"Es su salvadora": la historia del rescate de Ana en Adamuz
Trabajadores del Hospital Reina Sofía describen el dispositivo del domingo por la noche para atender a los heridos del siniestro ferroviario
Córdoba"Estaba en casa cuando me enteré del descarrilamiento de trenes", explica Ana. Ya era de noche y esta vecina de Adamuz (Córdoba) ya iba con pijama, pero con su pareja, Francisco, ni se lo pensó: cogieron el coche y se acercaron al máximo hasta las vías en las que se acababa de producir la tragedia ferroviaria. "Había mucha gente gritando, una mujer a punto de morir, más gente bajando de los vagones, llenos de sangre, algunos inconscientes…", recuerda. A estas alturas todavía no entiende cómo fue capaz de quedarse y ayudar a los heridos. "Normalmente, con una gota de sangre ya me desmayo", admite.
Mauricio no duda en decir que Ana y Francisco son los "salvadores" de su madre. "Le acaban de dar el alta", explica, este martes, a las puertas del Hospital Reina Sofía de Córdoba. Todavía está nervioso y le tiemblan un poco las manos, consecuencia de haber pasado dos noches muy duras. Pero hoy sonríe. Su madre, que también se llama Ana, viajó el viernes a Málaga para ver a la familia y celebrar el cumpleaños de unas amigas. El domingo volvía en tren hacia Madrid, donde vive con su hijo y su marido, también Mauricio. Su madre le ha explicado que, de repente, notó que en lugar de transitar sobre las vías lo hacían sobre piedras y que su vagón se inclinaba hasta volcar. Recuerda todavía cómo había pasajeros cerrando los ojos, rindiéndose. En cambio, ella vio la cara de Ana, que se había saltado un control de seguridad para llegar hasta el vagón.
La madre de Mauricio intentaba salir del convoy con un fuerte ojal en la cabeza. Sangraba mucho y había tenido que hacerse un nudo con el jersey para evitar que saliera más. Ana la cogió, junto a otras dos pasajeras, y las llevó en coche hasta el hospital Reina Sofía. "Parecía que se desmayaba, no paraba de hacerle preguntas para que estuviera despierta", va recordando la vecina de Adamuz. Una vez en el hospital, se quedó con ella, a su lado, en pijama, hasta que llegaron Mauricio padre y Mauricio hijo, al que habían podido llamar previamente. Mientras estaba en el hospital, Ana dice que todavía sueña con la tragedia y su cabeza le recuerda los cadáveres de quienes le acompañaban en el tren cada vez que cierra los ojos.
"Tiene el alta, tiene el alta", dice el hijo por el móvil sonriendo aún en la puerta del hospital. Al otro lado del teléfono está Ana, la heroína de su madre. Ambos bromean que se reencontrarán en Madrid, donde la pareja "siempre tendrá una casa".
Tristeza y esperanza
Hace dos días que la tristeza y la esperanza se mezclan más intensamente que nunca en el Reina Sofía de Córdoba, el centro sanitario al que han ido a parar unos setenta heridos como Ana, sobre todo los de mayor gravedad. De ahí que la pregunta más repetida a las personas que deambulan fuera del recinto es si están ahí por el accidente ferroviario. "No, tengo a mi marido ingresado por la presión", responde María. "No, sólo tenía que hacerme un análisis", comenta Pedro. "Sí, estoy por el accidente. Un familiar mío ha muerto. Entiendo tu trabajo, pero no quiero hablar". Esta última respuesta la da un joven en la entrada de urgencias. Pocos segundos antes hablaba por teléfono, visiblemente emocionado, diciendo que mucha gente les estaba llamando y agradecido.
