La socialdemocracia busca la receta para frenar la extrema derecha

Sánchez se proyecta como líder de la izquierda global

Cierre de la Movilización Progresista Global
19/04/2026
4 min

BarcelonaUna veintena de gobiernos y más de 6.000 representantes de partidos y entidades progresistas de todo el mundo se reunieron ayer en la Fira de Barcelona con un objetivo: recuperar la credibilidad de la socialdemocracia en un planeta maltratado por la guerra y la crisis climática donde la extrema derecha se abre paso. Denuncian que la ola reaccionaria se alimenta de un malestar arraigado en la desigualdad y que utiliza la manipulación y la mentira para atizar el odio contra los inmigrantes, las mujeres y las disidencias. Conscientes de que hay que actuar, enarbolan las banderas del “No a la guerra”, la defensa de los derechos humanos y la lucha por la igualdad. Y dicen que ahora es la hora. Un frente anti-Trump que admite que no basta con defenderse, pero que no llega a formular una propuesta tangible en positivo.

En el acto de clausura de la Global Progressive Mobilisation organizada por el PSOE, la Internacional Socialista y otros partidos vinculados, Tim Walz, gobernador demócrata de Minnesota, que fue el candidato a vicepresidente con Kamala Harris y ahora se ha opuesto al despliegue de la policía migratoria de Trump, no se mordió la lengua: “Tenemos un presidente dispuesto a disparar un tiro a cualquiera y que se ha metido en una guerra sin motivos reales y sin un plan: eso se tiene que decir por su nombre y es fascismo”. Y explicó su receta, que pone el dedo en la llaga de los gobiernos de izquierdas: cuando se llega al poder hay que cumplir las promesas y hacer que la gente note que su vida mejora. Walz recordó la Brigada Lincoln de Minnesota, que combatió contra Franco en la Guerra Civil: “Ahora os necesitamos a vosotros. No abandonéis al pueblo de los Estados Unidos y condenad las monstruosidades que se hacen desde la Casa Blanca”. Al acto enviaron vídeos Zohran Mamdani, el primer alcalde de Nueva York que se declara socialista, el combativo senador Bernie Sanders y la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. También el ex primer ministro sueco Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos, entonó el “No pasarán”.

Pedro Sánchez hizo una apuesta arriesgada posicionándose contra el genocidio en Palestina, contra la captura de Nicolás Maduro y contra la guerra en Irán. Pero el tiempo le ha dado la razón. El choque con Benjamin Netanyahu y Donald Trump le ha merecido ganarse el respeto de los gobiernos progresistas de América Latina, que históricamente han mirado a España con desconfianza. Liderar el contrapeso a Trump de la mano de las otras potencias gobernadas por la izquierda, el Brasil de Lula da Silva y el México de Claudia Sheinbaum, es un paso adelante para el presidente español. También en su proyección como líder de la izquierda europea, a contracorriente. Ahora está por ver si el mensaje de movilización y recuperación del orgullo perdido y el momento catártico que han vivido los socialdemócratas en Barcelona se transforma en organización.

Responder a los miedos

El apoyo del gobierno español a Palestina también lo ha acercado a Sudáfrica, el gobierno que osó acusar a Israel de genocidio ante el tribunal de la ONU. El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, que hizo que el auditorio se pusiera en pie con gritos de Free Palestine, alertaba de un mundo donde “el debate público lo escriben los algoritmos” e instaba a combatir la reacción, que “ofrece respuestas simples a problemas complejos y dirige el odio contra los más vulnerables”. Ramaphosa advirtió, sin embargo, que la única alternativa es “ofrecer algo mejor, que responda a las preocupaciones, el dolor y el miedo”.

En otros momentos, la izquierda había planteado reivindicaciones globales, como dedicar el 0,7% del PIB a erradicar el hambre en el mundo, derogar la deuda externa o la tasa Tobin para gravar las operaciones especulativas. Ahora hay tres propuestas. La primera, reformar la ONU para acabar con el veto de las cinco potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial y avanzar hacia una gobernanza multilateral que reconozca que el mundo ha cambiado y dé, por ejemplo, el lugar que les corresponde a la India o a China. La segunda, establecer un marco de gobernanza económica global diferente del Fondo Monetario Internacional. La tercera, poner bajo control las redes sociales y los tecnooligarcas.

“Hoy en el mundo vemos que la extrema derecha, el populismo y la violencia barren la diplomacia y el diálogo”, decía entre el público la marroquí Khaoula Lachgar, representante de África en la Internacional Socialista. Con el sonido de fondo de Power to the people, en un auditorio lleno a rebosar entre invitados y afiliados y simpatizantes del PSC y el PSOE llegados de todos los rincones, Lachgar admitía que no tienen “soluciones para todo, pero el problema es que la masclosfera, los negacionistas y los extremistas no quieren dialogar”. Su receta: “Volver a poner los hechos y la ciencia en el centro y hacernos comprensibles para la gente, de cualquier lugar y nivel formativo”.

Johan Chermette-Wagner, representante del nuevo partido de centroizquierda francés Place Publique, destacaba que “la extrema derecha siempre organiza reuniones internacionales” y que ellos hace demasiado tiempo que esperan: “Ahora podemos aprovechar el liderazgo de Pedro Sánchez. El joven insistía en que “la socialdemocracia en Europa es más fuerte de lo que parece”, pero que falta una visión más concreta: “Tenemos que ganar la batalla cultural y unirnos”.

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