"Una frontera de broma": los expertos alertan de la vulnerabilidad de Ceuta ante la presión marroquí

España tiene pendiente reforzar el espigón de la frontera desde hace 10 años para impedir las entradas masivas

Un técnico instalando hoy nuevas cámaras de seguridad en El Tarajal.
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Ceuta /BarcelonaEn la frontera que hace un mes hizo aguas por todos lados con la entrada masiva de más de 80.000 personas ahora se respira normalidad, más allá de la presencia de algunos de los inmigrantes que la cruzaron ilegalmente, que esperan para ver si alguien les da comida o dinero. El tránsito en este punto entre Ceuta y Marruecos –el paso del Tarajal– es constante, miles de personas la cruzan cada día, ya sea para ir a trabajar, visitar familiares o hacer turismo.

Muchos lo hacen con su coche, pero también hay un flujo constante de personas que llegan con transporte público o taxi, que bajan del vehículo, hacen el tramo fronterizo a pie y, una vez han cruzado, toman otro autobús para seguir su camino. Todo esto bajo la presencia de un gran dispositivo policial y militar, que se ha reforzado desde el último fin de semana de julio, para evitar que se repitan imágenes como las de este verano, en las que la capacidad del Estado para defender su integridad territorial quedó en entredicho.

Frontera Ceuta sep 2026

Si deseas investigar el gráfico con más detalle, abre la versión en alta resolución en otra pestañaAdemás de los coches de la Policía Nacional y la Guardia Civil que van arriba y abajo, y también los vehículos del ejército español, los primeros responsables que encuentran las personas que salen de Ceuta es personal de seguridad privada. Hay cámaras de seguridad que vigilan tanto quién entra como quién sale. A pesar de que muchas mañanas Ceuta se despierte con niebla, la barrera flotante que se instaló en el espigón de El Tarajal se observa con claridad. Está allí desde el 1 de agosto con el objetivo de crear una frontera física, frenar las entradas y facilitar el retorno de personas desde la frontera. Una vez llegados a la playa, hay instaladas unas sombrillas de paja que ninguno de los presentes utiliza, ya que “nadie se quiere bañar”, según explica la trabajadora de un chiringuito en el que un grupo de policías desayuna bajo la atenta mirada del grupo de inmigrantes que continúa pidiendo comida.

2.000 policías y 3.000 soldados

El Tarajal es la frontera sur de Ceuta con Marruecos y la entrada por donde mayoritariamente han entrado los inmigrantes irregulares en la ciudad autónoma. Carlos Echeverría Jesús, profesor de relaciones internacionales de la UNED y director del Observatorio de Ceuta y Melilla del Instituto de Seguridad y Cultura, califica El Tarajal de “frontera de broma” y reprocha que no se tomó nota de las deficiencias de mayo de 2021, cuando por este punto entraron unas 6.000 personas.

La otra frontera es la de Benzú, más pequeña, y está protegida por una zona montañosa y una costa con fuertes corrientes, de difícil acceso, lo que ha hecho que tradicionalmente no haya tantos elementos defensivos. Pero en este último año ha habido un “goteo constante” de entradas irregulares que “debería haber alertado a las autoridades y no lo hizo”, reflexiona el experto.

Al norte y al sur, es necesario reforzar las barreras físicas y la presencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, señala el experto. Son fronteras donde hay un tramo terrestre, defendido con una valla, para continuar con espigones en el mar. Muchos de los inmigrantes han entrado en territorio español nadando porque “es un paseo sencillo y corto”, indica Echevarría, que lamenta que el proyecto de ampliación continúe en un cajón desde 2014. La emergencia actual ha hecho que se instale el sistema de contención neumático y flotante, con boyas flotantes y un faldón que se hunde en las profundidades. Además, señala que la geografía ceutí hace que todo esté muy apretado y la barrera que separa Marruecos de España se encuentre a escasos kilómetros del barrio de El Príncipe y de la playa, donde hay “infraestructuras críticas”.

Ambos expertos coinciden en el hecho de que España actúa más de manera reactiva ante cada crisis y, por ejemplo, en la crisis actual, ha evitado la implicación de la Unión Europea y solo desde hace poco ha permitido a Frontex participar en la identificación de los inmigrantes para saber cuáles pueden acogerse al asilo.

Manuel Marín, profesor de derecho y relaciones internacionales de la Universidad Nebrija de Madrid y experto en seguridad, indica que el hecho de que Bruselas o Madrid hayan externalizado sus fronteras a terceros países ha provocado que queden “a merced de Marruecos” y, en cierta manera, España se haya “relajado”. En este punto, Echevarría añade que España se plantea la presencia policial como una “canalización de flujos y no de control para frenar entradas irregulares”. Marín también apunta que, además, el Estado como democracia está ligado a la obligación de no hacer devoluciones en caliente y, en caso de excesos, “le pasa factura”, un coste que no tiene la autocracia de Mohamed VI.

La vulnerabilidad de El Tarajal también se explica, según Echevarría, por el déficit de policías nacionales y guardias civiles que vigilan el perímetro de la ciudad (2.000 fijos) y unos 3.000 soldados. El responsable del observatorio afirma que es una “presencia insuficiente del Estado”, con cifras de agentes dimensionadas para estar vigilando una “frontera respetada”, que, a su parecer, no es el caso. Los refuerzos que se han enviado, sin embargo, han sido "sin protocolos ni capacidad para controlar masas de personas", continúa el experto. A los medios físicos y personales, se añaden cámaras biométricas, sensores o drones, radares y seguimiento por satélite, elementos pensados para una entrada organizada de personas.

Echevarría conoce bien a Marruecos y su “capacidad para presionar” a España con diferentes estrategias e intentar “desestabilizar” la zona, ya sea –dice– mirando hacia otro lado con el tráfico de hachís o “usando personas como munición”. Se trata de la guerra híbrida, más barata que la militar y más complicada a la hora de responder. Como matiza Marín, este tipo de ataque “no suele suponer un nivel tan alto de agresión, pero tampoco es una conducta pacífica”. A mayor escala, la entrada masiva del 30 y 31 de julio repite el patrón del 17 de mayo de 2021. Entonces, como ahora, el gobierno español evitó acusar a Rabat: “Al final se premió a Marruecos con el reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara Occidental”, señala Marín, que indica que las concesiones dejan el mensaje de que “la estrategia es la correcta” y advierte que “la dinámica de la guerra híbrida continuará si los beneficios siguen siendo más altos que los costes”.

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