Nosotros tampoco nos queremos quedar en Ceuta

Tres jóvenes marroquíes que llegaron nadando explican cómo sobreviven atrapados en la ciudad y sus planes para continuar el viaje hacia Europa

01/09/2026 - 07:00 h.

CeutaL'Ilias, l'Alfa i el Job només fa un mes que es coneixen, però sembla que siguin amics de tota la vida. Tots tres són marroquins, van travessar la frontera nedant durant l'entrada massiva de persones del darrer cap de setmana de juliol i s'han conegut a Ceuta. El primer és menor d'edat i és l'únic que ha volgut donar el seu nom real. Els altres dos, de 22 i 23 anys, prefereixen mantenir l'anonimat per si hi ha represàlies. Xerren animadament al passeig que hi ha davant de la platja Benítez de Ceuta, on fa pocs dies un grup de manifestants va assaltar un dels campaments que hi ha a la ciutat i hi va calar foc. Aquesta nit pràcticament no hi ha ningú a la sorra i la mar està en calma, tot convida a un bany sota la llum de la lluna. Malgrat que ja fa un mes que sobreviuen com poden a la ciutat i n'han vist de tots colors, encara se sorprenen quan una veïna que passeja el gos els fulmina amb la mirada.

"Es podria arribar a la Península nedant?", pregunta el Job, tot i que pel to de decepció amb què ho demana sembla que ja sap la resposta. Parla molt bé l'anglès, explica que va tenir un gran professor al Marroc i que ara s'esforça per utilitzar paraules complexes. Aquesta nit fa de traductor dels altres dos, sobretot de l'Ilias, que només parla dàrija, el dialecte de l'àrab que es parla al Marroc. El més petit ve de Tànger, on feinejava del que podia, sobretot fent tasques manuals, però sovint no li pagaven. La seva mare va morir al part i el seu pare el va abandonar amb quatre anys, vivia al carrer i a vegades havia de fer jornades de 12 hores per guanyar-se un sou. Per això quan va veure que podia travessar la frontera no s'ho va pensar i se'n va anar a provar sort a Espanya.

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De momento, sin embargo, explica que su estancia en Europa ha consistido en dormir en el bosque, huir y esconderse, y deambular por la ciudad mientras espera una solución del gobierno español. "¿Vamos a bañarnos?", propone el Alfa, que ha escogido este seudónimo porque actúa como si fuera el líder de su grupo de amigos. Se vigilan entre ellos, se preocupan especialmente por el Ilias, a quien quieren llevar a un centro de menores para que no tenga que dormir a la intemperie o gastarse lo poco que tiene en un hostal. Él también quiere, pero tiene miedo. Finalmente, solo el Alfa y la Kora, una voluntaria de una ONG que han conocido en Ceuta, se animan a entrar al agua a medianoche. El Job se lo mira de lejos, deseoso, pero solo tiene unos pantalones y no los quiere mojar. Reconoce que este mes ha sido duro, más que cuando tenía que buscarse la vida en su país de origen. "Incluso alguien que lo está pasando mal en Marruecos no sufre tanto como hemos sufrido nosotros este último mes", asegura.

El agua está fría y los dos valientes no tardan en salir. El grupo vuelve al paseo, delante de un bar que está adornado con varias banderas de España. "Aquí se come bien, hacen buenas hamburguesas. El dueño dice que no quiere inmigrantes, pero él es marroquí y todos sus trabajadores hablan dariya, así que yo voy igualmente", dice el Job. España no es el destino final que tienen en mente. El Job explica que su sueño es cruzar a la Península y de allí ir a los Países Bajos, donde cree que encajaría bien por su tipo de carácter. El Alfa también dice que quiere subir hacia el norte de Europa, tiene mucho interés en aprender holandés. El Ilias, en cambio, quiere ir a Bélgica, donde vive un primo suyo.

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Un GTA Ceuta

Los jóvenes entienden el malestar de los vecinos de Ceuta después de este último mes de tensión creciente en la ciudad. Saben que entrar en un país ilegalmente "es malo", pero, aunque esperan que no se vuelvan a repetir momentos como los vividos el 30 y 31 de julio, defienden que hay inmigrantes con la ambición de tener una buena vida y contribuir a la economía del país que les abra las puertas. "Pagar impuestos, tener los papeles en regla y ayudar a nuestras familias: cualquiera que haga algo diferente es mala persona y se merece volver a su país", explica Job. Y añade que no todos los que emigran son los más pobres: cada vez son más los que, a pesar de tener formación y aspiraciones, no ven futuro en su país. Ninguno de ellos contempla la opción de volver atrás. "Nosotros tampoco nos queremos quedar aquí", asegura.

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Este lunes será la quinta semana que están en Ceuta. Mientras no se desbloquea la situación sobreviven como pueden. Ahora duermen en un hostal y Job se ha dado una semana de margen para ver qué hace, ya que es caro y no lo podrá pagar muchos días más. Intenta no desanimarse y cambia de tema para hablar de algo más alegre. "¿Habéis visto el tráiler del nuevo GTA?", pregunta ilusionado. Simplificándolo mucho, es un videojuego en el que el protagonista es un delincuente y, en función de los crímenes que comete, gana más o menos estrellas, hasta un máximo de cinco. "Deberían hacer un GTA Ceuta", propone uno de ellos, y todos ríen. "Sí, por ejemplo, huir de unos militares que te quieren pegar: dos estrellas", añade otro. "Dormir en el bosque: tres estrellas". "Repartir comida a los migrantes: cinco estrellas", concluye Alfa y se acaban las risas.