Convivencia

Poner 'ojos' a los barrios para hacerlos más seguros

Expertos convocados por la Confavc afirman que la inseguridad no se combate solo con más policía

Barcelona¿Son seguros los barrios? Atendiendo a los datos de delitos se puede concluir que sí. O, al menos, lo suficiente. Aun así, se constata un aumento de la percepción de inseguridad y un sentimiento de miedo a la hora de salir de noche o de pisar según qué calles, sobre todo entre las mujeres jóvenes y la gente mayor. Marta Murrià, jefa del área de convivencia y seguridad urbana del Institut Metròpoli, afirma que entre el 15% y el 20% de los residentes del área metropolitana de Barcelona se sienten inseguros, pero, aun así, más del 60% de la población no modifica sus conductas ni sus trayectos, aunque en determinados lugares o momentos puedan activar las alertas.

“La sensación no tiene que ver con el número de delitos ni con el hecho de ser víctima; hay otros factores que lo explican”, continúa la experta, que pone el ejemplo del vecindario de los barrios de la franja del Besòs, que es de los que expresa más inseguridad, a pesar de que sean zonas con una tasa de delincuencia baja. Murrià respondía así al debate sobre la seguridad y la convivencia en los barrios planteado por la Confavc (Confederación de Asociaciones Vecinales de Cataluña), en una de las jornadas que organiza periódicamente para tomar la temperatura al “malestar” de los barrios. “En el barrio empiezan a pasar cosas”, resumió uno de los asistentes para alertar de que los discursos de la ultraderecha arraigan, abonados por las dificultades para pagar una vivienda y una crisis económica y social que acaba generando problemas de convivencia. Son algunos de estos factores los que apuntaba la socióloga Murrià, y que Anna Almécija, criminóloga, relacionaba también con un mal urbanismo.

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Almécija es miembro de la Associació Catalana per a la Prevenció de la Inseguretat a través del Disseny Ambiental, que analiza si el diseño de los espacios facilita los delitos. La experta apunta que está más que comprobado que hay elementos que favorecen “la vigilancia natural” del barrio. Estos ojos son una buena iluminación, zonas sin recovecos, vegetación controlada y elementos transparentes. A la vez, también son los ojos de los residentes con un alto sentimiento de pertenencia, el cuidado por el mobiliario, la limpieza y la convivencia colectiva.

El peligro es que estos ojos comiencen a sufrir de visión borrosa porque los precios desorbitados de las viviendas impiden que los vecinos puedan arraigar en el territorio, un fenómeno agravado por la presión turística o la desaparición de las tiendas de toda la vida. Ahora bien, llenar las calles de farolas no significa que desaparezcan los miedos si “no hay nadie que mire”, dice la criminóloga, asesora de los Mossos d’Esquadra. Una solución es llenar de actividad los espacios muertos, creando refugios climáticos, parques con zonas de sombra o mercados de calle, haciendo mantenimiento de los espacios comunes y creando comunidad. “Se tiene que hacer un arraigo en positivo”, afirma mientras recuerda el clásico lema vecinal: “Bellvitge es un barrio feo, pero es el nuestro”.

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Responsabilidad de la ciudadanía

¿En este debate, dónde queda la policía? El vecindario presente en la sala destaca la falta de “prevención” y echa de menos la figura del “policía de proximidad” en contraposición a la “policía reactiva”. Tanto Almécija como Amadeu Recasens, experto en seguridad pública y exdirector de la Escuela de Policía de Cataluña, coinciden en que la seguridad no llega simplemente desplegando más agentes. Con todo, señalan la policía de barrio como un modelo a explotar. Recasens indica que es necesario que los vecinos tengan un “agente de referencia” que pueda derivar los problemas de la comunidad a los diferentes servicios municipales: “No tiene que ser necesariamente un policía, pero hoy por hoy es el único cuerpo que hace 24 horas en la calle”.

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Recasens reivindica, además, que ni la policía ni los políticos pueden marcar por sí solos la política de seguridad, sino que la ciudadanía formada debe responsabilizarse, visto que las administraciones no salen de “hacer siempre lo mismo” a pesar de ser una “estrategia fallida”. “No digo que no apliquemos mano dura, pero hace falta un cambio de paradigma”, defiende Recasens, que añade que los ciudadanos deben tener peso en la decisión de las políticas, ya que saben cuáles son los problemas reales: “La participación no puede ser solo pagando la reja y la alarma de casa”.

En este debate de la seguridad está la amenaza del “fascismo” o “supremacismo” recorriendo los barrios, alerta el investigador de los movimientos sociales y autor de El nostre feixisme (Ara Llibres). A las puertas de un ciclo electoral largo, Mir apunta que la extrema derecha repite el patrón de siempre de “crear un responsable de todos los males” focalizando sus ataques en la población migrada. “El fascismo tiene claro que la gente debe tener miedo”, reflexiona este profesor de la UPF, que dice que estas fuerzas se otorgan la facultad de “poner orden” en el barrio y ofrecen “soluciones simples a problemas complejos que han ayudado a crear”.