El faro de Gaudí

La fachada de la Gloria ya está en Les Borges Blanques

El centro logístico de la Sagrada Familia en las Garrigas acumula piedras llegadas de medio mundo

02/06/2026

BarcelonaA primera vista nadie lo diría, pero en un polígono industrial de Les Borges Blanques hay una de las piezas clave del engranaje de la Sagrada Familia. Allí, apiladas unas sobre otras, hay parte de las piedras que han hecho posible que el templo toque techo este año con la culminación de la torre de Jesús, pero también las que hacen falta para continuar la obra. En la capital de Les Garrigues es donde desde hace casi quince años se almacena la piedra llegada desde medio mundo con la que se construye la basílica. Un catálogo al aire libre de la materia prima con la que está hecho el gran sueño de Antoni Gaudí.

Fue en el año 2012 cuando la basílica decidió abrir su propio centro logístico de la piedra. ¿El motivo? Evitar que el calendario de la obra estuviera sometido a la capacidad de las canteras de suministrar material. Acumulando en el campa de Les Borges stock suficiente, los trabajos pueden continuar, por ejemplo, sin depender de si en ese momento las canteras están nevadas y no es posible extraer material. "Sin esto sería imposible mantener el ritmo actual de construcción", explica a la ARA el coordinador del suministro de piedra de la Sagrada Familia, Àlex Masdéu. Además de gestionar la piedra que llega, este geólogo y picapedrero es también quien da vueltas por medio mundo en busca de las piedras adecuadas para poder levantar el templo.

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El cerramiento de piedras es un fenómeno relativamente reciente en la construcción del templo. Desde el inicio de las obras y hasta mediados del siglo XX, se utilizó piedra de Montjuïc, muy valorada porque a pesar de ser una piedra arenisca tiene un cemento de componente silícico que le da una consistencia y una durabilidad superior a muchas otras piedras areniscas. La prueba más evidente de su valor es que gran parte de los edificios históricos de Barcelona —como el Ayuntamiento, el Palau de la Generalitat, el Parlament, la catedral, Santa Maria del Mar o la sede central de la Universitat de Barcelona— están hechos con piedra de Montjuïc.

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El problema para la Sagrada Familia llega cuando en los años 50 empieza a haber escasez de piedra en Montjuïc y, sobre todo, cuando en 1957 se detiene definitivamente la explotación de las canteras de la montaña barcelonesa. Este hecho obliga a buscar nuevos proveedores. Primero a través de un acuerdo con el dueño de una cantera gallega. Pero aquella cantera también se agota, y eso lleva a ampliar horizontes. ¿Y qué es lo que se busca? "Una piedra arenisca que sea el máximo de semejante posible a la de Montjuïc en el ámbito composicional, químico, mineralógico, de textura y también de durabilidad", explica Masdéu.

La búsqueda, sin embargo, no es fácil porque no solo hay que buscar una piedra con unas condiciones similares a la de Montjuïc, sino que además hace falta encontrar una que no desentone cromáticamente. Un reto mayúsculo si se tiene en cuenta que una de las particularidades de la piedra barcelonesa es que tiene una gama de colores amplísima, que oscila desde el gris claro, el gris verdoso, el beige, el amarillo, el ocre, el dorado, hasta los morados y los rojizos. Masdéu explica el truco final. "Como no encontramos areniscas que tengan tantos colores, lo que hacemos es comprar areniscas diferentes con diferentes colores, y las mezclamos. Hacemos una pieza con cada tipo de piedra para ofrecer esa sensación de pixelado de Montjuïc".

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El resultado es que hoy en el campa de Les Borges Blanques se acumulan toneladas de piedras areniscas y granitos llegados desde Cantabria, Inglaterra, Alemania, Escocia, Francia y, hasta, la India. También de Montjuïc. Cuando cerraron las canteras, la basílica hizo una gran compra de toda aquella piedra que aún había disponible en los almacenes, y después se ha ido nutriendo de la que ha ido llegando de algunos derribos —como la remodelación del Estadio Olímpico en 1988—. Todavía ahora adquiere. Por ejemplo, al depósito llegó no hace mucho una piedra de grandes dimensiones proveniente de un desprendimiento en el Jardín Botánico de Barcelona después de los últimos aguaceros.

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La piedra de Montjuïc que hay en la campa —entre la cual se pueden distinguir perfectamente restos de las columnas originales de Puig i Cadafalch— se reserva para elementos clave de la construcción pendiente, pero sobre todo para las rehabilitaciones de parte del templo que ya hay que ir haciendo. De hecho, en el centro logístico hay sobrantes de todas las piedras que se han utilizado para construir el templo para cuando haga falta hacer alguna reparación. Las hay de todo tipo, de areniscas, pero también piedras más particulares como el rojizo pórfido de Irán, la piedra llegada de Brasil con un color azulado precioso que se ha utilizado para la torre de la Mare de Déu o una de las últimas piedras llegadas y que todavía no se ha podido ver en directo: el ónix blanco con que está recubierta parte del interior de la cruz que corona la torre de Jesús.

No sirve cualquier piedra

Hoy, sin embargo, en el centro logístico de Les Borges Blanques predomina la piedra que ha de servir para levantar la fachada de la Glòria. "Debemos tener aquí entre un tercio y la mitad de la piedra necesaria para hacer la fachada", explica Masdéu, que dice que acostumbran a trabajar con la piedra necesaria con un año de antelación, para garantizar que el suministro no se detiene. La piedra a menudo llega en un bloque bruto, y allí se corta en bloques de diferentes grosores en función de lo que se necesite. "Con este corte consigues ver la calidad de la piedra, porque en muchos bloques en bruto desde fuera no ves nada y cuando lo abres es como un melón: a veces sale muy bonito y a veces sale muy malo", resume Masdéu.

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Hace unos años, en las Borges había cuatro naves con ocho máquinas de corte, pero la caída de ingresos de la basílica durante los años de la pandemia llevó a la Sagrada Familia a recortar en este campo y externalizar parte del trabajo que se hacía en el centro logístico. Ahora hay una nave, dos máquinas de corte y la gran campa que hace de almacén. Una vez cortadas en bloques, las piedras se envían a otras partes del país donde se cortan ya con la forma definitiva que deberán tener y se montan en la especie de Tetris que ahora permite —a través de un sistema de tensores de acero— que la velocidad con que se levantan las partes del templo sea mucho más alta.

Más adelante habrá que conseguir las reservas también para el inmenso conjunto escultórico que adornará la fachada de la Gloria. En las próximas semanas el patronato debe deliberar entre los tres artistas a los que pidió propuestas —Miquel Barceló, Javier Marín y Cristina Iglesias. "Cuando sepamos quién gana y qué necesita, tendremos que buscar la piedra", expone Masdéu. Sobre la piedra que deberá servir para la futura escalinata, tampoco hay noticias todavía.

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