"No es un caso aislado": más testimonios cuestionan el Manyanet por haber silenciado casos de acoso escolar

Un portavoz del centro asegura no tener constancia de ninguna incidencia previa en el caso de la alumna de 15 años que se suicidó

"Tenéis que explicar que no es un caso aislado", implora al otro lado del teléfono una madre, E.P., que llevaba hasta hace tres años a su hija a la escuela Manyanet Sant Andreu. "La saqué de ahí porque sufría bullying. Durante la primaria pedí explicaciones a la escuela diversas veces, e incluso pedí que la cambiaran de clase, pero el director no me recibió nunca. Siempre dejaban solos a los tutores a la hora de dar la cara", explica esta madre al ARA. Cambió a su hija de escuela cuando se sintió con fuerzas, cuando la vio "preparada" a ella y cuando el Consorci de Educació le encontró una plaza en otro centro del barrio. "Solo me ayudaron cuando vieron que yo estaba dispuesta a ir hasta el final", asegura. La niña ya había acabado 1ro de ESO y había sufrido incluso agresiones físicas por parte de un grupo de alumnos. Ahora hace 4to de ESO y va "contenta" a otro centro.

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Conmocionada por el suicidio de la alumna de 3ro de ESO, que ahora los Mossos d'Esquadra investigan si fue debido al bullying que supuestamente sufría en el centro, esta madre se ha puesto en contacto con el ARA para explicar que la escuela Manyanet "ha tapado sistemáticamente" los casos de acoso escolar que ha habido. "La escuela solo quiere mantener su imagen", dice E.P., que atribuye parte del rechazo hacia su hija al hecho que "no encajaba en los cánones de familia tradicional que tiene la escuela", que es religiosa. "Hay familias que tienen una posición económica y social que tienen más peso que el resto", resume. 

Esta madre asegura que hay más casos de alumnos que se han ido del centro ante la carencia de soluciones y medidas si sufrían acoso escolar. Son un ejemplo los hijos de David Vidal, el profesor universitario que publicó en las redes el suicidio del alumno del Manyanet. Según dijo al ARA, cambió a sus dos hijos de centro alarmado por "unos protocolos incompatibles con la protección y los derechos de los menores": "A mi hijo le hacían bullying y cuando lo fuimos a explicar a la dirección, el coordinador de ESO se rio ante toda la clase", afirma. Si no sacó a sus hijos a la primera fue porque siempre creía que "el siguiente curso todo iría mejor". "A veces te encontrabas un profesor bueno y un tutor más receptivo y aguantábamos", dice. Aún así, asegura que la escuela "normaliza los acosos". "No hicieron nada", sentencia.

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Vidal dice que en el barrio "es un secreto a voces" porque hay escuelas que reciben niños "muy afectados emocionalmente" provenientes del Manyanet. De hecho, varias personas han contactado con el ARA para explicar historias parecidas y para denunciar que el centro hace décadas que hacía caso omiso cuando había conflictos graves entre los estudiantes. Describen una "cultura de laissez faire" instalada desde hace años en el centro, que actuaba (o actúa), dicen, como si el acoso fuera "cosa de niños", hasta el punto que a veces los agresores contaban con la complicidad de algunos profesores, que no solo "miraban hacia otro lado", sino que legitimaban las bromas o los apodos que recibían algunos alumnos. "Me niego a creer que no supieran nada", dice Jordi Farreras, alumno del centro entre 1980 y 1994, que recuerda episodios de "vinolencia verbal y física" entre alumnos y de profesores a alumnos. Eran otros tiempos, seguramente, y ahora hay más sensibilización, pero a él le cuesta encontrar buenos recuerdos de su paso por el centro. Ha escrito una canción en que describe el ambiente de la escuela: "Exigiendo absurdidad / y mirar hacia el otro lado".

Otra madre de la escuela, que prefiere no dar su nombre, se muestra sorprendida por todo el ajetreo que se está produciendo y no entiende que haya críticas tan duras de padres y madres del centro: "Si yo pensara que los niños sufren ya los habría sacado", asegura y añade que si existen algunos casos, "no son por culpa de la escuela ni de su indulgencia". Ella misma tuvo que reunirse con el tutor de su hijo porque habían algunos problemas en clase, pero "se solucionaron sin que hubiera que tener que hablar con nadie más". Defiende, sin embargo, que si hubiera hecho falta habría elevado el caso a la dirección del centro y que no habría parado hasta solucionarlo. Esta madre, que defiende que ante un caso así "es necesario ser prudente", considera que habría que saber si la escuela activó o no el protocolo de acoso y por qué motivos. Teme que el suicidio de la chica, sumado al caso del informático que encontró pornografía infantil en el cura de la parroquia vinculada al centro, acabe malogrando la imagen de una escuela "que ha hecho mucho por Sant Andreu".

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Los protocolos obligan a poner por escrito los casos y las sospechas de acoso

Según los protocolos actuales, cuando se detecta un caso de acoso escolar o hay una sospecha, el centro tiene que hacer un informe de valoración por escrito y ponerlo en conocimiento de la dirección, a quien corresponde hablar con los afectados, los agresores, los "espectadores" (el resto de la clase) y las familias. Si se determina que hay una situación de bullying, se comunica a la Inspección y se empieza una fase de intervención en que pueden actuar los docentes, orientadores y psicopedagogos. Si no se trata de un caso de acoso, se tienen que aplicar medidas de prevención. 

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Este diario no ha podido obtener la versión del centro, a pesar de que se ha intentado poner en contacto con sus representantes legales en varias ocasiones en las últimas horas. El responsable de la unidad de cumplimiento normativo y portavoz del centro, Antonio Ruiz, sí que ha hecho declaraciones a la agencia Efe y ha asegurado que "no consta ninguna incidencia ni ninguna acción vía tutoría, ni hay ninguna queja formal por parte de la familia" de la chica que se quitó la vida el 19 de mayo. "La noticia del suicidio nos ha dejado totalmente sorprendidos", ha expresado. Según el portavoz, el director del colegio le ha trasladado que el único incidente que se conoce es una queja que la madre de la niña trasladó a un profesor, de la cual no hay constancia escrita.

El diario El Periódico ha avanzado que los Mossos, además de investigar el caso de la chica que se quitó la vida el 19 de mayo en Sant Andreu, también estudian el suicidio de un exalumno del Manyanet de las Corts en 2019, cuando el chico tenía 21 años. La familia del joven también cree que el centro no actuó adecuadamente para proteger a su hijo: no quería ir a la escuela y nunca supieron a qué se debía esta negativa. La inquietud de la familia, explica este medio, reapareció cuando salió a la luz con la detención del sacerdote de la escuela, que tenía material pedófilo.