"No es como una prisión; aquí al final somos niñas": así se vive en el único centro de chicas internadas por delinquir

Els Til·lers acoge a las 15 adolescentes que cumplen internamente en régimen cerrado en Cataluña, una parte muy minoritaria de la justicia juvenil

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Dos adolescentes en una habitación en el centro de menores Els Til·lers, en Mollet del Vallès.
11/10/2026 - 19:02 h

Mollet del VallèsLucía lleva nueve meses en el centro de menores Els Til·lers, la única instalación del sistema de justicia juvenil para chicas de Cataluña. Ella cumplió los 18 años en enero, pero terminará en el centro el internamiento que le impusieron cuando todavía era menor. Asegura que vivir en el centro "no es tan malo como lo pintan": "No es como una prisión, aquí al final somos niñas".

En este centro de Mollet del Vallès conviven 15 chicas en régimen de internamiento cerrado. Son las únicas chicas que ahora mismo están cumpliendo la medida más estricta para quienes han delinquido teniendo entre 14 y 17 años. Por debajo de los 14 años no hay responsabilidad penal y, a partir de la mayoría de edad, los delitos cometidos se rigen, en general, por el Código Penal de los adultos. Els Til·lers, además, también es el único centro de menores en Cataluña con una unidad terapéutica de salud mental, donde también hay chicos.

El centro de justicia juvenil Els Til·lers en Mollet del Vallès.
El centro de justicia juvenil Els Til·lers en Mollet del Vallès.

Los menores que viven en régimen de internamiento son una parte muy pequeña del sistema de justicia juvenil. Actualmente, más de 2.200 adolescentes cumplen alguna medida, pero solo un 8,5% están privados de libertad. Lo más común es que las medidas –con menores, la justicia no habla de condenas, sino de medidas– sean programas en régimen abierto. Además, las chicas son minoría en el sistema –ahora mismo, 334 chicas por cerca de 2.000 chicos–, y todavía son menos las que están en internamiento.

En Els Til·lers conviven todas, las quince que son, tanto cuando son cómplices como cuando son rivales. "Si ahora hubiera una pelea tumultuaria y se planteara un internamiento para algunas de las chicas que han participado, vendrían todas a Els Til·lers", explica a l'ARA la directora del centro, Elisenda Camps. De hecho, les ha pasado algo similar: "No hace mucho entró una chica porque había cometido un delito, que a la vez era víctima de otra chica que ya estaba en el centro", explica Camps.

Salma, de 14 años, explica que incluso antes de ingresar al centro, ya conocía a muchos de los que ahora son sus compañeros, y que esto, a veces, puede resultar "incómodo". Para ella, sin embargo, el internamiento es también una oportunidad para detenerse e intentar enderezar su rumbo. Esto, por supuesto, con normas estrictas y una rutina diaria.

"Todos los días son iguales"

"Cada día es lo mismo –coincide Lucía–. Te levantas, ordenas las habitaciones, bajas a desayunar, fumas. Después vas al aula o al taller, según lo que te toque", explica. Ella está estudiando para conseguir el graduado en educación secundaria (GES), que es el equivalente a la ESO para adultos. Al salir de clase vuelve a ser la hora de fumar: aquí los cigarrillos por persona están contados –máximo 6 al día, con autorización judicial y de los padres– y siempre fuman todas juntas y al mismo momento. Después de comer pueden fumar otro cigarrillo y cuando acaban es la hora del recuento en las habitaciones. "Por la tarde haces deporte, te duchas, vuelves a fumar, haces las tareas que te toquen, cenas, y a dormir", resume.

Lucía habla con madurez sobre la "mochila" que llevan encima todos los que acaban viviendo aquí. Antes de ingresar en este centro había vivido en un CRAE —un centro residencial de acción educativa, donde viven los niños tutelados por la Generalitat— y cuando ya estaba en Els Til·lers perdió a la pareja con quien había compartido tres años de relación. "Se me murió, y estoy haciendo el duelo. Aquí me he dado cuenta de lo dura que es la vida cuando tienes esta vida de mierda y la gente de tu alrededor también la tiene. Ves que tarde o temprano tienes que cambiar de vida", explica.

Lucía dice que lo está intentando, y que después de los nueve meses que le quedan de internamiento querría conseguir un trabajo, poder ahorrar –"alquilar una habitación, tener alguna cosa"– y estudiar educación social, como Alèxia, la educadora del CRAE que ha sido su "segunda madre".

El trabajo de género es clave

Hoy las chicas de Els Til·lers y el único chico trans interno en este centro dedican buena parte de la mañana a un taller sobre perspectiva de género. La educadora, Cintia, les anima a explicar qué cosas hacían de pequeñas que no se consideraban femeninas o, todo lo contrario, las que hacían porque eran las que se esperaban de ellas por el hecho de ser niñas. En la primera lista aparecen, entre muchas otras, llevar el pelo corto, vestir con colores oscuros, robar, pelearse, gritar, drogarse, tener amigos chicos, jugar al fútbol, querer ser conductora de autobús... En cambio, en la segunda aparecían ideas como "no enfadarse, casarse con quien me digan, saber limpiar, hacerse cargo de la casa cuando no está la madre, sacar buenas notas, no estar en la calle..."

Una referente de género y violencia machista que se encarga de que se aplique la visión de género en todos los ámbitos
Una referente de género y violencia machista que se encarga de que se aplique la visión de género en todos los ámbitos

"Establezco un vínculo muy fuerte con ellas a través del deporte; creo que es una herramienta para integrarse en la sociedad y para conocerse a una misma. En el deporte todo es válido: me puedo enfadar, puedo estar alegre, motivada, trabajar la colaboración, la disciplina, la constancia, el esfuerzo...", explica Cintia después de la actividad. Ella siempre intenta trabajar valores y que las chicas conecten consigo mismas: "Hay algunas situaciones muy duras, en las que si hubiera habido prevención seguramente no habrían acabado aquí. Cuando llegan ya es demasiado tarde", lamenta.

En Els Til·lers, como en todos los centros de justicia juvenil, hay una referente de género y violencia machista. El trabajo se realiza tanto con talleres puntuales como el de hoy, como con programas de más larga duración. De hecho, esta unidad para chicas fue pionera en incorporar de manera transversal la visión feminista para que las chicas eviten relaciones de dependencia o control. "Hay chicas que cometen delitos, incluso muy graves, por esta dependencia que tienen de la pareja", explica Camps. La directora recuerda el caso de una chica que había tenido relaciones problemáticas ya antes de entrar al centro y les dijo que el nuevo novio le espiaba el móvil. "Quizás cuesta, pero al final ellas se hacen con el discurso, de decir «esto no es lo que toca»", concluye.

Cintia subraya que el contexto en el que viven estas chicas es muy importante. "Cuando están aquí no existe, pero después vuelven y el problema no se ha ido. Aquí al menos podemos llenarles la mochila de herramientas para afrontarlo y que puedan decidir por sí mismas", añade. Pero el final del internamiento no debe ser el final de un proceso, sino el inicio de una nueva etapa. Por ejemplo, Lucía quiere estudiar, trabajar y tener un lugar propio donde vivir cuando salga de Els Til·lers.

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