Juegos reunidos

Un deporte violento y cruel rodeado de las obras de arte más bonitas

En los años 30, Florencia recuperó el 'calcio storico', un deporte donde hay que meter goles famoso por sus peleas

BarcelonaOrgullosos como son, los florentinos han conseguido que todo el mundo piense que llevan siglos jugando al calcio storico. No es cierto. Durante más de dos siglos este deporte tan violento no se practicó. Las leyes no lo permitían y acabó convertido en materia de conversaciones en aquellas preciosas noches toscanas cuando cae el sol. Los florentinos recordaban los grandes partidos del pasado, se encargaban de que las nuevas generaciones tuvieran presente que había existido este deporte, pero, si se jugaba un partido, era en un pueblo de la cercanía y medio a escondidas. Hasta que llegó el fascismo.

Si el calcio florentino o calcio storico, ahora muy famoso, con miles de turistas que intentan encontrar lugar en las gradas del recinto deportivo que a finales de junio se instala en la plaza de Santa Croce, volvió a la vida, fue gracias al fascismo. No se habla mucho sobre esto, pero así fue. En 1930 la ciudad de Florencia preparaba los actos para recordar los 400 años del asedio de la ciudad por parte de las tropas imperiales de Carlos V. La historia, en Italia, siempre está muy viva, muy presente. Y el dirigente fascista Alessandro Pavolini propuso recrear los partidos de calcio florentino que se jugaban en la ciudad cuatro siglos atrás. Pavolini era un fascista de primera época, de los que se habían marchado sobre Roma y de los que serían fieles a Mussolini hasta el final, y encontró la muerte cuando los partisanos lo pillaron en 1945. La iniciativa de Pavolini sirvió para crear la versión actual de este deporte que divide la ciudad en cuatro barrios: los blancos de Santo Spirito, los rojos de Santa Maria Novella, los verdes de San Giovanni y aquellos que han ganado más veces, los azules de Santa Croce.

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El calcio storico, o florentino, es descendente de los juegos con pelota que ya practicaban los romanos, como el harpastum. De hecho, como en este juego que practicaban los soldados romanos para entrenarse, hay 27 jugadores por equipo. Durante toda la Edad Media tenemos juegos similares practicados por buena parte de Europa. Y tantos disturbios provocaban los jóvenes florentinos que en 1580 el conde Giovanni Bardi fue el primero en escribir unas reglas. Bardi, por cierto, también es uno de los padres de la ópera moderna. En Florencia, el arte convive con la brutalidad. Siempre con el mismo orgullo.

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El juego básicamente consiste en hacer entrar una pelota en unas jaulas, una especie de porterías, en el fondo del terreno de juego. Si la pelota entra, sumas dos puntos, pero un error en el tiro daría medio punto al rival. Y, sí, es brutal. Se permiten puñetazos, estrangular, golpes de codo... Las pocas normas prohíben los golpes bajos, meter los dedos en el ojo o que entre más de un jugador apaleen a un rival caído en el suelo.

Los jugadores acaban con el rostro lleno de sangre, con las camisetas desgarradas y el público, enloquecido, pidiendo más sangre. Como los jugadores son hombres que viven en los barrios, tienen a sus vecinos y familiares en las gradas, defendiendo el honor de la comarca. Tan fuerte es el vínculo con el barrio que es normal que en el mismo equipo jueguen, defendiéndose como hermanos, fascistas y comunistas; o los primeros inmigrantes africanos que ya han hecho de Florencia su casa y que están dispuestos a dejarse la salud para ganar los partidos. Los partidos duran 50 minutos y es normal ver a rivales peleándose sin ni saber dónde está la pelota.

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Con el regreso en 1930 del calcio storico se recuperó un deporte que en su momento era cosa de aristócratas. Ya no es así, ahora. Pero queda en el recuerdo que este deporte lo han practicado tres papas de Roma, todos miembros de la célebre familia de los Medici. Uno de ellos, Clemente VII, llegó a organizar partidos en la plaza de San Pedro del Vaticano. Sin embargo, no es el partido más sorpresivo. Cada vez que el río Arno se helaba, se organizaban partidos encima. Si ya es bastante violento, imaginadlo sobre hielo.