Barcelona

Vivir en el bloque de pisos públicos más emblemático de Barcelona: "Nos ha tocado la lotería"

Los primeros vecinos de Illa Glòries explican cómo han sido sus primeros meses en el bloque

27/06/2026

BarcelonaRubén y Tamara eran dos de los miles de barceloneses que el 15 de mayo del año pasado estaban pendientes del sorteo de la promoción pública de vivienda más grande hasta ahora en la ciudad: la de L'Illa Glòries. Él, desde el piso donde vivían en el Carmel y ella, desde su trabajo en una escuela. Ambos seguían con expectación aquel ir y venir de números. "De repente lo vimos claro. Nos había tocado", rememora todavía con una sonrisa Rubén. "Pensábamos que sería imposible, que nuestro número no saldría. Pero nos tocó la lotería", añade.

El escepticismo de Rubén y Tamara era con motivo. Hasta 11.243 unidades de convivencia aspiraban a uno de los 238 pisos protegidos de los cuatro edificios que forman L'Illa Glòries. La inmensa mayoría se quedaron fuera. El sorteo fue a la vez una muestra del trabajo hecho por el Ayuntamiento para dar respuesta a la crisis de la vivienda, pero también de lo mucho que queda por hacer. También Eva y José forman parte del grupo reducido de afortunados. En su caso, la noticia se la dio una trabajadora del Institut Municipal de l'Habitatge i Rehabilitació de Barcelona (IMHAB) por teléfono. "No me lo creía, pensaba que me estaban gastando una broma", recuerda Eva. "Cuando me dijeron que era de verdad, me puse a llorar", dice.

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Después llegó la hora de visitar los bloques y elegir piso. Dentro de los que había disponibles de alquiler social o asequible –en el conjunto de la Illa Glòries hay 88 pisos de este tipo, 113 en régimen de derecho a superficie, 32 destinados a personas realojadas de una expropiación urbanística y cinco a disposición de la mesa de emergencia– tanto Eva y José como Rubén y Tamara se decantaron por viviendas del edificio A. Se trata del bloque diseñado por el estudio barcelonés Cierto Estudio, con su característico tono verdoso y las pasarelas que conectan todos los pisos.

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Entre las particularidades de este bloque –con una estructura mixta de madera que reduce la huella ecológica del edificio–, también destaca su organización espacial, que en la búsqueda de la máxima flexibilidad huye de cualquier jerarquía. Esto acaba llevando a una distribución con habitaciones muy similares entre ellas en forma de celda, donde no hay un espacio que mande de entrada sobre el resto. Todo ello, tiene como rótula la galería acristalada que permite conectar las habitaciones al mismo tiempo que facilita la entrada de luz al piso, mejora la ventilación y regula la temperatura en invierno.

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"Lo que más me llamó la atención fue la luz y que era todo exterior", explica Rubén mientras cruza la galería que conecta su habitación con la de su bebé. Admite que el tema de la distribución y la forma particular de las habitaciones –con un hexágono imperfecto– "al principio fueron un quebradero de cabeza", pero asegura que con el tiempo le ha encontrado muchas ventajas. "Al final vimos que con los muebles que teníamos nos podíamos arreglar mejor de lo que pensábamos", apunta, y destaca el tamaño de las habitaciones. "Que las habitaciones estén comunicadas lo considero una ventaja, y estoy contento de que mi criatura tenga una habitación grande", argumenta.

También Eva y José destacan la luz como una de las cosas que más les gustan del piso. "Nos quedamos asombrados de lo bonito que era, la claridad que había", recuerdan. "Se nos cae la baba, de verdad, porque no esperábamos un piso así", dice ella. Ambos admiten que en un primer momento les "chocó" la distribución del edificio, pero que al final han podido aprovechar todos los muebles que traían del piso anterior. Ellos han optado por situar la habitación principal en la entrada y dejar las dos habitaciones del interior de la isla para el salón y una habitación que ahora ocupa uno de sus gatos, pero donde, "cuando sea posible", quieren poner una cama para que se queden los nietos.

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Tanto Rubén como Eva y José valoran también las pasarelas que conectan las diversas viviendas del bloque. Eva, incluso se ha puesto unas sillas y una mesita y sale a leer a menudo aprovechando las vistas al TNC. "Es un rincón que es acogedor para leer, para hablar entre nosotros y también con los vecinos", apunta. En el caso de Rubén –que vive un piso por debajo de Eva y José–, explica que sale a fumar de vez en cuando para no hacerlo dentro del piso con la criatura, y celebra que este sistema facilite la socialización con los demás. "Donde vivíamos antes no tenía tanta relación con los vecinos", expone.

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¿La primera criatura nacida en Illa Glòries?

Todavía faltan por llegar algunos de los vecinos que acabarán viviendo en la Illa Glòries –la entrega de llaves se va haciendo por fases–, pero tanto Eva y José como Rubén y Támara están allí desde diciembre del año pasado. En este último caso su primera noche en el nuevo piso fue la noche de Navidad. "Colgamos unas pizzas y no pudimos hacer mucho más", ríe Rubén. Poco después nacería Mateo, su primer hijo y uno de los primeros niños –si no el primero– nacido en la Illa Glòries. El nuevo piso, explica Rubén, fue una bendición porque el anterior en el Carmel –el barrio de toda la vida tanto de él como de su mujer– era demasiado pequeño. "En este barrio creo que le puedo dar una vida mejor a mi hijo", dice.

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Eva y José, en cambio, venían de Sant Andreu. Llegaron a la Illa Glòries unos días antes, a principios de diciembre. Para ellos, el piso en la Illa Glòries ha sido una bombona de oxígeno. De entrada, porque el anterior piso no estaba adaptado a los problemas de movilidad de José. "Ahora tenemos un lavabo adaptado, y la silla pasa por toda la casa sin problemas", detallan. Y, aparte de eso, porque el alquiler en Sant Andreu no paraba de subir y los ahogaba: "Ahora, en cambio, podemos pagar el piso y podemos alimentarnos".