"El turismo de irse el fin de semana a hacer una pizza a Florencia es un disparate"
ARA y el IEC organizan el acto 'De las vacaciones pagadas al turismofobia' para buscar soluciones ante el turismo masivo
BarcelonaProblemas de vivienda, saturación de servicios públicos, colapso de carreteras, cierre de negocios locales y un aumento disparado de trabajos poco cualificados y mal remunerados. Es el resultado del "todo vale" y del "solo importa crecer y hacer caja" de la explosión desorbitada del turismo en las Baleares, pero también en ciudades como Barcelona o Florencia. Cómo regular el turismo –sin renunciar a él, pero sin morir de éxito– y cómo minimizar los daños de una de las grandes industrias globales son los temas que han abordado el catedrático de economía de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Guillem López Casasnovas y la geógrafa de la Universitat de les Illes Balears Joana Maria Seguí en el acto De las vacaciones pagadas a la turismofobia, organizado por el diario ARA y el Institut d'Estudis Catalans (IEC) y moderado por la subdirectora del ARA Elena Freixa.
"Mejor tener turismo que no tenerlo. Pero, alerta, porque tenerlo mucho es peligroso; hay que tener turismo con cuidado", ha comenzado advirtiendo López Casasnovas, que también es miembro del IEC y ha participado en la creación del ya famoso Informe Fènix que cuestiona el modelo económico catalán. En este sentido, el economista ha dicho que la situación actual con el turismo –y que acaba generando turismofobia– se debe, entre otras cosas, a dos fenómenos. Por un lado, es una actividad económica que crece a partir de la mano de obra, ya que los servicios no cuentan con mucha tecnología. Y por otro, es un sector que ha crecido tanto que "ha de competir en precios porque la productividad es muy difícil de levantar". La manera de competir ofreciendo precios más baratos es bajar los salarios y, en el Estado, esto se ha conseguido a través de los inmigrantes que están "dispuestos" a cobrar menos por su situación.
Aquí, según López Casasnovas, todavía hay que añadir un factor más: "Para el Estado, el volumen de turistas es muy importante". "Solo importa crecer y hacer caja. Crecemos en volumen, pero no en calidad de vida", ha alertado Joana Maria Seguí. La geógrafa, y también miembro del IEC, ha ejemplificado el desbordamiento turístico que sufren las Baleares con diversos datos que muestran "la presión [del turismo] sobre el territorio". "El turismo y el transporte aéreo se ha triplicado de 1990 a 2025; desde 1985 la población que reside prácticamente se ha duplicado para hacer frente al turismo y al sector servicios, en Ibiza y Formentera los vehículos han aumentado más de un 100% desde 1998...", ha ido enumerando Seguí, para, finalmente, resumir: "Las cifras son espeluznantes".
Además, la geógrafa insiste en que todo esto impacta en la vivienda, en forma de competencia feroz entre el alquiler de vivienda para vacaciones y la necesidad residencial. "Provoca efectos brutales como gente viviendo en caravanas y asentamientos ilegales. También en el sistema sanitario, que está sobrepasado, y en el educativo, que cada año necesita aulas nuevas [en Baleares]".
El antídoto: ¿dejar de subvencionar el low-cost?
Ante este escenario, la pregunta a los dos expertos era evidente: ¿cómo lo abordamos? ¿Qué soluciones hay? Seguí advierte que "muchas" localidades que ya han tomado medidas, como crear zonas de bajas emisiones para residentes o la reducción de entrada de vehículos, ante el hecho de que "los turistas no van en transporte público, sino en coches de alquiler". Aun así, pide dar un paso más con la promoción de ordenanzas, por ejemplo, para garantizar el acceso prioritario de los residentes al transporte público.
Por su parte, López Casasnovas pide, directamente, tratar el problema de los viajes low-cost. "El turismo de ir el fin de semana a hacer una pizza a Florencia es un disparate", advierte. Asegura que nos encontramos en un momento en que el Estado subvenciona estos viajes "porque las empresas no se hundan" y que este es el primer punto que hay que cambiar. En este sentido, apunta a la realidad de que hoy en día "nuestros jóvenes que no tienen capacidad de ahorro para acceder a una hipoteca el único bien de lujo que tienen es viajar. Además, también asegura que la "presión" por viajar como una forma de lujo y como uno de los "únicos placeres" que se pueden permitir gracias a las ofertas low-cost ha aumentado, y esto no aporta crecimiento "de calidad" a la economía de un país.
"El turismo puede cambiar. En lugar de picotear por aquí y por allá... si el coste de ir a un lugar es muy alto porque el transporte es caro y los hoteles tienen un precio fijo, se buscarán destinos donde estar más días para amortizar el precio del viaje", insiste el economista, que concluye que esto podría aliviar la presión turística porque no habría tanta gente yendo "a todas partes".