"Sí, mire, venía a hacerme socio"

En algunos clubes basta con ser mayor de edad y mostrar el DNI para poder hacerse socio al momento

momento BarcelonaUna tarde de ruta por las asociaciones cannábicas de Barcelona permite ver las diferencias abismales que las separan. En algunas se puede entrar directamente sin conocer a nadie: “Sí, mire, venía a hacerme socio”. La gestión es rápida: hay que mostrar algún documento identificativo, tener más de 18 años y pagar una cuota que en algunos casos es anual y en otros es vitalicia. “Bienvenido a la asociación”. Incluso alguien a quien a menudo dicen que tiene cara de policía, como este redactor, lo puede conseguir fácilmente. En cinco minutos pasas a ser socio de una asociación cannábica y ya tienes vía libre. Cuando la segunda puerta del local se abre, descubre un espacio que acostumbra a estar muy cuidado y que en la mayoría de los casos es muy tranquilo. Y es que está pensado para gente que fuma porros. Dentro hay una barra o un dispensario con un menú con los precios de los diferentes tipos de cannabis. “Tienes un límite mensual de 80 gramos”, explica la chica con una sonrisa plácida. 

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En el menú se pueden encontrar todo tipo de variedades. Algunas cuestan 6 euros el gramo y otras se ensartan hasta los 50. Como pasa también cuando vas a cenar fuera, cuanto más cerca del centro y más turístico es, más caro y peor servicio. En algunos clubes también se pueden consumir bebidas y comprar productos fabricados a partir del cannabis. También hay algunos que ofrecen a sus socios clases de yoga, partidas de juegos de mesa, partidas de billar o mirar partidos de fútbol.  

Los locales que ponen más facilidades a los nuevos socios son los más céntricos, donde sobre todo se ven turistas. Estos días, dentro de estos clubes se oye hablar francés y un poco de inglés. Algunos, en lugar del DNI, aceptan carnés de estudiantes para poder hacerse socio.

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A medida que uno se aleja del centro, los filtros se endurecen. “Tienes que demostrar de alguna manera que vives o trabajas en el barrio, con un recibo o una nómina”, explica educadamente el chico de la entrada de una asociación de la calle Compte Borrell. En otros locales, con ser vecino del barrio no hay suficiente y hace falta que un socio te avale. “También es una forma de evitar que entren policías de paisano o personas que pueden generar problemas”, explica el abogado Lluís Homdedeu. 

Este abogado cree que “la mejor fórmula sería que cada asociación tuviera una especie de taquilla donde cada socio pudiera dejar sus sustancias y lo consumieran entre todos”. Esta forma de funcionar, sin dinero por el medio, haría más fácil la defensa ante un juez y, sobre todo, sería más fiel a la idea inicial de una asociación sin ánimo de lucro que lucha por la defensa del derecho al consumo de cannabis.