Tribunales

Detectives privados y perfiles psicológicos para seducir al jurado popular

Acusaciones y defensas recurren a métodos diferentes de los que usan con los jueces profesionales y comienzan antes del juicio

27/06/2026

BarcelonaSi la muerte del fundador de Mango, Isak Andic, se llega a juzgar como un homicidio, quedará en manos de un jurado popular. También podría juzgarse por esta vía el caso de Begoña Gómez. Estos tribunales se ocupan de una lista de delitos entre los cuales hay el homicidio y el asesinato, pero también otros como el de omisión del deber de socorro, las violaciones de domicilio y algunos casos de corrupción. Las nueve personas que los forman no son jueces, pero se convierten durante unos días en trabajadores de la administración de justicia para acabar decidiendo si el acusado es culpable o no. Esto hace que las estrategias que acusaciones y defensas usan para convencer a estos jueces novatos sean en buena parte diferentes de las que acostumbran a exhibir cuando tienen delante jueces profesionales. "Te obliga a teatralizar mucho más", dice un jurista. Además, los abogados y fiscales del caso tienen la última palabra sobre quién integrará el jurado; de ahí que las estrategias para seducirlos comiencen incluso antes del juicio.

Los candidatos a ser jurado se escogen por sorteo a partir del censo de la demarcación donde se juzga el caso. Todos responden un cuestionario con información básica, y justo antes de que comience el juicio, los abogados y la fiscalía pueden entrevistarles para escogerlos. Confirmar o ampliar la poca información que tienen sobre los candidatos puede ser clave para encarar esta selección. "Si tienes dinero para la causa, contratas un detective privado para que investigue quién es quién", explica el abogado Eloi Castellarnau, que ante el jurado ha llevado casos mediáticos como en el que consiguió la absolución de una chica acusada de incitar a un amigo a matar a su padre.

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Por ejemplo, el despacho de abogados puede pedir una revisión de las redes sociales de los candidatos para detectar si se han posicionado sobre algún tema relacionado con los sucesos y prever si su opinión le puede beneficiar o perjudicar en el caso que se ha de juzgar. Castellarnau plantea que alguien que haya expresado abiertamente opiniones racistas puede ser descartado rápidamente por la defensa de un acusado extranjero, mientras que la acusación probablemente le preferirá como miembro del jurado.

El detective Enric Vilamajó recuerda que la perfilación de candidatos al jurado "se hace mucho en Estados Unidos, pero en España no es legal". Con todo, asegura que tiene constancia de que algunos detectives lo hacen, por ejemplo, consultando bases de datos para conseguir "una radiografía" de los candidatos. Los asesores también aconsejan al abogado qué perfil deberían priorizar teniendo en cuenta las circunstancias del caso y qué pruebas habrá sobre la mesa.

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Otro jurista comenta que en un caso como la muerte de Isak Andic, en el que habrá pruebas periciales sobre cómo fue la caída por el barranco de Collbató, acusaciones y defensas podrían valorar si les favorece que entre el jurado haya alguien que tenga una profesión relacionada con la física. También se suelen tener en cuenta aspectos como si a lo largo de su vida han vivido episodios de violencia, y si han sido víctimas o agresores, explica Miquel Àngel Soria, profesor de psicología jurídica, criminal y criminología avanzada en la Universitat de Barcelona. Con todo, añade que dos personas con la misma experiencia pueden tener esquemas mentales completamente diferentes. 

"Una partida de póker"

Antes de comenzar el juicio, abogados y fiscales entrevistan a los candidatos para seleccionar a los que formarán el jurado. Normalmente, convocan entre treinta y cuarenta personas. Las acusaciones pueden recusar –es decir, vetar– a un total de cuatro, y las defensas, a cuatro más. "Es una partida de póquer: tienes que descartar la peor carta", afirma Soria. La selección debe acabar con nueve miembros del jurado y dos suplentes, que seguirán todo el juicio, pero no intervendrán en la deliberación si no es que alguno de los titulares debe ausentarse por fuerza mayor.

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Con pocos minutos de entrevista, acusaciones y defensas deben hacerse a la idea de si les conviene o no que aquella persona forme parte del jurado que evaluará el caso. "Te fijas en si tienen cierta sensibilidad, les preguntas si les daría cosa condenar a alguien a prisión, si creen en el sistema de justicia...", ejemplifica Castellarnau. El abogado insiste en que el perfil que busque cambiará en cada caso y en función de si está defendiendo a un acusante o representando a una acusación. "Si cree que hay abusos policiales y que se condena a inocentes, te interesa como defensa. Si cree que las leyes son injustas, que se deberían pagar más años de prisión y que todo el mundo que delinque se sale con la suya, te interesa como acusación –plantea Castellarnau–. Más de una vez en que he sido defensa, algún candidato ha dicho: «Yo no me atrevería a enviar a nadie a prisión», y evidentemente el fiscal o la acusación lo han recusado".

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El fiscal Félix Martín se ha especializado en juicios con jurado y entre las causas de las que se ha hecho cargo se encuentra el crimen de la Guardia Urbana, donde consiguió la pena máxima para Rosa Peral y Albert López. Los fiscales son los primeros que interrogan a los candidatos y Martín explica que empieza intentando tranquilizarlos, porque muchos llegan nerviosos, haciéndoles preguntas sencillas sobre su día a día. "Si me dicen que son lectores, les pido qué libro me recomiendan", relata. Él acostumbra a dedicar unos cinco minutos a cada candidato y se centra en hacerles preguntas que le permitan hacerse un retrato general de la persona y sobre todo "detectar perfiles extremos". De hecho, asegura que los fiscales buscan evitar los "hiperliderazgos" entre los jurados: al contrario de lo que podría parecer, los perfiles muy punitivistas no necesariamente son más beneficiosos para las acusaciones, porque puede "provocar rechazo, o generar un efecto rebote" en el resto de miembros del jurado.

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Martín también advierte del riesgo de "sobrevalorar la inteligencia académica", e insiste en la importancia del "sentido común", que asegura que se puede detectar con preguntas sobre cosas cotidianas. Ve importante evitar "cualquier perfil que pueda tener prejuicios" –como alguien que haya tenido un familiar falsamente acusado–, y repite la importancia que tiene "la inteligencia colectiva" que se construye cuando los miembros del jurado trabajan conjuntamente. Además, ve positivo que los miembros del jurado tengan diferentes experiencias vitales y recuerda un ejemplo: "Una persona con mucha inteligencia académica y una vida cómoda no entendía que una mujer maltratada continuase con el acusado. En cambio, una cuidadora con una vida difícil, sí".