Un mes durmiendo debajo del puente de la C-31: "Nuestro mundo está vacío"
El CAP Sant Roc impulsa un circuito específico para atender el malestar emocional y los problemas psicológicos de los expulsados del B9
Badalona"He hablado con muchos periodistas para cambiar esta situación. Ellos ya no están, pero yo sigo aquí. Así que no, ni quiero hablar ni quiero que me haga fotografías", dice cansado un hombre que vive bajo el puente de la C-31 en una tienda de campaña. Como él, muchos están hartos de denunciar las condiciones en las que se encuentran desde que los desalojaron del instituto abandonado B9 de Badalona hace un mes. En los últimos 30 días, además, han sido especialmente fríos y lluviosos, lo que ha favorecido el desgaste de las decenas de personas que siguen viviendo en el asentamiento, cada vez más desesperadas por la situación. "Nadie está bien en estas condiciones, es muy difícil. Estamos mal física, emocional y psicológicamente", explica resignado Mamadou, que sí se aviene a hablar con el ARA.
Lo hace con un catalán perfecto. De hecho, dice que hace años que lo estudia, que empezó a hacerlo antes de marcharse de Senegal porque ya tenía pensado perseguir una vida mejor en Catalunya. Pero la realidad está a años luz de las expectativas que tenía cuando abandonó su país. "Intento no perder la moral, pero es complicado. No tenemos papeles, ni trabajo ni techo. Nuestro mundo está vacío", lamenta Mamadou, que estuvo dos años viviendo en el B9 antes de que el ayuntamiento del popular Xavier García Albiol lo echara. Aunque le han ofrecido un techo temporal, reconoce que ha preferido no aceptarlo porque no quería abandonar Badalona, ya que tiene trabajo y amigos y no quería dejarlo todo atrás si unas semanas después volvía a estar en la calle.
Demba también es de Senegal y tampoco ha querido abandonar la ciudad por un alojamiento temporal porque tiene un trabajo que no quiere perder: "Yo quiero vivir en un piso, poder ir a trabajar y dormir en una cama". Antes de llegar al B9, tenía una habitación alquilada en la Gran Vía de Barcelona, pero le echaron porque la persona que le cobraba no pagaba el alquiler a la propietaria, asegura. Cuando le preguntan por este último mes viviendo a la intemperie, primero explica que lo aguanta haciendo manos y mangas, pero después saca hierro de la situación y bromea. "Yo soy muy fuerte porque he comido muy picante", dice forzando una sonrisa. En cambio, asegura que hay otras personas viviendo bajo el puente de la C-31 que están muy mal, que se drogan para evadirse y que cada vez se marcha menos gente.
Fuentes del Ayuntamiento de Badalona explican en el ARA que los servicios sociales han hecho un listado de afectados y concluyen que, actualmente, en el asentamiento hay 59 personas, si bien sólo ocho son desalojados del B9. "La elaboración del listado ha sido compleja, ya que la presencia de personas varía según las horas del día y los días de la semana", afirman, y añaden que ahora hay personas que proceden de otros municipios, como Molins de Rei, Vic y Manresa, que no tienen vinculación alguna con el instituto abandonado. "Esta situación responde a un efecto llamada derivado de algunas declaraciones públicas hechas a los medios de comunicación", aseguran. Para el consistorio badalonés, el asentamiento de la C-31 debe considerarse un caso "ordinario y diferenciado del B9". "Los servicios sociales municipales realizarán el seguimiento de las personas afectadas e intentarán encontrar la mejor solución posible para cada caso", concluyen.
Problemas de salud mental y adicciones
Los voluntarios que han estado ayudando a los expulsados del B9 todos los días del último mes –fiestas de Navidad incluidas– hacen el mismo diagnóstico que el Demba. "Las que todavía siguen aquí sobre todo son personas con patologías de salud mental y adicciones. La convivencia es cada vez peor, hay más peleas, son más conflictivos", explican fuentes de una entidad que lucha contra la exclusión social en la ciudad, que insisten en que las condiciones con las que viven agravan su malestar. Además, algunas de las personas que ahora hay en el asentamiento no vivían en el B9 cuando lo desalojaron, sino que ya dormían en la calle y acudieron por la ayuda que ha llegado el último mes en forma de comida, ropa y tiendas para resguardarse del frío.
El pasado fin de semana, por ejemplo, hubo una pelea por la comida y los voluntarios han decidido que ya no cocinarán más para tratar de rebajar la tensión. Mouhamed Seck, que vive en una tienda con su perrita Naomi, se queja porque no puede dormir por las noches, hay mucho revuelo, la gente bebe y grita. "Estoy muy mal, tengo muchos problemas y mucho frío", afirma. Asegura que está bien de ánimos, pero lo dice sin ánimo, con la mirada perdida. Apenas habla castellano y su amigo Youssoupha, que ha logrado dejar el puente, lo traduce. Cada día va a ver a los amigos que no han tenido tanta suerte como él y todavía duermen al raso. Precisamente es uno de los argumentos que esgrime Mouhamed para no irse de Badalona: no quiere separarse de los suyos y dice que, si los desalojan, irán a otro sitio, aunque no sabe a dónde.
"La gente con enfermedades mentales necesita el acompañamiento de los suyos", sostiene una voluntaria para justificar que haya personas que no quieran marcharse del asentamiento. Las entidades especializadas en salud mental llevan tiempo reclamando una atención para todas las personas que expulsaron del B9, pero sobre todo para aquellas que aún no tienen alternativa y siguen durmiendo al raso. Esta semana se ha creado un circuito específico para atender el malestar emocional y los problemas psicológicos de estas personas entre diferentes actores sociales y sanitarios que coordinarán a los profesionales del centro de atención primaria de Sant Roc, que ya les atendían cuando vivían en el B9. Desde que los expulsaron, prácticamente todos los días han ido profesionales del centro bajo el puente de la C-31 para ofrecer atención sanitaria.
Ansiedad y depresión
"Hemos detectado muchos cuadros de ansiedad, depresiones y aumentos de la ira. Ahora hay peleas y eso antes no ocurría", asegura German Portela, director del equipo de atención primaria Sant Roc. Son personas que a menudo se quedan fuera del sistema de atención a la salud mental, asegura, por lo que han desplegado este circuito específico con el que buscan diagnosticar y atender a más personas. Hasta ahora han detectado nueve con problemas de salud mental y adicciones, pero es sólo "la punta del iceberg" y hacen falta "muchos más recursos" para poder responder a sus necesidades, explica Portela.
Expertos en salud mental aseguran que "las personas que han sufrido desahucios forzados, violencia institucional y ataques racistas" como las del B9, pueden presentar síntomas de ansiedad intensa, fatiga crónica, tristeza profunda y reacciones asociadas al estrés postraumático, entre otros. Portela confirma que han encontrado a personas con cuadros que encajarían con estos diagnósticos. También se han detectado infecciones, enfermedades respiratorias, cefaleas e incluso un chico al que tuvieron que amputarle un dedo porque se hizo daño recogiendo chatarra y, durmiendo en estas condiciones, se le infectó y no pudieron hacer nada por curarlo.
Así, Portela insiste en que hay que intensificar los esfuerzos en atender a estas personas que en el último mes han empeorado su salud, tanto física como mental. Mientras, Demba, Mamadou, Mouhamed y tantos otros que ya están hartos de atender a los medios seguirán bajo el puente de la C-31, a la espera de que alguien les ofrezca una alternativa o que los desalojen de nuevo. Como ya ocurría cuando vivían en el B9, tienen claro que la segunda opción no solucionará el problema: "Si nos echan de aquí, iremos a otro sitio".