La batalla de un tetrapléjico para firmar con la pulpa del dedo
Andrés Hinarejos reclama dignidad por firmar documentación oficial sin la tutela de testigos
BarcelonaEl DNI de Andrés Hinajeros es atípico por partida doble. Por un lado, es permanente –sin fecha de expiración– desde veinte años antes de cumplir los 70 y, por otro, no tiene su firma. Es una concesión extraña de la administración hacia Hinarejos, sin fuerza ni movilidad en brazos y manos desde aquel mayo de 1974 que, cuando era un joven en la veintena, quedó parapléjico. Fueron cuatro años de hospitalización durísimos en los que confiesa que sólo tenía el deseo de morir, pero se ha rehecho y hoy dice sentirse satisfecho con la vida hasta el punto de que celebra el cumpleaños biológico y el del 17 de mayo –que, como dice él: "El día que volví a nacer"–. "Soy feliz, vivo con la tetraplejía, pero la tengo asumida".
En esta segunda etapa se ha casado, ha tenido un hijo y ha sido propietario de una ortopedia hasta que se ha jubilado. La jubilación ha hecho que se centre en conseguir el reconocimiento oficial de la impronta digital. Se queja de que a las entidades bancarias y las notarías no le permiten utilizar la pulpa del dedo para firmar y que la única opción que le dan es llevar a dos testigos o designar a un tutor, unos requisitos que le hacen sentir como "un esclavo que necesita dueños", aunque cada huella sea única. Le ha pasado ahora a la hora de realizar el testamento. "Muchas veces me dicen que venga mi mujer a firmar, pero yo tengo plenas capacidades y no me dejan ser libre", denuncia. El gesto que pide es sencillo y lo hace, ayudado por su mujer o por el asistente personal que le acompaña para las tareas cotidianas: presionar la pulpa del dedo gordo en una cajita con una almohadilla mojada con tinta azul hasta que queda marcada para después estampar la huella en una hoja.
Se ha quejado a varios organismos, pero siempre recibe la negativa como respuesta. "Me dicen que lo hacen para protegerme, pero la base de todo es que, si tienes discapacidad, dejas de ser persona. No me ven a mí, ven mi silla". Fuentes del Colegio Notarial justifican que se responde al artículo 195 del reglamento notarial de ámbito español, que fija que en caso de no poder realizar una firma escrita, puede delegarse la firma a otra persona o designar un testigo que verificará que el firmante es quien dice que es. Hinarejos no le encuentra sentido a ese argumento y señala que la imposición de los testigos le supone una pérdida de intimidad, de autonomía.
Relata que le han llegado a decir que se ponga "un boli en la boca" para firmar e, incluso, que en una sucursal bancaria no le aceptaron la retirada de efectivo por la ventanilla por la imposibilidad de firmar, pero sí al día siguiente le dieron el dinero a un amigo que llevaba su DNI. Por cosas como estas dice que le tratan como un "bobo" e, incluso, se encuentra que pasa desapercibido, es invisible, cuando va acompañado de una persona sin discapacidad. "Dejas de ser persona y te envían al trastero", se queja.
Tampoco puede tener tarjeta de crédito porque no puede marcar los números del PIN en un comercio. Son barreras mentales contra las personas con discapacidad, explica pero también se encuentra con otras barreras físicas, como las que le impiden acceder a oficinas, tiendas o en algunas estaciones del transporte público. Ha oído cómo le decían que le atendían en la calle si no podía llegar al mostrador, una solución que Hinarejos considera indigna porque la obligación de la administración es eliminar los obstáculos.
Ajedrez adaptado
Hinarejos también tiene otra lucha abierta. Es jugador federado de ajedrez y está decidido a conseguir que las sedes de los torneos oficiales estén plenamente adaptadas, es decir, que los espacios sean aptos para las personas que utilizan silla de ruedas o tienen la movilidad reducida. En este caso, junto a otros dos amigos acaban de formalizar el registro en Discapacidad y Ajedrez, con sede en Martorell. A menudo se encuentran con edificios sin aseos adaptados, con mesas demasiado pequeñas para albergar las sillas de ruedas o incluso puertas demasiado pequeñas o una barrera arquitectónica en la entrada. Entre las reivindicaciones de la entidad destaca que haya asistentes para mover las prendas del tablero siguiendo las instrucciones de los jugadores que, como él, no pueden hacerlo. Él va con un asistente personal, una prestación que se ofrece muy poco por la ley de dependencia, pero algunos deben pagar hasta 25 euros por partida para contratar un monitor de piezas.
La mente de Hinarejos no para. Al jaque se le suma la escritura a través del ordenador. Tiene un blog donde escribe de todo y ha publicado Un segundo después (Maikalili Ediciones), donde explica el accidente y la recuperación. Afirma que sólo le queda la queja y la denuncia, aunque sabe que "si protestas, eres el inválido amargado", como le han llegado a decir. "No calles, sin lucha te quedas en la cama y eso no", se despide.