Hay imágenes de felicidad como la de Ana y los dos Mauricios o la de las madres que salen con su hijo después de parir. "Vigilamos que no le dé mucho el sol", comentan. O de abuelas que esperan que la cesárea de su nieta haya ido bien. Son historias de vidas que comienzan. Al mismo tiempo, otros acaban. Fidel se ha detenido a hablar un momento con los periodistas. El suyo es un testimonio sobrecogedor, ya que ha perdido a su madre en el accidente y su hermano está ingresado en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Cuando le han desintubado, le ha tenido que explicar que la madre ya no está.
La escena contrasta rápidamente con el momento de alegría de algunos asistentes al hospital —que nada tienen que ver con el siniestro ferroviario— al saber que los reyes de España visitarían el centro sanitario. El joven que hablaba por teléfono visiblemente emocionado tras conocer la pérdida de un familiar ha quedado rodeado de personas que lo celebraban: "Que venden los reyes, que venden los reyes", repetían. Una cincuentena de personas esperaron la llegada de los monarcas a la puerta de urgencias, el mismo acceso por el que entraron el domingo por la noche decenas de heridos.
Primeras altas hospitalarias
Rosa llamó a una ambulancia el domingo porque su marido notó dolor en el pecho. Emergencias llegó en pocos minutos. "Si llegas a llamarnos diez minutos más tarde no habríamos podido venir, ha habido un accidente muy preocupante en Adamuz", le comentó el personal sanitario. Ya en el hospital, desde la zona de urgencias, esta mujer fue testigo de la terrible procesión de literas y más literas que entraban con heridos del accidente ferroviario, algunos de ellos con miembros amputados.
Un responsable del centro admite que nunca habían vivido nada como esto. "Dentro del descontrol, pudimos organizarnos", matiza. La mayoría de los heridos iban indocumentados y poco después empezaron a llegar las familias. "Les pedían que enseñaran una foto del herido y la comparaban con su cara para dejarles pasar a verle", ejemplifica. Muchos enfermeros y médicos que no trabajaban acudieron al hospital para ayudar y este martes la dirección del centro ha hecho llegar un mensaje de agradecimiento.
Esperas en el hospital
Ahora que muchos de los afectados ya están en planta, la situación se está normalizando. En medio del drama, comienzan a saberse las primeras buenas noticias, como el alta de un afectado de nacionalidad sueca. Los medios de ese país le estaban esperando en la puerta del hospital a primera hora de la mañana. Ha salido en silla de ruedas. Hay otros pacientes que sí reciben el alta, pero esperan en el hospital que sus familiares se mejoren. Es el caso de Ana. Su hermana, Raquel, está embarazada de cinco meses. Según un amigo de la familia, Alberto, Raquel sigue inconsciente y el bebé, en principio, "está bien". Esta familia sigue buscando a Boro, el perro que les acompañaba y que desapareció tras el choque. Se sentaba junto a Raquel. Todos venían de pasar un fin de semana en Málaga, donde vive su abuela.
El choque precedió a un caos absoluto. El sargento Paco de la Guardia Civil llegó al lugar de los hechos y vio cómo, de lejos, iban saliendo supervivientes. No imaginaba que un vagón había ido a parar tantos metros más allá, explican fuentes policiales. Fue y vio a una niña de seis años caminando junto a una adolescente. No se conocían. En ese mismo momento, salió del convoy María. Era víctima, pero es también agente de la Guardia Civil. Y una coincidencia: conocía a un familiar de la niña de seis años. Así, la llevó hasta un sitio seguro y habló con sus familiares para que la recogieran. La criatura estaba en el tren con cuatro miembros de su familia y venían de ver al Real Madrid. Todos murieron.
A estas alturas todavía hay 43 denuncias por desapariciones, y todavía hay tareas de búsqueda y excarcelación pendientes de realizar en el lugar de los hechos, en concreto en la zona donde se descolgó el tren. Mientras continúa esa búsqueda incesante, los cordobeses también se volcaron con el accidente. Sergio acude a primera hora a la comisaría de la Guardia Civil para donar sangre. También lo hace Antonio. La respuesta que reciben es que ya les basta.