Historias empresariales

La aventura balnearia en las comarcas de Tarragona

El antiguo Balneario de Cardó despertó el interés del Grupo Pascual, con un proyecto de lujo que finalmente no se ejecutó
16/09/2026 - 08:22 h.
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La historia de los balnearios está estrechamente ligada al aprovechamiento de las aguas medicinales y a la evolución de los antiguos espacios de baño hacia nuevos centros de salud, descanso y veraneo. Fueron también una nueva actividad económica y una auténtica industria, que supo convertir las propiedades de las aguas en un negocio vinculado tanto a la estancia de los bañistas como a la comercialización de sus productos. Algunos establecimientos llegaron incluso a embotellar sus aguas para comercializarlas. Una parte de estos establecimientos tenía su origen en fuentes conocidas desde hacía siglos, mientras que otros nacieron a raíz de la expansión de la cultura balnearia que, durante la segunda mitad del siglo XIX, se extendió por Europa.

En nuestras comarcas, uno de los ejemplos más antiguos es la Fontcalda, en Gandesa. El lugar, vinculado durante siglos al santuario y a las peregrinaciones, ya atraía a personas que acudían para tomar baños y buscar alivio para diversas enfermedades. En el siglo XIX, el lugar se transformó progresivamente en un establecimiento termal. De propiedad municipal y explotado mediante arrendamientos, a comienzos del siglo XX vivió una etapa de mayor esplendor. La Guerra Civil, sin embargo, interrumpió esta actividad.

El gran impulso de la nueva industria balnearia llegaría a Cardó. El antiguo convento de los carmelitas descalzos fue reconvertido en 1866 en balneario por iniciativa de los empresarios tortosinos Barberà, Cento y Abarcat. Las aguas medicinales fueron declaradas de utilidad pública en 1887. El establecimiento fue adquiriendo una dimensión cada vez mayor y, a comienzos del siglo XX, se convirtió en un importante centro de veraneo, con hotel y diferentes servicios. Durante la Guerra Civil, Cardó fue convertido en hospital del ejército republicano. Después de la contienda recuperó la actividad y funcionó hasta el cierre definitivo en 1967. La explotación comercial de los manantiales mediante el embotellado de agua es posterior. Diferentes empresas iniciaron esta actividad a partir de 1974, convirtiendo las aguas de Cardó en un producto destinado al consumo fuera del balneario. El año 1981 la explotación pasó a manos de Nestlé, y posteriormente participaron otras empresas, hasta que la actividad embotelladora se detuvo. Ya en el siglo XXI, el Grupo Pascual proyectó la rehabilitación del conjunto para convertirlo en un hotel de cinco estrellas con un nuevo balneario. El proyecto, que llegó a superar diversos trámites administrativos, finalmente no se llegó a ejecutar.

En la Cuenca de Barberà, las aguas ferruginosas de las Masies de l’Espluga de Francolí generaron otro importante núcleo balneario. A partir de mediados del siglo XIX, la presencia de fuentes ricas en hierro y manganeso favoreció la construcción de hoteles y establecimientos para acoger a los bañistas. Pere Antoni Torres Jordi impulsó el complejo de Villa Engràcia, que se convertiría en uno de los principales centros de veraneo de la zona. El proyecto fue incorporando nuevos edificios y servicios hasta que, en 1910, se transformó en el Gran Hotel Villa Engràcia.

Rocallaura, aunque hoy pertenece administrativamente a Lérida, forma parte del ámbito histórico relacionado con las aguas de la Cuenca. El primer proyecto del balneario se inició en 1908, pero las obras quedaron interrumpidas en 1916. Finalmente, las instalaciones se inauguraron en 1924, después de una ampliación de la masía existente por parte de la familia Vilanova Marquès. El interés del farmacéutico reusense Arturo Punyed por los proyectos balnearios y por las aguas minerales embotelladas le llevó a invertir en Rocallaura y a comercializar el Agua de Rocallaura, marca que registró en 1925. Paralelamente, proyectó también la construcción de un nuevo balneario de grandes prestaciones, unas obras que la Guerra Civil detuvo. Hoy, sin embargo, aquel proyecto de Punyed es ya una realidad. La actividad de Punyed en este ámbito no se limitó a Rocallaura. También creó la marca de agua Hivérica y participó en proyectos en Amer, donde la explotación del agua de la Fuente Picante había dado lugar a la comercialización del Agua Amer Palatín. Posteriormente, se construyó allí el Hotel-Balneario Amer Palatín. Las aguas se comercializaban.

Otro gran proyecto fue el Balneario de Vallfogona de Riucorb. Mosén Miquel Piera y su hermano Antoni impulsaron la construcción de un establecimiento moderno en 1901. Las aguas habían sido declaradas de utilidad pública en 1903 y el establecimiento fue consolidándose como un centro de veraneo. Entre 1913 y 1916 se mejoraron las comunicaciones y se construyeron chalets, mientras que entre 1921 y 1936 el conjunto vivió una nueva etapa de modernización y expansión.

En la costa, Coma-ruga representó una evolución diferente. Los manantiales mineromedicinales de la zona comenzaron a ser explotados a comienzos del siglo XX mediante establecimientos de baños. En 1919 se constituyó la sociedad Bellamar, S.A., que comenzó a urbanizar la zona, y al año siguiente se inauguró el Coma-ruga Terrassa Hotel, con instalaciones de baños. La familia Trillas, vinculada a diversos establecimientos hoteleros y balnearios de la zona, tendría posteriormente un papel destacado en el desarrollo de Coma-ruga. En 1946, los hermanos Joan, Sebastià y Andreu Trillas constituyeron Brisamar, S.A., que impulsaría la gran transformación urbanística del núcleo y contribuiría a convertirlo en un destino turístico de primer orden.

Finalmente, también en Montbrió del Camp hay aguas termales, aunque su explotación balnearia es mucho más reciente. En 1988, el empresario andorrano Domènec Torm adquirió la antigua finca de l’Horta Florida e impulsó un nuevo proyecto termal. El nuevo centro, conocido hoy como Termes Montbrió, se inauguró en 1996.

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