El incendio de Lloret, el más letal del Estado: "Bajaron hacia el barranco y no pudieron salir"
47 años después, el fuego que dejó 21 víctimas mortales es un ejemplo de la importancia de los protocolos de autoprotección en entornos urbanos
Lloret de MarEl incendio forestal de Lloret de Mar de 1979 es el más mortífero de la historia del Estado. Murieron 21 personas. Vecinos de la urbanización Los Pinares, asustados por las llamas, huyeron de casa y, como las víctimas de el incendio mortal de Almería de este mes de julio, se pusieron en la garganta del lobo sin poder escapar del fuego.
Fue un 7 de agosto. A primera hora de la mañana, varios vecinos alertaron a las autoridades tras avistar humaredas en los bosques situados al oeste de la antigua carretera de Vidreres. Las llamas avanzaban hacia Los Pinares y Lloret Blau, dos urbanizaciones rodeadas de pinares. La brigada de bomberos voluntarios de Lloret (entonces no había profesionales), se desplazó con camiones cisterna y unos medios muy rudimentarios. Al mediodía el fuego ya presentaba un frente de casi un kilómetro y se pidieron refuerzos a Girona, Barcelona y municipios vecinos. Hacia la una, las llamas cruzaron la carretera de Vidreres y empezaron a amenazar las primeras casas.
Por la tarde llegó el aviso de que se habían localizado cuerpos carbonizados cerca de una curva de la carretera. La policía y el alcalde, Jordi Domènech, encontraron, en una hondonada, los 21 cadáveres calcinados, amontonados unos sobre otros. La tragedia conmocionó el pueblo y movilizó a periodistas, efectivos de la Cruz Roja, el presidente Josep Tarradellas, consejeros, ministros y al ejército. Las horas siguientes estuvieron marcadas por la identificación de las víctimas a través de prótesis, joyas y otros objetos personales, mientras los equipos de emergencia continuaban trabajando hasta la madrugada. Entre las víctimas había familias enteras, niños pequeños e incluso criaturas de pocos meses.
Cara a cara con las llamas mientras por el canal de radio pedían ataúdes
Dos de los bomberos voluntarios que vivieron la tragedia de muy cerca son Jordi Martínez y Felip Carbonell. Martínez era el jefe de los bomberos voluntarios de Lloret y, posteriormente, fue alcalde, diputado en el Parlament y, en 1984 nombrado por Jordi Pujol, director general de Prevención y Extinción de Incendios de la Generalitat. Carbonell, en cambio, tenía solo dieciséis años y trabajaba en la brigada municipal. Con los años se convirtió en jefe de Protección Civil de Lloret, cargo del cual se ha jubilado recientemente.
"Cuando había un incendio confiscábamos un camión cisterna de 10.000 litros que hacía el transporte de agua entre Lloret y Tossa. Con estos medios nos situamos en la entrada de Los Pinares, pero el fuego nos pasó por encima sin que casi nos diéramos cuenta y entró en la urbanización", recuerda Martínez. "Nos adentramos aproximadamente un kilómetro para comprobar si había alguien, pero no vimos a nadie", describe. Mientras trabajaban en el flanco de Lloret Blau, por el canal de radio oímos que la policía pedía ataúdes. "Entonces entendí que había pasado algo muy gordo", sentencia. Carbonell también recuerda aquellos momentos con mucha intensidad: "No había una organización como ahora. Hacías el trabajo de la brigada y, de repente, la policía nos avisó de que había un incendio. No había teléfonos. Recogimos las herramientas, fuimos hacia allí y empezamos a tirar agua donde todavía no había llamas. Antes los incendios se podían atacar de cara, los veías venir; ahora es imposible", rememora.
Las víctimas no conocían el terreno
La urbanización Los Pinares era entonces muy nueva, construida en pleno boom inmobiliario de los años sesenta y setenta, con calles sin asfaltar y tuberías sin soterrar. La mayoría de las viviendas eran segundas residencias de familias del área metropolitana de Barcelona, poco conocedoras de la zona. Para Martínez, este desconocimiento, tal como también ha pasado en el caso de Almería, es clave para entender el desenlace y pone de manifiesto la importancia del protocolo actual de no autoevacuarse sin una orden de los Bomberos. "No conocían el terreno. Pasaron muy cerca de un depósito de agua que les habría podido servir de refugio. Y en la Creu de Lloret, si hubieran continuado hacia arriba, probablemente se habrían salvado. En cambio, bajaron hacia el barranco de donde no pudieron salir", explica.
Desde el primer momento se sospechó que el incendio había sido provocado por cuatro focos simultáneos, pero la investigación nunca identificó a los autores. Los promotores de Los Pinares también fueron juzgados por las presuntas deficiencias urbanísticas que habrían dificultado la evacuación, pero acabaron absueltos.
Cuarenta y siete años después, Los Pinares ha recuperado la normalidad. Predominan los chalets unifamiliares con piscina y jardín, en una urbanización residencial con muchas segundas residencias y viviendas de alquiler para extranjeros. La mayoría de las familias que vivían allí en 1979 ya no residen y muchos de los actuales vecinos desconocen los detalles de la tragedia. Cada 7 de agosto, sin embargo, familiares de las víctimas y representantes institucionales realizan una ofrenda floral ante la placa conmemorativa de la entrada.
La urbanización se ha modernizado, pero el riesgo de incendio continúa bien latente. Carbonell, que durante años ha sido especialista en evaluación de riesgos, lo corrobora y advierte que hay que seguir siempre las indicaciones de los servicios de emergencia. En cuarenta años, el bosque se ha rehecho completamente, sobre todo con pino, una de las especies más inflamables por su resina y, además, han disminuido las franjas perimetrales y los cortafuegos de los campos de cultivo. "Si sumas los episodios de sexta generación y los pirocúmulos, realmente asusta", concluye el antiguo jefe de Protección Civil.