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Los últimos del Mercado Central

Una imagen del Mercado de Valls.
hace 29 min
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Una pescadería, una charcutería, una carnicería, una panadería, un puesto de pescado salado, una pollería y una verdulería. Era todo lo que quedaba del Mercado Central de Valls el invierno de 2009. Cinco comerciantes mantenían abiertas las siete últimas paradas de un equipamiento que ya hacía tiempo que agonizaba.

Pocos días después, en enero de 2010, una vez pasadas las fiestas de Navidad, el mercado bajaba definitivamente la persiana. Se acababan más de veinticinco años de historia de un mercado cubierto, con aparcamiento gratuito y concebido como un espacio comercial de referencia para Valls y el conjunto del Alt Camp.

La prensa local escribió ríos de tinta sobre los motivos del cierre. Se hablaba de la falta de hábito de compra en el mercado entre la población o del impacto de los nuevos formatos comerciales instalados en las afueras de la ciudad. Pero, en el fondo, el desenlace respondía a las dificultades económicas de una iniciativa privada. Los impagos y la morosidad habían acabado haciendo insostenible la continuidad de los últimos paradistas.

Más de quince años después, el Mercado Central de Valls continúa apareciendo, de vez en cuando, en el debate público. Editoriales, artículos de opinión y propuestas urbanísticas han planteado la posibilidad de recuperar aquel espacio comercial o de darle un nuevo uso. Mientras tanto, el edificio continúa ocupando un lugar estratégico de la ciudad.

Su arquitectura es hija del momento en que fue concebida. Construido en los años ochenta, el Mercado Central presenta un lenguaje industrial propio de la época y se alza en un punto neurálgico del mapa urbano: a tocar de la Fuente de la Mancha, al lado del paseo de los Capuchinos y frente al eje de la carretera de Montblanc.

Antes de que se construyera el mercado, sin embargo, aquellos terrenos habían estado ocupados por la antigua fábrica textil Vallduví. El complejo fabril fue derribado en 1981 y solo se conservó la chimenea, una estructura de ladrillo de unos 25 metros de altura, con una base de cuatro metros por cuatro metros, que hoy sobresale integrada en la fachada del edificio. Para garantizar su preservación, la chimenea es propiedad del Ayuntamiento de Valls.

Al pie de este vestigio industrial hay un relieve monumental de cerámica, instalado a petición del Institut d'Estudis Vallencs. La obra, de Pere Solé, representa una trama de hilos entrelazados que evoca el pasado textil de un espacio que, antes de convertirse en mercado, había sido uno de los enclaves industriales de la ciudad.

Quizás con los años, tendremos que ampliar el monumento para rendir homenaje a los últimos del mercado.

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