El análisis de Antoni Bassas

Retrato de Cataluña antes de las vacaciones

Nos vamos sabiendo que la temporada que viene estaremos ante los mismos problemas y que las soluciones en marcha se quedarán cortas.

29/07/2026 - 11:30 h.

Este es el último análisis de la temporada y, por lo tanto, es momento de hacer balance. Si hablamos de estados de ánimo, llegamos a las vacaciones preocupados porque no se han cerrado muchas carpetas: la amnistía no ha llegado todavía a los exiliados ni a los principales inhabilitados, el nuevo sistema de financiación va muy lento, casi tanto como la mejora del servicio de Rodalies o las obras de Adif, y el sistema educativo en Cataluña, que se fue de vacaciones entre huelgas y comenzará igualmente entre protestas, ha tocado fondo con el descrédito del departamento de Educación y el lamentable episodio final de las pruebas PISA. Solo nos ha faltado saber que el ministerio avisó a la conselleria en abril de 2025 (y no, como se había dicho, en marzo de 2026), que había una tasa de exclusión de alumnos muy alta, pero el aviso fue de técnicos a técnicos y no lo comunicaron en lo más alto del ámbito político. ¿Por qué? No se sabe y eso abona las sospechas de que como el resultado de las pruebas sería muy malo, nadie se quiso hacer cargo de la patata caliente. De hecho, las explicaciones se han dado a finales de julio, tarde y mal, y todo es un enredo de inconcreciones sobre órganos del departamento que se estaban reformando o la coincidencia con otras pruebas. Todo esto no genera confianza.Ha sido un año de protestas en la educación, en la sanidad y en el campo. Ha continuado creciendo el malestar social que tiene que ver con la pérdida de poder adquisitivo. Porque el paro ha bajado a niveles precrisis del 2008 y todo el mundo tiene trabajo, pero los sueldos no llegan a fin de mes. La vivienda es una quimera, mientras oímos hablar de la construcción de miles de pisos de alquiler social y asequible por parte de la Generalitat. Seamos justos, son medidas que pueden generar una oferta para todos los bolsillos de manera sostenida, pero está claro, los pisos no se fabrican de un día para otro.Estamos comprobando los efectos del enorme crecimiento demográfico que ha experimentado Cataluña en los últimos 25 años. Los que tenemos una edad todavía recordamos el anuncio del “som 6 milions”, y hoy ya hemos pasado de los 8 y hay quien habla de los 10. Las costuras del país han reventado por todas partes y subsumidos a las políticas autonómicas de régimen común, no tenemos la soberanía fiscal y presupuestaria necesaria para hacernos un país a medida. Que las inversiones del Estado en Cataluña en 2025 fueran del 8,6% clama al cielo. Una derivada de este panorama es el boom electoral que Aliança Catalana experimentará el curso que viene en las elecciones municipales según todas las encuestas, un boom que anunciaría el sorpasso en las elecciones al Parlament de Catalunya que, si no se avanzan, serían en la primavera de 2028. Hay un agotamiento ciudadano, una pérdida de confianza en los partidos y los liderazgos de siempre, ha reaparecido el fantasma de la angustia existencial lingüística y no nos hemos rehecho del todo del Dragon Khan del Procés. Si añadimos una capacidad muy grande de la extrema derecha de convertir en voto las pulsiones identitarias más primarias, el futuro demoscópico indica que en Catalunya acabará pasando lo mismo que ya ha pasado en otros lugares de Europa y del mundo.El país tiene talento, conserva la traza de hacer las cosas bien, tiene reservas de autoestima, y ha visto de todos los colores como para revolverse ante las adversidades. El país es más sólido de lo que parece ahora mismo y tambalea igual que tambalean todos. El problema es que no tiene el mínimo de soberanía que hace falta para tomar sus propias decisiones. Y por todo ello, nos vamos de vacaciones (y damos gracias) sabiendo que la temporada que viene estaremos ante los mismos problemas y que las soluciones en marcha se quedarán cortas.Buen verano y hasta pronto.