Pocas horas después de que se haya anunciado el nombre de Navanethem Pillay como ganadora del galardón, Estados Unidos ha impuesto sanciones contra el Tribunal Penal Internacional. "Prohibiremos las transacciones con este tribunal díscolo, cortando sus recursos y paralizando su capacidad operativa", asegura el departamento de Estado en un comunicado. El movimiento supone un paso más en la persecución de Washington contra el organismo garante del derecho internacional del que formó parte Pillay. Un total de 125 países componen el TPI, pero no es el caso de Estados Unidos. La Casa Blanca ha criticado ampliamente las órdenes de detención emitidas por este tribunal contra Benjamin Netanyahu por la ofensiva en Gaza, y la administración Trump tiene el propósito de desmantelar el organismo. El tribunal considera que las sanciones de este viernes suponen "un ataque al Estado de derecho" que busca "perturbar" su funcionamiento e "intimidar" a todo el que trabaja en él.
Premio Nobel de la paz a la jurista que certificó el genocidio en Gaza
La sudafricana Navanethem Pillay presidió la comisión de la ONU lo determinó y también formó parte del Tribunal Penal Internacional
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BarcelonaNavanethem Pillay (Durban, 1941), reputada jurista sudafricana, ha sido galardonada este viernes con el premio Nobel de la paz 2026 por sus esfuerzos para promover la paz y la ley internacional. El Comité Noruego del Nobel le ha otorgado el premio por su "valentía e integridad" en la defensa de la justicia internacional, un compromiso que ha considerado que "da esperanza y es una inspiración para los que quieren un mundo en paz". Especializada en derechos humanos, Pillay es una de las figuras más destacadas en la defensa de la justicia internacional: fue alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014 y jueza del Tribunal Penal Internacional.
El Comité Noruego del Nobel destaca que la labor de Pillay como jueza en procesos internacionales demuestra que "las medidas legales pueden ayudar a prevenir los actos de guerra y la violencia", y a garantizar la persecución penal de los crímenes de guerra y contra la humanidad y de los genocidios.
La jurista sudafricana fue magistrada en el tribunal internacional que investigó el genocidio de 1994 en Ruanda, y el año pasado encabezó una comisión de las Naciones Unidas que determinó que Israel había cometido un genocidio contra los palestinos en Gaza, una conclusión que el gobierno israelí rechaza. "Israel debe poner fin y revertir inmediatamente su confiscación y uso de tierras palestinas en Gaza, incluyendo la creación y la expansión de la zona de protección y los corredores", reclamó Pillay como presidenta de la comisión. El informe, contundente contra los ataques israelíes en Gaza, concluía que el ejecutivo israelí tiene "una clara intención" de establecer un control permanente sobre Gaza y garantizar una mayoría judía en Cisjordania. Con un largo historial de evaluación de conflictos internacionales, la jurista sudafricana aseguró que el conflicto en Gaza es "el más espeluznante" que ha analizado.
Una vez se ha conocido que es la ganadora, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha asegurado en X que el comité del premio Nobel "ha perdido su brújula moral", y ha descrito a Pillay como "una fanática" que "inventó y propagó libelos de sangre contra el único estado judío". Además, el ministerio de Exteriores israelí incluso ha recordado a uno de los colaboradores más cercanos de Adolf Hitler: "Joseph Goebbels está aplaudiendo desde el infierno", ha escrito en X.
El compromiso de Pillay con la justicia viene de lejos, y comenzó en su Sudáfrica natal con la lucha contra la discriminación y segregación. Hija de una familia originaria de Sri Lanka, fue la primera mujer no blanca que abrió un despacho de abogados en su provincia natal, desde donde defendió a numerosos presos políticos detenidos sin juicio, muchos de ellos activistas contra el sistema de apartheid que se aplicó en Sudáfrica entre 1948 y 1994. Años después también fue una de las primeras mujeres no blancas nombradas juezas del Tribunal Superior de Sudáfrica.
"Existe un hilo conductor común desde su labor inicial en defensa de Nelson Mandela y otros que se opusieron al apartheid hasta su servicio como jueza en algunos de los casos judiciales internacionales más importantes de nuestros tiempos", destaca el Comité Noruego del Nobel.
Primera condena por genocidio
Pillay está especializada en derechos humanos y derecho internacional, y entre 1995 y 2003 fue jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde presidió la primera condena por genocidio. La sentencia también fue determinante para garantizar la justicia a las víctimas de violencia sexual en conflictos: establecía que la violación puede ser considerada un acto de genocidio.
En el año 1999 fue elegida por unanimidad presidenta del Tribunal Penal Internacional, un cargo que ocupó hasta 2003, cuando pasó a ser jueza del mismo tribunal en La Haya. Cinco años después dio el salto a las Naciones Unidas como alta comisionada para los Derechos Humanos, la máxima responsabilidad en este ámbito dentro del sistema de la organización internacional. Como alta comisionada, denunció violaciones de derechos humanos en conflictos como los de Siria, Gaza y Sri Lanka, e impulsó la persecución de crímenes de guerra y la promoción de la defensa de los derechos de las mujeres y las minorías.
Después de dejar la ONU, Pillay ha seguido activa en la defensa de los derechos humanos, por ejemplo como jueza ad hoc en procesos en el Tribunal Internacional de Justicia y como presidenta de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte.
Después de que el año pasado el premio estuviera marcado por la presión de Trump para que se lo concedieran –finalmente fue para la líder de la oposición venezolana María Corina Machado–, el de este año es también un reconocimiento a la justicia internacional y a los organismos dedicados a garantizarla en un momento de cuestionamiento del multilateralismo por parte de dirigentes como Donald Trump y de investigaciones abiertas en conflictos como el de Gaza y la guerra de Ucrania por posibles crímenes de guerra. "En un momento en que el orden jurídico internacional y el estado de derecho afrontan muchos retos, este reconocimiento tiene un significado muy importante", ha dicho la presidenta del Tribunal Penal Internacional, Tomoko Akane.