Verano

"Venían japoneses y se arrodillaban delante de nuestra casa"

Un matrimonio descubrió por un artículo en el diario que vivían en la casa donde se había instalado Pablo Picasso

08/08/2026 - 08:02 h.

Huerta de Sant JoanEl año 1982, Àngel Querol leía tranquilamente La Vanguardia cuando vio una imagen que le resultó familiar. "Pili, ¿esto no es nuestra casa?", preguntó a la mujer. Por esas cosas que solo saben los pueblos, la estancia de Pablo Picasso en Horta de Sant Joan (Terra Alta) siempre se había tratado con mucha prudencia.

Era público y notorio que el pintor andaluz había estado allí entre 1898 y 1899 y que regresó en 1909, cuando se instaló con su compañera, la artista parisina Fernande Olivier. Se sabía también que tenía el taller en unas buhardillas del pueblo y que trabajaba "como si estuviera poseído", según las cartas escritas por su pareja y que se han podido recuperar. Pero no fue hasta 1982 que se publicó la noticia con una fotografía donde aparecía la fachada de la casa donde viven Àngel Querol Pallarès y Maria Pilar Cortiella Pons.

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"Claro que es nuestra casa", respondió Pili. Años más tarde, en 1998, también en La Vanguardia, el periodista Toni Orensanz publicó la confirmación definitiva de que fue en las buhardillas de aquel edificio donde el pintor andaluz se inspiró para pintar tantísimos cuadros cubistas.

Las buhardillas se encuentran en el centro de la plaza de la Iglesia y eran propiedad de Tobies Membrado, el panadero del pueblo, que las alquiló a Picasso. "Pintando así no te ganarás la vida, pero en esta casa nunca te faltará un plato en la mesa", dice que le dijo en una ocasión. Cuando Picasso se instaló allí, las buhardillas tenían una entrada independiente desde la calle, pero con los años se integraron a la casa que hay debajo.

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En la misma plaza, hay otra casa que en aquella época era la fonda donde se alojaban Picasso y Olivier. Ambas casas las acabó comprando la familia de Maria Pilar, Pili, sin saber su historia. La que había sido una pensión se conservaba mucho mejor y es donde se instalaron sus abuelos. "La otra casa quedó medio olvidada", recuerda ella.

Más tarde, se convirtió en una carnicería, donde trabajó la madre de Pili y aquellas paredes cambiaron los cuadros por las entrañas: "En las buhardillas colgábamos las pieles de los animales", recuerda. Finalmente, la casa y aquellas buhardillas que escondían un secreto tan valioso se convirtieron en el hogar de Pili y Àngel y, poco a poco, la fueron arreglando.

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"Como era una carnicería, pintábamos las paredes constantemente", explica Pili, que recuerda que un día se les ocurrió rascar y descubrieron las paredes de piedra, las vigas de madera del techo e incluso repisas, que son los alféizares que se hacían en la parte interior de las ventanas. El desván, que no era nada más que un desván, se arregló un poco y también poco a poco se fue acondicionando.

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Un tesoro escondido

De la indiferencia durante casi 80 años por la estancia de Picasso en el pueblo se pasó al otro extremo, una vez se publicó aquella información. "El padre de la Pili nos explicaba que venían japoneses y se arrodillaban delante de casa", recuerda Àngel. También dice que su suegro bromeaba y buscaba entre las vigas a ver si Picasso había dejado algún cuadro o algún boceto.

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El tesoro que sí que encontraron –y que todavía conservan– es la ventana de madera que abría cada mañana Pablo Picasso para que entrara la luz en su estudio y poder contemplar aquellos campos que lo inspiraron tanto. Cuando Pili y Àngel arreglaron la casa, decidieron cambiarla, pero la guardaron. "Si buscaran, todavía encontrarían el ADN de Picasso". También conservan la piedra que cubría la chimenea donde se calentaba el pintor.

Después de aquel boom, la tranquilidad fue volviendo a Horta de Sant Joan. El café adonde iba a menudo Fernande Olivier se convirtió poco después en una ferretería, pero ahora está cerrado. Unas calles más abajo, se hizo el Centre Picasso, un edificio de dos plantas donde se explica cómo el pintor fue a parar a este rincón del mundo, y se muestran reproducciones facsímiles de las diversas obras que el artista hizo desde Horta. Para más información de la estancia de Picasso en Horta de Sant Joan, hay que leer L'estiu de l'amor, la novela de Toni Orensanz.