De Naoshima al Matarraña
“El arte, la arquitectura y la agricultura tienen muchos aficionados en común y se nutren mutuamente. Por eso queremos ser un destino cultural a nivel mundial”. Christian Bourdais y Eva Albarrán son propietarios de galerías de arte contemporáneo en Madrid y Maó, pero han sumado una tercera al aire libre en Queretes, en el Matarraña. “La única solución ante la crisis que vive el mundo del vino es integrar intereses”, advierte Bourdais. Por eso apuestan por Venta d’Aubert, un proyecto enológico que hoy celebra cuarenta años y que, en sus inicios, impulsaron Álvaro Palacios y Josep Lluís Pérez, referentes en el Priorat. Los primeros propietarios eran suizos. Al cumplir la ochentena, buscan relevo. Preservar el espíritu del lugar era innegociable y es así como hace cuatro años ceden la dirección a los galeristas Bourdais y Albarrán. Desde los inicios existe la idea de que la bodega debe ser un proyecto colectivo y vivo dialogando con el patrimonio natural del Matarraña y los Puertos de Tortosa-Beseit, “sin la arrogancia de la propiedad”, insiste Christian Bourdais. Y añade: “No entiendo por qué este paisaje no es más reconocido. Si lo tuvieran a dos horas de Londres o París, sería el lugar más caro del mundo. Aquí, en cambio, forma parte de la España vaciada, pero lo más relevante es que es auténtico”.
Se sienten orgullosos del parque de esculturas diseminadas con criterio y sentido entre viñedos, olivos y bosque: el Solo Sculpture Trail, que un artículo en el New York Times ha situado entre los diez mejores del mundo. También de ceder a los arquitectos libertad artística para crear edificaciones modernas en el proyecto Solo Houses con resultados sorprendentes como la casa circular donde el paisaje atraviesa el espacio habitable y se refleja en la piscina. Los vinos permiten acercarse a través de catas. “En los inicios eran de inspiración francesa, pero en treinta años ha habido un gran cambio porque hoy se elaboran vinos mucho más interesantes en España”, reconoce Christian Bourdais. Stefan Dorst y César Fernández Díaz dirigen la enología que hoy camina hacia un estilo más ligero y ágil, aunque mantienen la gama clásica. Un espumoso de garnacha blanca, un rosado y un tinto de monastrell son ejemplos. Respiran franqueza y se adivinan las prácticas ecológicas y biodinámicas en el campo. Etiquetas diseñadas por artistas como Claudia Comte o Angelika Markul, algunas de edición limitada, hacen entrar el vino en circuitos inesperados. El próximo año iniciarán la construcción de un complejo hotelero de alta gama que se fundirá con la vegetación, diseñado por Smiljan Radić Clark, Premio Pritzker 2026. También proyectan una nueva galería de arte. Su referente es la isla de museos Naoshima en Japón.