Alerta policial por el auge de clínicas de estética clandestinas
La Guardia Civil detiene al líder de un grupo que hacía tratamientos irregulares y enviaba a otros países botox no homologado por Europa
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BarcelonaTenían 2.400 seguidores en Instagram, desde donde ofrecían por el mismo precio un pinchazo de bótox y otro de ácido hialurónico en los labios para que quedaran más voluminosos. La cuenta publicaba ofertas y lotes de ahorro y abundaban respuestas y comentarios de clientes aparentemente satisfechos con los tratamientos estéticos recibidos. Pero todo era un engaño. La clínica no era un local al uso, sino un piso, y en la calle no se anunciaba que fuera un centro médico. Dentro, colgados en las paredes, había varios diplomas, todos falsos. El bótox que pinchaban no tenía ninguna garantía médica, y quien lo administraba no tenía ninguna formación en medicina.
Después de un año de investigación, la Guardia Civil ha desarticulado tres clínicas estéticas clandestinas, ubicadas en Reus, en Valencia y en Alicante. Además, en casa del principal investigado, que ha quedado detenido, encontraron un almacén de fármacos ilegales, que no habían pasado las garantías de la Unión Europea. Estos medicamentos estéticos no solo los inyectaban en sus clínicas, sino que también los distribuían a otros países de Europa, sobre todo al Reino Unido y Lituania. En total los agentes han requisado 1.248 viales de toxina botulínica (simplificado como bótox) y 382 jeringuillas de ácido hialurónico.
Las clínicas clandestinas que prometen tratamientos estéticos a un precio más bajo están proliferando por el éxito de la promoción en las redes sociales. "Los tratamientos estéticos están en auge, especialmente entre la juventud", ha afirmado el delegado del gobierno español en Cataluña, Carlos Prieto, en una rueda de prensa este miércoles por la mañana para explicar el operativo que ha permitido desarticular el grupo. De hecho, el delegado ha indicado que las operaciones estéticas han aumentado un 200% en los últimos 10 años y que el 2% de los clientes actualmente son menores.
La Guardia Civil está intentando atacar estas clínicas clandestinas desde hace unos meses, tal como ha explicado el teniente coronel Jordi Verger, jefe de la comandancia de la Guardia Civil en Tarragona. "Todas las personas que legítimamente quieren hacerse un tratamiento estético deben asegurarse bien de las clínicas a las que se dirigen", ha avisado Prieto. De momento no se han detectado víctimas –personas que hayan sufrido secuelas médicas de los tratamientos– a causa de la actividad de este grupo criminal. Pero la investigación todavía no ha acabado.
Ciberpatrullaje en las redes
Las redes sociales fueron la semilla de esta investigación policial. El capitán David Herreras, jefe de la unidad orgánica de policía judicial de la Guardia Civil en Tarragona, ha explicado que mientras hacían ciberpatrullaje –monitorización constante de internet, de las redes sociales y de la deep y la dark web para identificar actividades delictivas–, detectaron una clínica en Reus que prometía tratamientos estéticos a precios muy bajos. En las redes sociales –que ya no tienen activas– enseñaban los fármacos que utilizaban, y eso hizo que la Guardia Civil pudiera confirmar que venían de China, que no estaban homologados y que también se utilizaban en dos clínicas más, una en Burjassot (Valencia) y una en El Pilar de la Foradada (Alicante).
Todo era muy sospechoso: las clínicas estaban en pisos y detrás no había ninguna empresa ni ningún autónomo. Además, confirmaron que los supuestos médicos no tenían ninguna titulación. Es decir, también era un caso de intrusismo profesional.
Todo ello hizo que el 8 de abril comenzara una operación que acabó con la detención del principal líder. También hay tres personas más investigadas. Era una banda que estaba en auge, intentando expandir su negocio, y que hacía más de 2.000 envíos de medicamentos estéticos cada año.
Toda la mercancía se movía desde un almacén de Alicante, ubicado en casa del líder del grupo, que estaba activo al menos desde 2017. Todos los pagos de los clientes eran en efectivo –la Guardia Civil requisó más de 4.000 euros en billetes– y ahora investigan si blanqueaban estos ingresos de alguna manera. Además, aparte de utilizar material sin garantías y hacerlo administrar por personas sin título, también arrojaban todos los restos químicos a la basura de la calle.