Vivir todo el verano en una cabaña al pie del Comanegra cuidando 700 ovejas
Víctor Rojas Orcalla es un pastor que de junio a septiembre lleva su rebaño a los prados de la Alta Garrotxa siguiendo los caminos tradicionales de la trashumancia
Rocabruna (Ripollès)A principios de junio, cuando llega el calor, el pastor Víctor Rojas Orcalla emprende una larga ruta a pie desde el cabo de Creus hasta la Alta Garrotxa, guiando un rebaño de cerca de 700 ovejas por los caminos tradicionales de la trashumancia. Las lleva a los prados verdes bajo el Comanegra, el pico de las Bruixes y el coll de Sant Marc, donde permanecen todo el verano refugiadas de las altas temperaturas. El pastor las cuida en la montaña durante tres o cuatro meses, en compañía de nueve perros, y pasa la mayoría de las noches en una pequeña barraca modular bien acondicionada en la base de la cumbre. Más abajo, en el pueblo de Rocabruna, Rojas también tiene una habitación en la masía de Bocabartella donde los masoveros lo acogen siempre que lo necesita.
La barraca está equipada con cocina y placas solares. Rojas sube provisiones y puede hacer vida autosuficiente. Al lado tiene el redil de mallas eléctricas donde el ganado pasa la noche. Cada mañana, el ganadero abre las vallas y lleva a los animales a pastar. Sin relojes ni horarios fijos, el ritmo lo marcan las ovejas y la meteorología. Si es necesario, salen de madrugada o alargan hasta medianoche. "Este oficio prácticamente no ha cambiado en mil años. El pastor es el animal que más se parece al hombre", dice con sorna Rojas. El pastor pasa muchas horas en soledad, con muchos momentos contemplativos rodeado de animales y naturaleza, y, con el tiempo, ha elaborado un discurso y unas reflexiones muy profundas sobre su oficio.
El nombre del rebaño, Arkàdia, es una buena muestra. Hace referencia al jardín bucólico de la tradición griega clásica, en el que la figura humana por excelencia era el pastor. "Si la Arkàdia es un paraíso después de la muerte, yo lo estoy disfrutando en vida. El trabajo del pastor es muy sacrificado, pero también lleno de endorfinas. Veo las mejores puestas y salidas de sol. Me siento un privilegiado, como un rey", explica.
"No tengo 37 años, sino que he visto ocho generaciones de ovejas"
Fruto de esta manera tan intensa de vivir y de entender la vocación, el vínculo de Rojas con cada una de las ovejas de su rebaño es fuerte y especial. "Yo no digo solo que vivo de ellas. También vivo con ellas y para ellas. Cuando las crías y puedes cruzar el país desde el cabo de Creus hasta el Comanegra, silbas y todas vienen y te siguen, generas un vínculo que cuesta mucho de explicar si no se vive en primera persona. Es tan estrecho que no las vemos como algo lucrativo. Si un lobo las ataca, yo no quiero que me paguen las ovejas que me matan. Yo lloro. Les pongo nombres", reconoce Rojas.
De las 700, tiene la Bicicleta y la Antonia, madre de la Antonieta. También la Pitufa, que tuvo la Pitufina, y la Trufa, que parió la Llufa, y así sin parar. "Los animales nacen, viven y mueren constantemente. Vivimos el ciclo de la vida. Yo no digo que tengo 37 años, digo que he visto ocho generaciones de ovejas. He conocido a la madre, la hija, las he escogido, he visto como nacían y como morían", sentencia.
Hasta las montañas de la Garrotxa o los Pirineos, la mayoría de los rebaños que hacen trashumancia son de vacas. Y, al pie del Comanegra, aunque es poco habitual, reina la buena convivencia entre bóvidos y bovinos, aunque las vacas necesitan mucha más agua que las ovejas y a veces secan las balsas.
La vida de los pastores tradicionales como Víctor Rojas es esencialmente nómada, siempre en movimiento siguiendo las estaciones en función de las necesidades de los animales. Por eso, este año su rebaño lleva la marca de pueblo amazic, en un gesto de hermanamiento y reivindicación de un pueblo apátrida, vinculado a las formas tradicionales de agricultura y ganadería. Tras pasar el verano en la Alta Garrotxa y una vez hayan nacido las crías, el rebaño de Rojas inicia el descenso hacia el Empordà, donde pasará todo el otoño y todo el invierno, en la bodega de la Vinyeta, en Masarac. Allí las ovejas contribuyen a podar las viñas. En primavera vuelven al Cap de Creus, para ayudar a mantener las franjas de prevención de incendios. Y, cuando vuelve el calor, emprenden otra vez el camino hacia la Garrotxa. Y así, sucesivamente.
Barraca modular de pastor
- 12 m2Vive una persona durante los meses de trashumancia de verano.Al pie de la cima del Comanegra (1.557 m).