Salud

Así se prepara Barcelona para el problema de visión que afectará a la mitad de la población en 2050

La nueva consulta en la Vall d'Hebron reúne a especialistas de retina y glaucoma para diagnosticar y tratar los casos más complejos de miopía

Sebastián Marín
29/07/2026 - 13:28 h.

BarcelonaXavier Pàmies, traductor de 66 años, sufrió en 2007 un desprendimiento de retina mientras estaba de vacaciones en el norte de Europa. "Estas cosas siempre pasan en verano", explica entre risas. Pero el incidente fue grave y requirió una intervención de urgencia en el Hospital de la Vall d'Hebron. Tras dos operaciones de retina, dos de cataratas y un diagnóstico tardío de glaucoma, ahora este paciente se encuentra estabilizado y mantiene una visión "razonablemente buena entre ambos ojos". Él es uno de los más de 200 pacientes que han pasado por la nueva Unidad de Miopía de Vall d'Hebron, integrada en el Servicio de Oftalmología y ubicada en el Parc Sanitari Pere Virgili; un servicio que tiene como objetivo dar respuesta a una condición que se estima que afectará a la mitad de la población en el año 2050.

Desde septiembre de 2024, esta unidad atiende casos complejos de este defecto visual como el de Xavier. Él padece miopía magna, un problema de visión superior a las seis dioptrías, que, a diferencia de la miopía leve (de 0,5 a 3 dioptrías) o la moderada (de 3 a 6 dioptrías), requiere un seguimiento estricto por el riesgo de desarrollar complicaciones y pérdida de visión con el paso de los años. La nueva unidad es pionera porque se concentran en ella todas las pruebas y las valoraciones de los especialistas "con un abordaje multidisciplinar". Todo se hace en un mismo espacio, lo que permite hacer diagnósticos más precisos y mejores valoraciones, según explica el equipo de Oftalmología del hospital.

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La unidad no está pensada para cualquier persona con miopía. El perfil que busca es muy concreto: pacientes con miopía alta, es decir, con una longitud axial del ojo superior a los 26 milímetros o más de seis dioptrías. "Son los que presentan, sobre todo a mayor edad y a más dioptrías, más complicaciones retinianas y más incidencia de glaucoma", explica la doctora Anna Boixadera, especialista en vítreo-retina. El riesgo aumenta especialmente a partir de los 50 años, cuando "la incidencia de complicaciones sube", aunque la evolución no es igual para todos. "Puede que tengas muchas dioptrías y que no sufras complicaciones", admite la experta, que añade que aún no se conocen del todo los factores que explican esta progresión.

La principal novedad del modelo asistencial del Vall d'Hebron es que retina y glaucoma dejan de funcionar como dos circuitos separados. Los pacientes son valorados conjuntamente por especialistas de las dos áreas, que comparten las pruebas y deciden de manera consensuada el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento. "El paciente, en lugar de venir un día a un especialista y un día a otro, viene con los dos", resume Boixadera. La reorganización también aprovecha el nuevo equipamiento del Servicio de Oftalmología, con retinografías de campo ultraamplio y tomografías de coherencia óptica (OCT), que ayudan a estudiar con más precisión las deformidades propias de los ojos con miopía magna y anticiparse a posibles complicaciones.

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El reto del glaucoma

Una de las prioridades es evitar que el glaucoma –el daño del nervio óptico que puede hacer perder la visión– pase inadvertido. La especialista Marta Castany explica que los grandes miopes a menudo llegan con lesiones en la retina ya identificadas, pero con el glaucoma sin diagnosticar. El motivo del retraso es que, a diferencia de los problemas de retina, "no da síntomas". De hecho, muchos pacientes desarrollan un glaucoma de baja presión, que "no se detecta ni en la óptica" porque la presión intraocular es aparentemente normal. Cuando aparecen las primeras señales, la enfermedad acostumbra a estar avanzada y ya hay una pérdida del campo visual periférico.

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El caso de Xavier es un ejemplo. Tras años de seguimiento por las complicaciones derivadas de los desprendimientos de retina, en 2020 empezó a notar que veía peor. Pensó que el problema era el cristalino artificial implantado después de las operaciones de cataratas. "Pero me dijeron que tenía un glaucoma avanzado", recuerda. El tratamiento con drenajes en ambos ojos ha permitido estabilizar la enfermedad, aunque todavía convive con una afectación diferente en cada ojo y ha dejado prácticamente de conducir. "Trabajo traduciendo delante del ordenador y lo sigo haciendo", explica, satisfecho de haber conservado una visión funcional.

La necesidad de este tipo de unidades también responde a una tendencia demográfica. Según Boixadera, la prevalencia de la miopía continuará aumentando en las próximas décadas hasta afectar a la mitad de la población en el año 2050. "El tema de las pantallas es lo que hace aumentar la incidencia de gente que será miope", apunta. Aunque en niños hay estrategias para frenar su progresión, como fomentar las actividades al aire libre o algunos tratamientos específicos, advierte que "una vez hay una miopía establecida en un adulto, prevenciones no tenemos". Por eso, la detección precoz de las complicaciones es el principal margen de actuación.