León XIV y el niño Renzo: "¿Por qué hay personas a quienes les pasan cosas buenas y a otras no?"
El Papa reserva el último día de visita a Barcelona para dos actos de pequeño formato en la prisión de Brians y la parroquia de Sant Agustí del Raval
San Esteban de SesroviresEl Papa se ha reservado para el segundo y último día de su visita a Barcelona los dos actos de pequeño formato, más íntimos, para encontrarse con colectivos vulnerables. Por la mañana se ha reunido con una ochenta de reclusos en el centro penitenciario Brians 1, de Sant Esteve Sesrovires, antes de dirigirse hacia el monasterio de Montserrat. Por la tarde ha elegido la modesta iglesia de Sant Agustí, en el corazón del Raval de Barcelona, en su camino hacia el acto central de la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia. Ha sido, pues, una jornada marcada, por un lado, por dos grandes símbolos de la espiritualidad catalana y, por otro, por dos puntos donde se dejan sentir los problemas sociales actuales.
Tanto en la cárcel como en la iglesia, León XIV ha utilizado el catalán para dirigirse a una audiencia reducida, donde se mezclaban las máximas autoridades civiles catalanas con las religiosas y representantes de diversas entidades que el jefe del Vaticano quería oír de primera mano.
Ha sido en Sant Agustí donde al Papa se le ha visto emocionado, atento a las palabras de Renzo, un niño de seis años de familia inmigrante que vive en el distrito de Nou Barris y que cuando supo de la visita papal envió una carta al Vaticano explicándole que su familia vive con la amenaza de quedarse sin casa por no poder pagar el alquiler.
El pequeño ha robado parte del protagonismo del pontífice al alzar su vocecita para hacer una batería de preguntas al Papa. Una detrás de otra, la criatura ha expuesto los problemas actuales con los que se topa la población que más sufre: "Hola, Papa. Te quiero hacer unas preguntas. ¿Te gusta el fútbol? ¿De pequeño querías ser papa? ¿Por qué mi padre tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y a otras no? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué hay personas que viven en la calle y nadie les ayuda? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? ¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes? ¿Se debe perdonar siempre?".
León XIV ha dedicado buena parte de sus palabras a responder a la criatura, que estaba acompañada de su madre. Le ha dicho que no abandone sus sueños, y haciendo un símil futbolístico ha alabado el valor del "trabajo en equipo" en comparación con los jugadores que aunque son muy buenos "nunca pasan la pelota ni dejan entrar al resto". Ha hablado de esperanza, de confianza en Jesucristo y del valor cristiano de saber perdonar, aunque ha insistido en que perdonar no es olvidar ni tampoco convertir las cosas malas en buenas.
Ha sido muy taxativo en la respuesta sobre la soledad de la gente mayor. León XIV ha defendido que son "personas importantes" para la sociedad y que se les debe devolver el trabajo hecho ayudando a criar a los nietos para hacerles "hombres y mujeres de bien". "No permitamos que la soledad se normalice. Tengamos corazones abiertos y, aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos y desprotegidos", ha dicho.
La de San Agustín es una iglesia pequeña e inacabada en la plaza del mismo nombre del Raval de Barcelona. Frecuentada por la comunidad latinoamericana y filipina del barrio, no tiene rastro de opulencia en estatuas ni decoración. "Me siento como en casa", ha proclamado el Papa, perteneciente a la orden de los agustinos, que ha mostrado su satisfacción porque el templo esté abierto, a diferencia de como se lo encontró en 1982 en una anterior visita a la ciudad.
Visita inédita
Dentro de los muros de la prisión de Brians 1, el Papa se ha apuntado el hito de ser el primer pontífice en visitar un centro penitenciario español. Además, como el acto se ha concentrado en el pequeño teatro se ha conseguido una proximidad casi como si fuera una audiencia privada. La visita ha roto la rutina penitenciaria tanto para los funcionarios como para la ochentena de reclusos presentes, que calificaban el acto de "histórico". En la pared lucían las palabras de Mateo: "Estaba en la cárcel, y vinisteis a verme". Una bienvenida que el pontífice ha correspondido en catalán: "Gracias a todos por vuestro recibimiento tan lleno de simpatía y cordialidad".
El auditorio entonces ya estaba emocionado por las palabras de Josefina y de Montserrat Benavente, dos presas que no podían ocultar la "emoción" por el hecho de que el pontífice haya hecho un hueco para visitar un colectivo tan "invisibilizado". Han explicado vidas complicadas, errores que pagan con la pérdida de la libertad, pero también han expresado hasta qué punto "creer y la fe" les han hecho reconectar con la vida. "Gracias a la fe soy mejor persona", ha afirmado Benavente, que se ha fundido en un sentido abrazo con el pontífice, a pesar de que minutos antes, mientras esperaba que el acto comenzara, decía que sabía que "al Papa no se le puede tocar".
León XIV ha recordado a los presos que son "dignos" y les ha asegurado que "los errores de la vida no determinan la identidad de una persona". La prisión es un castigo terrenal, pero "no hay ninguna situación que haga al Señor apartar su mirada", ha dicho, y ha añadido que el amor de Dios es "misericordioso" aunque hayamos "hecho el mal". "Cuando os venga la tentación de sentiros menos o penséis que no vale la pena continuar adelante, alzad vuestra mirada", ha dicho, dirigiéndose a los presos, a quienes ha pedido que continúen "soñando el sueño de Dios". León XIV ha asegurado que ser cristiano "no consiste en no equivocarse", sino en "la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, reconciliarse y perdonar" para "comenzar de nuevo".
Antes de que el Virolai pusiera punto final al encuentro, el Papa y los presos se han intercambiado regalos simbólicos. Por parte de los internos, un cuadro y un plato de cerámica elaborados en los talleres formativos. Por parte del pontífice, un retrato de la Virgen María. El Papa ha abandonado el pequeño teatro saludando al público, con alguna selfie y muchas manos estrechadas. "Es histórico, nunca me habría imaginado que lo tendría tan cerca", decían dos funcionarias.
Para conmemorar la visita, en todos los comedores de las prisiones catalanas se servirán canelones, una comida reservada para las grandes ocasiones. Ahora bien, si el Papa es el representante de Dios en la tierra, ha quedado claro que en Brians reina la ley terrenal. Una vez León XIV se ha marchado, las autoridades civiles y eclesiásticas han abandonado la sala y el resto de mortales han tenido que esperar en el interior, sin moverse. "Primero hay que hacer el recuento de presos". En la puerta, un funcionario pasaba el detector por los cuerpos de los presos. Son las normas de la prisión.