Las protestas por Hasél ponen en cuestión el foam

Entidades de derechos humanos piden el protocolo interno y sindicatos de los Mossos quieren más herramientas

BarcelonaUna chica de 19 años perdió un ojo en la protesta de martes en Barcelona contra el encarcelamiento de Pablo Hasél. Sufrió la herida cuando los Mossos d'Esquadra disparaban balas de foam, pero todavía no hay ningún informe que confirme que la causa es uno de los proyectiles, a pesar de que Irídia dice que “todos los indicios apuntan a ello claramente”. Este caso y al menos dos otros impactos de foam en la zona de la cabeza en las concentraciones por el arresto de Hasél, según Irídia, han puesto en cuestión el arma, que sustituyó a las controvertidas balas de goma que los Mossos tienen prohibidas desde 2014. Las entidades de derechos humanos consideran que no se hace un uso adecuado del foam, que son proyectiles de espuma, y vuelven a pedir que se publique el protocolo interno de esta herramienta. En cambio, sindicatos policiales quieren más recursos de orden público ante los disturbios de esta semana.

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“El foam se planteó como una arma selectiva y ahora parece que se usa para dispersar. Entendemos que el ruido puede tener un efecto de dispersión, pero el disparo no tiene que buscar este efecto”, alerta el codirector de Irídia, Andrés García Berrio, que explica que la lanzadora se tiene que dirigir a una persona concreta sin apuntar a ninguna zona vital. “Es un arma con una precisión bastante alta. Si se utilizara de manera adecuada no tendríamos impactos en la cabeza. No es como una bala de goma, que puede rebotar”, avisa. El responsable de relaciones institucionales de Amnistía Internacional en Catalunya, Eduard Martínez, sostiene que el hecho de que los Mossos hayan disparado 420 proyectiles de foam en las dos primeras noches de protestas contra el encarcelamiento de Hasél demuestra “un uso bastante generalizado”. “Hay que investigar cada caso para ver si se ha dispersado o si había una situación de riesgo de lesiones para los policías”, añade.

Pero un problema para discernir si las actuaciones que hacen los Mossos con el foam son correctas es que nunca se han difundido las instrucciones del cuerpo catalán para esta herramienta. “Una porra también puede ser muy lesiva, pero sabemos que no se puede utilizar por sobre la cadera. No sabemos si la mala praxis con el foam contradice la norma porque desconocemos qué dice”, critica Martínez, que lamenta que el departamento de Interior se haya negado a facilitar el protocolo de la lanzadora alegando que afectaría a los operativos policiales. El Síndic de Greuges, como las entidades, se suma a la petición de consultar las instrucciones, y tanto Irídia como Amnistía Internacional reclaman clarificar el control. García Berrio recuerda que en las manifestaciones de octubre del 2019 por la condena a prisión de los líderes independentistas ya se detectó un mal uso del foam, y echa de menos “un mensaje político de tolerancia cero”.

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Pocos efectivos activados

Desde dentro de los Mossos se vive muy diferente. Los sindicatos lamentan que una chica haya perdido un ojo en las protestas por Hasél, pero insisten que todavía no se ha aclarado que sea por una bala de foam. El portavoz de Fepol, Toni Castejón, considera que los antidisturbios tienen pocas herramientas “para mantener la distancia cuando se les lanza de todo”. Castejón remarca que esta fue la conclusión a la cual llegó la auditoría que hizo Interior después de las concentraciones de octubre del 2019 a pesar de que a la policía “no se le ha dotado de nada más”. El portavoz de Uspac, Albert Palacio, añade que el orden público “tiene que tener unas herramientas para frenar la violencia que no sea el cuerpo a cuerpo”. El sindicato SABE-Fepol también cuestiona que esta semana no estén activados todos los agentes antidisturbios de los Mossos y apunta que solo trabajarían cerca de la mitad de los efectivos.

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Castejón apuesta por plantear el uso otras herramientas, como el cañón de agua o el gas pimienta: “El problema es que nadie lo quiere asumir”. Asegura que las pelotas de goma –que en Catalunya no pueden usar los Mossos pero sí otros cuerpos, como la Policía Nacional– tienen un efecto “más disuasorio por el ruido”, pero no pide que vuelvan, sino que les den más recursos. De hecho, la policía catalana conserva las escopetas de las balas de goma para disparar salvas, que hacen ruido para dispersar, aunque Castejón dice que solo son útiles “en un primer momento”. Palacio valora que el destrozo en la comisaría de Vic demuestra que al cuerpo le falta equipamiento de orden público. Aparte de echar de menos un apoyo político y de los mandos, concluye que “no se puede hacer frente a las manifestaciones violentas con una rosa en la mano”.