Un vino picante nacido en los huertos de Porrera

PorreraUn vino picante elaborado en California le despertó la mente y la hizo bucear por su memoria culinaria ligada a la huerta desde la infancia. Entonces vivía entre Terrassa y Bagà. “Era muy químico, tenía sensaciones picantes, pero sin rastro de pimiento. Plantamos cuatro variedades de guindilla y nos atrevimos a elaborar una”. Isa Serra es directora de Vall Llach, pero su vínculo con el Priorat se ha forjado a través de l’Horta Colomer, un espacio de cultivos biodinámicos en el corazón de Porrera, donde conviven cepas de cariñena blanca con hortalizas, especias, árboles frutales y ocas.

“Maceramos durante diez días las guindillas con garnacha negra de viñedos jóvenes de cultivo ecológico, en tinas pequeñas de acero inoxidable. Es curioso que maduren al mismo tiempo. El enólogo y el bodeguero me decían "¡Sácalos ya!", y yo les respondía "Un día más", comparte sonriendo desde su admiración por lo picante y huyendo de la tibieza que hoy buscan muchos paladares. El PICA es un vino diferente y valiente y, en cierta manera, provocador, que viene a decir que hay muchas maneras de ser y de estar en una tierra de acogida. Siente que su gestación la ha anclado al Priorat y la ha conectado con la persona que es: "Entre colores y calma he encontrado la paz que no sabía que necesitaba. Mi amor por lo picante se ha fundido con aquel ritmo lento que no pide nada más que presencia".

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El vino picante nace de un proceso enológico artesanal. En nariz y boca, despliega con suavidad los aromas mezclados del barret de bisbe, de la república, bola y llarg vermell. No le hacen falta sulfitos porque la capsaicina de la guindilla actúa de conservante. Se han hecho trescientas botellas que ya han volado todas, sin apenas acción comercial. Distribuidores internacionales, visitas a la bodega y chefs catalanes de paladar fino han sido los primeros interesados. “En el restaurante Citrus del Tancat lo han armonizado con el Wellington con berenjena y el capipota”, comparte satisfecha. Y añade: “Es versátil, funciona al aperitivo con un cubito de hielo, pero también puede ser gastronómico, combinando desde verduras y ensaladas hasta guisos. Invito a perderle el miedo, a acercarse a lo picante porque activa la parte de la voluntad del cuerpo y la liga con lo espiritual del vino”.

Este año aumentarán la producción y embotellarán PICA también con un formato de 37,5 centilitros. El banderín de la etiqueta hace pensar de entrada en una red flag, pero significa especialmente “la resistencia y la perseverancia, los valores compartidos, la acción y la determinación”. El diseñador gráfico Gerard Joan ha trasladado el viaje del vino a la imagen con un trabajo preciso, cuidadoso y coherente para el cual ha contado con el taller de impresión l’Anacrònica. Juntos, a contracorriente, recogen los frutos de su osadía.