Krizia Robustella: “Siempre que voy pienso lo mismo: es espectacular”

El agua turquesa del desfiladero de Mont-rebei hipnotiza a la diseñadora

17/08/2026 - 08:01 h.

La madre de la diseñadora de moda Krizia Robustella quería que las hijas tuvieran un pueblo: “Le gustaba la idea de tener un lugar a donde ir los fines de semana y pasar el verano, pero como mi familia es de fuera, no teníamos ninguno y lo buscó”. El pueblo elegido fue Benavarri, en Huesca, en la frontera con Cataluña, adonde Krizia ha ido desde los doce años. Desde aquí suele ir al que es su lugar preferido, el desfiladero de Mont-rebei, en la sierra del Montsec. “Siempre que voy pienso lo mismo: es espectacular”, dice satisfecha.A lo largo de los años ha ido viendo la transformación que ha habido. Al principio no tenía pasarelas ni recorridos fijados, caminabas por el campo hasta que llegabas a la parte más estrecha. A pesar de los cambios, es una zona que está lejos de la masificación habitual de los destinos turísticos. Robustella no acaba de entender que la gente, cuando va de vacaciones o hace una escapada, piense en la playa o la montaña y se olvide de Mont-rebei, que vale tanto la pena. Pero al mismo tiempo reconoce que sufre un poco por si después de compartir esta maravilla empieza a llenarse. Para la diseñadora, sobran motivos para ir allí porque tiene de todo: hay pozas, cascadas, ríos, pantanos, y se pueden hacer unas excursiones maravillosas: “En verano se puede alquilar una canoa, ir a Sert a comer una butifarra o tomar un helado, están los murales rurales de Penelles, e incluso puedes acercarte a Benavarri y comer las tostadas del Hostal Mars”. Solo alerta que en los pantanos hay que tener en cuenta los vientos y las corrientes, para no tener ningún susto. En invierno hace excursiones y en verano coge el coche y va a buscar agua, pantanos, ríos o cascadas: “Soy muy acuática”. Dice que siempre es bonito y que cada época del año es diferente, no tienen nada que ver los colores de la primavera con los del otoño. Las rutinas también cambian. Cuando hace frío, llega a casa antes para ordenar la casa y jugar a juegos de mesa, y en verano aprovecha para estar todo el día fuera, y cena en un restaurante o se lleva la comida para hacer picnic.Le hipnotiza el agua turquesa del desfiladero. Para quien tenga vértigo como ella, le recomienda quedarse en el agua. Le encanta cuando sube a la canoa y pasa entre montañas gigantes, por el pasillo azul turquesa, que si mira hacia arriba se siente pequeñísima. En cambio, para los más atrevidos hay unas escaleras enganchadas a la montaña y un par de puentes increíbles. Cuando va con las amigas, alquilan un patinete en el pantano de Canelles por tres horas. La gente suele estar allí una hora, pero ellas aprovechan, se llevan la nevera con la comida y van hasta el medio del pantano, donde se instalan con música: “Se convierte en nuestro yate, ¡incluso tiene tobogán! Cuando me tiro, en aquel azul tan azul, es fantástico”, dice riendo.