Educación

Gentrificación escolar: si Barcelona cambia, ¿las aulas cambian?

Un estudio del Institut Metròpoli explora por primera vez cómo afecta la llegada de nuevas clases medias a escuelas históricamente populares

Alumnos de infantil y la ESO de la escuela El Patufet de Gràcia, en Barcelona.
Carla Pérez Brichs
26/05/2026
3 min

BarcelonaAlquileres con precios disparados, comercios tradicionales sustituidos por otros de estilo hipster y, ahora, escuelas transformadas. La gentrificación es una realidad que afecta la ciudad de Barcelona y que altera su espacio urbano, y los centros educativos no quedan fuera de este cambio urbanístico. Esto señala un nuevo estudio impulsado por investigadores de la Universitat de Barcelona (UB), la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y el Institut Metròpoli, que alerta de que los procesos de gentrificación también están redefiniendo las comunidades educativas de la ciudad.

El artículo, elaborado en el marco del proyecto GENTRED, analiza por primera vez y de manera sistemática el fenómeno de la “gentrificación escolar” en Barcelona: un concepto recién acuñado que define el proceso en que familias con elevado capital cultural y económico –a menudo migradas de países de rentas altas, pero también catalanas o del Estado– entran en escuelas que hasta entonces solo habían escolarizado a alumnado de clases populares.

El estudio plantea una idea central, que es que las desigualdades urbanas y las educativas se retroalimentan, y alerta de una necesidad: hacen falta políticas públicas que conecten urbanismo y equidad educativa. A partir del análisis de los barrios y centros educativos de Barcelona, la investigación identifica que la gentrificación escolar –poco explorada fuera del ámbito anglosajón– puede estar impactando en la capital catalana. "Barcelona supone un caso especialmente singular", apunta Marcel Pagès, investigador de la Universitat de Barcelona y coautor del estudio. Desde hace unos años, la ciudad está expuesta a procesos intensos de turistificación, migraciones transnacionales –un 31,3% de la población que vive en la ciudad ha nacido en el extranjero— y transformaciones del mercado de la vivienda.

En este sentido, el estudio señala que, de la misma manera que cuando llegan nuevas poblaciones con altos niveles de renta en barrios tradicionalmente empobrecidos el entorno urbano puede mejorar estéticamente y puede haber procesos de desplazamiento, en la dimensión escolar acaba por suceder algo similar. Pagès explica que se observan unos efectos potenciales que pueden ser contradictorios: mientras este cambio acerca perfiles de alumnado no vulnerable y mejora la diversidad de las escuelas –algunas escuelas históricamente estigmatizadas mejoran su reputación y dejan de ser percibidas como guetos–, al mismo tiempo puede provocar un desplazamiento o pérdida de centralidad de las familias más vulnerables dentro del centro. El estudio subraya que este fenómeno no implica necesariamente la expulsión física de otras familias, pero sí que incluye transformaciones profundas en la cultura del centro, las dinámicas de participación y la reputación social de la escuela.

"Donde haya alumnos como ellos"

Los investigadores niegan que todas las escuelas de un barrio gentrificado cambien de la misma manera y, para entender cómo se desarrolla la gentrificación escolar en Barcelona, GENTRED identifica diversos mecanismos que la incentivan. Uno de estos es la dinámica de competición de las escuelas. "Los centros ven que, de golpe, pueden revertir su dinámica y atraer un perfil poblacional diferente", destaca Pagès. El experto dice que, aunque no haya voluntad de exclusión, la reacción del centro es querer atraer el nuevo perfil de familias a través de prácticas pedagógicas que se ajusten a sus preferencias.

Paralelamente, las familias en cuestión tienden a buscar la escuela del barrio que les convenza más. "Es la idea de llevar al hijo a la escuela del barrio, pero no a una cualquiera, sino donde también haya alumnos como él", concreta Pagès, que explica que esto es lo que hace que en una zona gentrificada no todas las escuelas estén gentrificadas. A menudo son decisiones cotidianas y aparentemente individuales –elegir una escuela recomendada por otras familias, valorar un determinado proyecto pedagógico o evitar centros percibidos como “complejos”– las que, cuando se combinan o se acumulan en el tiempo, acaban reforzando nuevas formas de segregación. Además, algunas familias pueden dejar de sentirse representadas dentro de la comunidad educativa.

Con el objetivo de no reforzar desigualdades educativas y territoriales, el estudio insiste en no abordar la gentrificación escolar de manera aislada, sino desarrollar políticas públicas para asegurar la equidad. "Unas de las que hay que abordar son las relacionadas con la planificación escolar, es decir, ver cómo se regula la oferta y la sobreoferta a partir de los cambios geográficos y urbanos", señala Pagès. Entre las recomendaciones educativas propuestas también destaca la necesidad de revisar los sistemas de zonificación y reforzar los criterios de proximidad para favorecer una distribución más equilibrada del alumnado. Además, se propone impulsar políticas que promuevan la cohesión dentro de los centros educativos y fomentar la participación de toda la comunidad educativa desde una perspectiva inclusiva y equitativa. Finalmente, se plantea desarrollar estrategias pedagógicas que ayuden a mejorar la convivencia, la cohesión y la integración entre el alumnado, yendo más allá de la simple coexistencia dentro de la escuela.

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