El último artículo que publicamos en el Ara Descobrim del suplemento Camp de Tarragona lo dedicamos a cerrar una serie sobre los mercados con más solera del Camp y de las Tierras del Ebro. Con la rentrée de este septiembre quiero cambiar las cosas. ¡Iremos a los orígenes!
Podríamos buscar el puerto, la barca, la granja, el rebaño… Ya llegaremos, pero esta vez, y seguramente nos acompañará toda esta temporada, nuestro entorno será el matadero.
La mayoría de villas y ciudades del Camp y el Ebro tienen, muchos con usos diferentes a los originales –como museo, biblioteca, rectorado, sede de alguna entidad…– pero en otros, como en Santa Coloma de Queralt y Sarral, todavía está en uso.
El primero es uno de los mataderos que ahora mismo están en transformación: el de Torredembarra. Uno de los más antiguos con la tipología moderna e higienista de mediados del siglo XIX. De hecho, su función era la de sustituir las matanzas de ganado que se hacían en un espacio reducido en la calle Carnisseria, en pleno núcleo antiguo.
El cambio no es menor. Durante el siglo XIX las villas catalanas empiezan a transformarse y también lo hace la manera de entender la higiene y la salud públicas. Había que controlar qué se comía, en qué condiciones se sacrificaban los animales y cómo se gestionaban los residuos.
Su arquitectura responde a una función muy concreta: espacios amplios, ventilación, superficies fáciles de limpiar y zonas diferenciadas para ordenar una actividad que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de la villa. Por el matadero pasaron animales, carniceros, trabajadores y veterinarios.
Y, como tantas otras cosas, también llegó el momento en que el matadero dejó de ser necesario. Los grandes mataderos industriales, los nuevos sistemas de distribución y las exigencias sanitarias fueron cambiando aquella manera de hacer. Muchos de los pequeños mataderos municipales cerraron y los edificios quedaron vacíos, abandonados o encontraron una nueva vida.
Durante años ha sido un edificio cerrado, con problemas de conservación y pendiente de una intervención que permitiera recuperarlo. Las obras de reparación y consolidación ya están en marcha. Esta primera fase quiere detener la degradación, retirar elementos como el amianto, reforzar la estructura y recuperar especialmente la fachada de la calle del Nord. El futuro equipamiento todavía se tendrá que concretar, pero la cultura popular torrenca apunta que será una de las posibles protagonistas de esta nueva etapa.
No está nada mal iniciar esta nueva temporada de Ara Descobrim aquí: en un lugar donde durante más de un siglo comenzaba una parte del camino que llevaba del campo a la mesa. Ahora empieza otra, la que lleva del matadero al patrimonio.