"Cuando empecé de carpintero pensé que había perdido el tiempo estudiando"

Joel Vilarrasa es carpintero y dejó el trabajo de ingeniero para continuar el negocio familiar

04/08/2026 - 21:10 h.

Cuando Joel Vilarrasa (Sant Joan les Fonts, 1997) acabó el bachillerato, hizo lo mismo que tantos otros jóvenes de su generación: estudiar una carrera universitaria. Durante años había oído que aquel era el camino natural para cualquier alumno que obtuviera buenos resultados académicos, mientras que los ciclos formativos quedaban a menudo relegados a una opción de segunda. Estudió ingeniería industrial en la Universitat de Girona y, una vez graduado, se incorporó a una oficina de ingeniería de Olot. Pero la rutina de un trabajo de oficina no le acababa de convencer. "Era un ambiente laboral muy bueno, pero echaba de menos un trabajo más físico, más manual y más variado", explica. La decisión de dejarlo e incorporarse a la carpintería familiar fue suya. "Mi padre siempre me había dicho que estudiara. Después ya decidiría qué quería hacer."

Vilarrasa había crecido rodeado del negocio que sus padres pusieron en marcha hace más de veinte años y había trabajado allí durante los veranos. Aun así, no fue hasta los 24 años que decidió aprender el oficio de verdad. Hoy asegura que no se arrepiente. "Si no lo hubiera probado, me habría arrepentido siempre." Continuar el negocio familiar comporta responsabilidad, pero también la satisfacción de conservar un conocimiento que considera valioso. "Es un orgullo poder heredar un oficio y unos conocimientos que me sabría mal que se perdieran."

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Una nueva mirada a los oficios

Para Vilarrasa, el problema no es haber potenciado los estudios universitarios, sino haber menospreciado los trabajos manuales durante demasiado tiempo. "Más que sobrevalorar las carreras, hemos infravalorado los oficios", resume. Recuerda que tanto profesores como familias e incluso muchos profesionales transmitían el mismo mensaje: "Si puedes estudiar, no hagas de carpintero o de albañil". También asegura que este prejuicio está empezando a cambiar, pero pide no caer ahora en el error contrario. "No porque falten carpinteros nos haremos ricos", advierte. De hecho, también recuerda una frase que su padre le repitió antes de incorporarse al taller: "Serás rico en conocimientos, pero no en dinero."

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La carpintería de hoy, sin embargo, no es la misma que conoció su padre. Ahora conviven con la maquinaria de control numérico, el diseño digital y las redes sociales, donde Vilarrasa comparte el día a día del taller a través del perfil @soc_fuster, tanto en Instagram como en TikTok. Aun así, defiende que la esencia continúa intacta: transformar un tablón de madera en un mueble o en una puerta sigue siendo un trabajo artesanal. "No eres solo un instalador; creas", resume.

A pesar de reivindicar los oficios, no anima a cualquier joven a seguir su camino. Considera que hace falta pasión, porque aprender una profesión como la carpintería requiere años de experiencia, equivocaciones y muchas horas de dedicación. También reclama que los centros de formación incorporen más profesionales en activo. "Quien enseña un oficio debería haberlo vivido. Los libros son importantes, pero la carpintería se aprende en el taller." Una reflexión que, al fin y al cabo, va más allá de la madera e interpela a toda una generación que creció convencida de que el éxito solo pasaba por la universidad.

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