Vall d'Hebron realiza el primer trasplante de cara del mundo de una donante que recibió la eutanasia
En todo el mundo se han realizado 54 intervenciones de este tipo y sólo una veintena de centros tienen capacidad para ser trasplantadores faciales
BarcelonaAntes de llegar al Vall d'Hebron, Carmen sólo había oído la palabra no cuando la visitaba un médico. Mientras era de viaje a Canarias sufrió una infección que le provocó una necrosis en los tejidos de la cara y la inhabilitó por completo. No podía comer ni beber, tampoco respiraba bien, estaba desfigurada. "Físicamente, era bastante desagradable", recuerda la paciente, que pasó por tres unidades de cuidados intensivos (UCI) diferentes sin ninguna alternativa hasta que conoció a Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Vall d'Hebron, que le propuso realizar un trasplante de cara. "Era la única solución para llegar a hacer vida normal; el doctor Barret es mi ángel de la guarda", dice emocionada la paciente cuatro meses después de la operación.
"Ahora salir a la calle no me importa, vuelvo a comer, puedo tomar café. Vuelvo a hacer vida normal", explica Carmen. El trasplante de cara es una intervención muy compleja y sólo se han realizado seis en todo el Estado, la mitad de ellas en el Vall d'Hebron. De hecho, el hospital catalán se convirtió en el primer centro del mundo en realizar un trasplante total de cara al año 2010. Esta vez ha sido el primer trasplante parcial de cara del mundo con una donante que recibió la eutanasia y que decidió dar sus órganos y tejidos, también la cara.
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En todo el mundo se han realizado 54 trasplantes de cara, y sólo una veintena de centros tienen capacidad para ser trasplantadores faciales. En la operación de Carmen participaron un centenar de profesionales de diferentes especialidades. Se trasplanta piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara: la cirugía es de máxima complejidad, ya que las estructuras a reconstruir son pequeñas y tienen una estructura tridimensional compleja. La operación puede durar entre 15 y 24 horas en total. "No se trata sólo de colocar tejidos blandos para dar una apariencia normal. Esto sería un fracaso de trasplante. Esta operación se realiza para dar función y sensibilidad", explica Barret.
El trasplante de cara es una cirugía funcional que se lleva a cabo cuando el paciente ha perdido zonas del rostro como los músculos orbiculares de la cara y los ojos y no se pueden restituir con otras técnicas quirúrgicas habituales. Los receptores son pacientes con desfiguración facial grave a consecuencia de enfermedades, quemaduras, traumatismos o defectos congénitos que afectan a funciones vitales básicas. "Una cara que no se sienta y no se mueva no es más que una máscara. Estamos hablando de estructuras con todo tipo de tejidos, con músculos y nervios, algunos con diámetros de 0,2 milímetros, que deben encontrarse y conectarse", explica Barret.
Planificación 3D
La ley de eutanasia en España, que entró en vigor en junio del 2021, abrió una nueva posibilidad para los trasplantes y también cambió un poco su paradigma, ya que los coordinadores de los programas pueden entrevistarse con el posible donante en casa. En este trasplante, una vez que la donante recibió la autorización de la prestación de ayuda para morir (PRAM), los profesionales del hospital planificaron la intervención y, de hecho, también ha sido el primer trasplante de cara del mundo en el que se ha podido realizar un modelo 3D tanto en la donante como en la receptora.
La donante era una mujer que había solicitado la eutanasia y que había expresado la voluntad de ser donante también de la cara si era necesario. Ella habló con el equipo trasplantador. "No hay palabras para expresar la intensidad emocional y magnitud del momento. Lo único que quería la donante era saber si podía dar la cara", explican los profesionales. De hecho, aparte de la cara, también dio los pulmones, el hígado, los riñones y todo tipo de tejidos para personas que los necesitaban. "A veces encuentras una luz que te permite salir adelante", dice Carmen, que insiste en dar las gracias a todo el equipo del Vall d'Hebron y, sobre todo, a la donante y su familia.