La teoría del accidente normal

Barcelona¿Un vaso de agua puede provocar un accidente nuclear? La probabilidad es ínfima, pero es lo que ocurrió el 28 de marzo de 1979 en la central nuclear de Three Mile Island, en Estados Unidos. Una pequeña cantidad de agua –el equivalente a un vaso– se coló por un escape en el sistema neumático, activando unas válvulas que acabaron cerrando el circuito de agua fría que debía refrigerar el núcleo. El sistema de emergencia falló porque unos días antes los técnicos se habían dejado cerrados los tubos que le conectaban al circuito y tampoco se activó la luz que debía avisar de que algo iba mal. El resultado fue una fusión parcial del núcleo del reactor, por fortuna, sin provocar víctimas mortales directas. Por separado, todos esos errores habrían sido menores y, de hecho, la mayoría ya se habían registrado en aquella y en otras centrales nucleares. Pero, en su conjunto, protagonizaron uno de los peores accidentes nucleares hasta el momento.

El incidente en Three Mile Island inspiró a Charles Perrow, un reputado sociólogo de la Universidad Yale, para promulgar su teoría del accidente normal. Perrow asumió que los sistemas modernos –las centrales nucleares o, por ejemplo, las infraestructuras ferroviarias– están formados por miles de partes interrelacionadas a las que resulta imposible seguir la pista individualmente para predecir su comportamiento. La teoría concluye que existen accidentes que pueden suceder sin causas claras, errores manifiestos y sin que haya malos de película. El factor aleatorio es, por tanto, una parte fundamental.

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En la última semana, dos accidentes mortales han provocado pánico y caos en el sistema ferroviario estatal. En Adamuz las investigaciones parecen apuntar a una mala soldadura en un pequeño pedazo de la vía como causa del descarrilamiento de dos trenes. En Gelida fue un muro el que cayó e impactar contra la cabina del tren. Aplicando la teoría del accidente normal, ambos eran posibles. Y en ambos la aleatoriedad ha jugado un factor importante: si el muro en Gelida hubiera caído –como en otras ocasiones– cuando no circulaba un tren, la incidencia habría sido menor y, probablemente, si dos trenes no hubieran coincidido a la vez en la parte dañada de la vía de Adamuz, las consecuencias no habrían sido tan dramáticas.

Planes de futuro

Pero ocurrió. Y, desde entonces, la sensación de inseguridad en las vías no ha hecho más que crecer, con los usuarios pendientes de revisiones a toda prisa que certificaran que los trenes podían volver a circular. Para recuperar la confianza de la ciudadanía, las administraciones tendrán que responder con transparencia, asumiendo las responsabilidades que correspondan y anunciando mejoras que probablemente no habrían salido adelante sin los accidentes. En Cercanías, el gobierno español reconoce que la infrafinanciación histórica hace la red "más vulnerable". Todo el mundo tiene planes y teorías de futuro, pero el estudio de la aleatoriedad, como recuerda el físico de la Universidad de California Leonard Mladinow, nos dice que las bolas de vidrio sólo sirven para observar el pasado.

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Los detalles de la semana

1.
Presidente Dalmau

Salvador Illa se recupera en el hospital y mientras está de baja es el consejero Albert Dalmau quien tiene delegadas sus funciones. Es una situación anómala que ha provocado momentos curiosos, como cuando la portavoz del Govern, Silvia Paneque, se refirió al conseller como "presidente Dalmau". Catalunya Ràdio le bautizó como Òscar Dalmau que, curiosamente, trabaja en la competencia.

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2.
Obituario antes de tiempo

Para adelantarse a un evento previsible de relevancia, los medios preparamos artículos que conservamos en el frigorífico hasta que llegue el momento de publicarlos. El temor de todo periodista es que alguno se publique antes de tiempo, especialmente si se trata de la muerte de alguien. No es habitual, pero ocurre. Esta semana le ha tocado a la Ser, que ha publicado por error a los obituarios de Jordi Pujol y Pasqual Maragall.