Temporal de viento

"Me imaginaba un huracán": el viento vacía Barcelona de coches y clientes

La ciudad vive las restricciones como si fuera un domingo: hay niños en la calle y algunos negocios cierran

Un árbol caído por el viento en la calle Gandesa, en Barcelona
12/02/2026
3 min

BarcelonaMientras ordena unos plátanos, un frutero del Eixample barcelonés dice que no había para tanto. Que imaginaba un "huracán" viendo los avisos de emergencia de la Generalitat. "De viento hace", comenta resignado, porque hoy tiene mucha menos clientela y no puede mostrar tanta fruta en la entrada del negocio, por miedo a que vuele. El propietario de un gimnasio cercano también está enojado porque un trabajador le ha dicho por la mañana que no iría. Que hacía demasiado viento para salir de casa. Se queja por que el empleado no vive muy lejos del local.

Pero el viento entra sin avisar y mueve las cosas muy deprisa. Un hombre mayor camina ayudándose de un bastón por la calle Consell de Cent. El abuelo avanza en dirección Besòs y el viento ataca por el Llobregat. Un cartel que anuncia pizzas napolitanas –una puerta piña– se desfija y vuela, bajo la atenta mirada de un pizzaiolo que estira masas y ve a través de la ventana cómo el cartel se acerca peligrosamente al anciano. Por suerte, pasa por su lado a pocos centímetros y no deben lamentarse daños. Un camarero sale rápidamente y pide disculpas. Promete que no volverán a colgarlo.

Barcelona ha vivido el temporal de viento de este jueves como si fuera una mañana del domingo. Por las calles hay menos coches –han entrado en la ciudad unos 100.000 vehículos menos de lo habitual–; hay negocios cerrados, y muchas oficinas –como la de gestión empresarial de la Generalitat– están vacías. Las obras no funcionan por prevención y hay silencio, sólo roto por niños –algunos disfrazados de Carnaval– que corren por las calles liberadas de la jornada escolar y acompañadas de sus padres.

Pero el silencio también lo rompe el sonido frecuente de ambulancias y de bomberos yendo a atender emergencias. Barcelona también ha vivido este jueves como si fuera un domingo porque en algunos puntos se acumulan desperdicios, como bolsas y botellas de plástico, en este caso movidas por el viento y no por la vida nocturna de los sábados. Hay ramas por doquier y el aire es más espeso que de costumbre por el polvo y el polen.

Jueves Lardero descafeinado

Una chica corre por la calle Consell de Cent mirando arriba. Dice que así vigila que no le caiga nada. Por suerte, no tiene el viento de frente. Las trabajadoras de un horno también lamentan que ha bajado mucho la clientela. Es mediodía y casi lo tienen todo por vender. Están preocupadas por las tortas de chicharrones, por si hoy, que es Jueves Lardero, no tienen salida. No ocurre lo mismo en las charcuterías, donde se hacen colas para comprar látigos y butifarras. "El viento no puede con el Jueves Lardero", celebra la dependienta.

Las terrazas de los bares están vacías y algunos han optado directamente por sacarlas. "Una clienta que viene cada mañana no ha podido venir porque su cuidadora ha tenido que quedarse en casa por el viento", explica la propietaria de una vermutería de la calle Muntaner. El viento sopla fuerte a ratos y sobre todo se nota en avenidas amplias, como la Gran Via de les Corts Catalanes. En otros puntos de la ciudad, el aire se llevó tejados, derribó muros y levantó árboles, dejando al menos dos heridos graves. Unos semáforos han dejado de funcionar y varios agentes de la Guardia Urbana gestionan el tráfico. "Que ha habido un gran apagón hoy también", dice, irónico, un vecino que atraviesa cuando el policía le da paso soplando el silbato.

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