la física y el mobiliario parlamentario es la que ha aportado el frente heterogéneo que componen el PP, Vox y Junts, fórmula que para tratar de construir no es imaginable, pero que para levantar obstáculos a la izquierda y sus medidas de política social anticrisis ya se ha visto que funciona. Qué lejos quedan los tiempos en que un gobierno era el reflejo de una mayoría parlamentaria clara, en la que podía ampararse para ir aprobando como mínimo la toma en consideración de sus proyectos.

Cargando
No hay anuncios

El expresidente del gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo acostumbraba a ironizar sobre el PSOE diciendo que constituía un "rodillo vacilante", por sus cambios de opinión y estrategia, sobre todo en relación a la permanencia o no en la OTAN. Y lo decía en los tiempos en que los socialistas llegaron a tener 202 diputados, una mayoría brutalmente absoluta de los 350 que componen la cámara baja. Ahora, en el Congreso, tenemos todo tipo de rodillos vacilantes, y algunos días, como acabamos de ver, el mismo fenómeno se reproduce en el seno del gobierno de coalición. El supuesto final del bipartidismo ha aportado este tipo de fenómenos, y exige a todos más agilidad mental para comprender las medidas que se toman y a la vez cómo se viste y cómo se vende lo que se discute —y con suerte se aprueba— en el consejo de ministros.

Un maestro de la prestidigitación política

Ahora bien, una vez descritas las dificultades, hay que admitir que Pedro Sánchez es un maestro de la prestidigitación política. Si Yolanda Díaz necesita un decreto sobre alquileres, se lo concedo, aunque sea en forma de papel mojado, si no empapado. Lo más importante para las dos ramas del gobierno de coalición es que el tronco común no se rompa. Quizás tenga que pasar en algún momento antes de las próximas elecciones generales, pero ahora no, de ninguna manera. Lo más importante para Sánchez era actuar deprisa y conseguir que las medidas que a él le importan puedan pasar el filtro del Congreso. Y por eso no se podían correr riesgos. Un solo decreto habría caído, como pasó con el que incluía el aumento de las pensiones mezclado con otras materias que no tenían nada que ver. Hizo falta recomponer el texto de la propuesta y evitar mezclas indigestas para obtener el voto del PP, entre otros.

Cargando
No hay anuncios

Esto nos lleva al papel del PP en el contexto de la evolución de la guerra de Irán y su extensión a otros países de Oriente Medio. Sánchez vuelve a aparecer aquí como beneficiario de su afición a tomar riesgos. Los primeros días de su revuelta contra Trump parecía que quizás se había precipitado, con peligro de quedarse solo, o poco acompañado. La evolución de los acontecimientos ha supuesto que Europa haya ido tomando como mínimo claras distancias respecto a Washington y Tel Aviv, no solo para reivindicar la legalidad internacional, sino sobre todo una vez constatadas las turbulencias económicas que ya se están poniendo de manifiesto.

En esta situación es lógico que el gobierno intente atraer los votos de la oposición, y que a la derecha le cueste reiterar el valor de la respuesta negativa como principio irrenunciable. Dicho de otra manera, al PP le costaría mucho no dar apoyo al primer decreto aprobado por el gobierno, el que lleva el grueso de las medidas anticrisis por la guerra. Lo mismo se puede decir en cuanto a Junts. En cambio, lo que pueda hacer Vox es menos relevante. Al partido de Abascal le conviene cierta prudencia, si sabe interpretar los recientes resultados electorales. Vox ha crecido para quedar a prueba, no con un voto de confianza de libre disposición. El uso que la oposición hizo de la pandemia, inundando de ruido de cacerolas las mejores calles del barrio de Salamanca, no está indicado en este caso. De hecho, en aquel tampoco.