El calvario de una mujer bengalí y su hija, forzadas a vivir en la cámara frigorífica de un supermercado
La víctima se casó obligada con un hombre que se expone a 26 años de prisión, si bien el juicio ha quedado suspendido sin nueva fecha
BarcelonaLa relación comenzó con un matrimonio concertado en Bangladesh. La pareja convivió unos años, tal como habían pactado las dos familias, y tuvieron una hija que ahora tiene once años. En el año 2017 el hombre se trasladó a Barcelona, buscó cómo ganarse la vida y abrió un supermercado 24 horas en la Zona Franca. Cinco años después la mujer y la niña, que ya tenía siete años, viajaron también a la capital catalana para encontrarse con él. Allí comenzó el calvario que ambas han tenido que vivir, atemorizadas por las agresiones del hombre y teniendo que dormir dentro de la cámara frigorífica de la trastienda del supermercado mientras él se alojaba en un piso.
Ahora el hombre se expone a una condena de 26 años y medio de prisión. Las acusaciones se centran en el tiempo que va desde el 7 de mayo de 2022, cuando madre e hija aterrizaron en Barcelona, hasta el 19 de junio de 2022, cuando se presentó la denuncia. Algo más de un mes en el que se acumularon agresiones y amenazas que recogen los escritos de acusación: "Te mataré y tiraré el cuerpo al mar, si la policía pregunta diré que te has ido", y "Es mi hija y puedo hacer todo lo que quiera", cuando la mujer le suplicaba que dejara de ahogar a la niña.
El trato ofensivo comenzó desde el momento en que fue a buscarlas al aeropuerto, cuando le espetó a la mujer: "¿Por qué llevas tantas maletas, hija de cerdo?" El mismo día que madre e hija llegaron les dijo que tendrían que vivir en la trastienda, donde había puesto unas cajas dentro de la cámara frigorífica que hacían de cama. No había un lavabo completo, solo un váter, y como no tenían ducha se tenían que lavar con la misma agua del váter. Tal como lo describe el fiscal, vivían "en condiciones degradantes de absoluta insalubridad" mientras el hombre se alojaba en un piso. Además, no les permitía abrir la luz "para ahorrar" y cuando plegaba del trabajo y se iba a casa cerraba la persiana para que no pudieran salir.
Aparte de no poderse comunicar ni en catalán ni en castellano, madre e hija no tenían otros familiares en el país ni recursos para pedir auxilio. No podían ir al hospital cuando las agredía, ni a comisaría, y vivían "en un absoluto clima de angustia, temor y desasosiego". Según han explicado fuentes jurídicas a el ARA, la mujer consiguió denunciar la situación que vivían un día que su marido le permitió salir un rato de la trastienda porque no paraba de llorar. Durante este tiempo en que pudo airearse en un parque coincidió con dos mujeres, una de las cuales hablaba bengalí como ella y pudo alertarla de lo que les estaba pasando dentro de aquel supermercado.
Años de intimidación
El hombre, representado por un despacho privado, pide la absolución. Está en libertad con una orden de alejamiento de las víctimas, que hasta ahora ha respetado. A la mujer la representa el abogado Carlos Covelo, que reclama la misma condena que la Fiscalía: 26 años y medio de prisión por maltratos, injurias, delitos contra la integridad moral, coacciones, amenazas y agresión sexual continuada a la mujer. Cada vez que la obligaba a tener relaciones sexuales le decía: "Estoy casado contigo, no me puedes parar. Puedo hacerte lo que yo quiera".
La Audiencia de Barcelona tenía previsto juzgar el caso este jueves después de muchas dificultades para localizar a las dos testigos del parque. Hoy ambas esperaban para testificar en el juicio, pero finalmente ha acabado suspendido y sin una nueva fecha. El motivo ha sido una de las cuestiones previas que ha planteado la defensa. Según ha alertado la abogada del acusado, hay una parte de los hechos de que se acusa al hombre que no constan en el escrito de procesamiento y que además pasaron antes de que madre e hija llegaran al país, y por eso considera que se deben retirar de la acusación.
Se refiere concretamente a una parte de los escritos de acusación que exponen que desde el inicio de la relación el hombre controlaba totalmente a la mujer, creando un "clima prolongado en el tiempo de intimidación y de menosprecio hacia ella, comportándose de forma autoritaria y violenta y actuando siempre en un contexto de menosprecio a su condición de mujer", tratándola como un objeto y exigiéndole su permiso para hacer visitar a la familia o disponer de dinero. Tanto el fiscal como la acusación particular habían incluido estos hechos en sus escritos, y el tribunal ha dejado el juicio en suspenso para deliberar si pueden mantenerlos o no. Una vez lo hayan decidido, buscarán una nueva fecha para juzgar el caso.