Sin hogarismo

"La regularización de inmigrantes no está pensada para quien vive en la calle"

Arrels asesora a las personas sin hogar para presentar la documentación, a pesar de la complicación del sistema

BarcelonaLa exclusión social de las personas que viven en la calle también se nota en el proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes que hasta el 30 de junio está abierto para medio millón de personas en todo el Estado. Se nota porque las personas que viven en la calle, en tiendas de campaña o en asentamientos tienen muchos problemas para cumplir los requisitos –por muy laxos que sean– a la hora de reunir la documentación necesaria o, incluso, para enterarse de que hay un proceso en marcha y de que se pueden acoger a él.

"El proceso de regularización está pensado para los temporeros de Lleida o para los que trabajan en economía sumergida, pero no para los que no tienen un techo", responde Anna Olesti, abogada del equipo jurídico de Arrels Fundació que, junto con la educadora social Carla Ramos, estos días hacen ruta por la ciudad de Barcelona para informar de los trámites a personas sin hogar que ya conocen y que no son usuarios habituales del centro abierto que tiene la entidad en el barrio del Raval.

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Las rutinas ayudan a encontrar a estas personas. A Mohamed –que, como el resto, prefiere no decir el apellido– lo encuentran en el banco donde cada día desayuna. Hoy se come un bocadillo, naranjas y olivas. Explica que hace poco le han robado el NIE –el documento de identidad para los no comunitarios–, que estaba caducado, y que otro día un desconocido le hirió la mano izquierda en un ataque sorpresa cuando pasaba por su lado. Los robos, las pérdidas y las agresiones son habituales, pero a menudo estos delitos acaban impunes.

beber y mear en la calle a quien no tiene ninguna otra casaRespetar la decisión

Olesti y Ramos respetan su decisión y solo le dicen que "tener papeles es un primer paso para acceder a derechos". Son conscientes de que para estas personas la regularización no es ninguna prioridad porque poca cosa cambiará si acaban con un permiso de residencia, como también saben que el gran escollo lo tendrían cuando tuvieran que renovar los papeles de aquí a un año, y entonces se les exigiría una oferta laboral de un año. Es complicado encontrar un trabajo para las personas que viven en la calle, e imposible si hace años que están allí.

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En la ruta de la regularización, les espera Malik, que sí que confía que pueda ser una oportunidad para él. También relata que el día anterior le han robado el teléfono móvil, pero por suerte toda la documentación que ya ha reunido para el proceso se la guarda una amiga para evitar sustos de última hora. Malik hace un año que llegó de Pakistán y previamente había estado de inmigrante irregular en Texas, donde dice que tiene familia. De él cuida un vecino del barrio que se presenta como otro "amigo", que le ha acompañado a hacer trámites o a las visitas con los servicios del Ayuntamiento de Barcelona para inmigrantes y sin hogar. "Lo tengo todo, todo, solo queda el empadronamiento", advierte el hombre.

Pero la abogada se da cuenta de que tiene el certificado policial de Pakistán, pero no el de antecedentes penales. Tampoco tiene el de antecedentes en España. Para el empadronamiento no es indispensable si se puede acreditar residencia con un carnet de biblioteca, una factura de móvil o incluso con una de las multas que la Guardia Urbana impone por beber y orinar en la calle a quien no tiene otra casa que la vía pública.

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Las dos profesionales lo tranquilizan porque le dicen "que hay tiempo" para solicitarlos antes de que acabe el plazo el último día de junio, pero también alertan del riesgo de cometer el error de pedir documentación desde Arrels y de los servicios municipales y de recibir una denegación de Extranjería. Así que Ramos y Olesti gestionarán con los compañeros del Ayuntamiento quién asumirá cada gestión para no hacer trabajo en vano.

"Señor que siempre ríe"

Si bien las dos profesionales afirman que las entidades sociales se plantean la regularización como "una excusa" para conocer más a fondo a las personas que atienden. Conseguir tejer un vínculo de confianza puede suponer meses o años de visitas, de hablar con ellas, ya que pesan la desconfianza, los trastornos mentales y el aislamiento social que se cobra la calle.

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Ramos explica que hace poco han podido identificar a un hombre a quien durante mucho tiempo tenían registrado como "señor que siempre ríe de la calle X". A raíz del proceso le han preguntado si quería regularizarse y, otra vez, obtuvieron una respuesta negativa. Con todo, le ven el lado positivo: "Ponerle nombre y país de origen nos sirve para hacer un seguimiento si un día pasa algo y nos llama un hospital porque está ingresado, y así lo tenemos controlado", defiende Olesti.