El viaje del Papa a Cataluña, el catalán y Lluís Companys
Es el de siempre, la indisimulada influencia en el Vaticano del episcopado español para que la personalidad propia de Cataluña y su lengua no pasen de regionales. No creo, sin embargo, que sectores católicos catalanes se queden de brazos cruzados para contrarrestar este nuevo episodio de vigilancia de las palabras del Papa en Cataluña, que, francamente, a estas alturas de la historia ya nos podríamos ahorrar.
De aquí a un mes, el 9 de junio, el Papa llegará a Cataluña, donde pasará la noche, y se marchará al día siguiente. Llegará al aeropuerto de El Prat el martes 9 de junio a la una menos cuarto, y de allí irá a la catedral de Barcelona para hacer una plegaria. La siguiente parada pública será a las 20 h en el Estadio Olímpico Lluís Companys para una vigilia de oración multitudinaria. Según ha explicado la organización, se valoró la opción de que fuera en el Camp Nou, pero la junta directiva del Barça lo descartó porque la logística implicaba retrasar un mes las obras del estadio. Al día siguiente, el miércoles 10 de junio, el Papa visitará la prisión de Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires, y de allí subirá a Montserrat, donde dirigirá una oración y comerá con la comunidad de monjes. Por la tarde volverá a Barcelona, a la iglesia de Sant Agustí, en el Raval (el Papa es de la orden de los agustinos). A las siete y media llegará el momento que será más retransmitido en todo el mundo, la misa en la Sagrada Familia, que es un escenario televisivo que no te acabas. Al final de la misa –serán las ocho y media de la tarde–, con el sol crepuscular, bendecirá desde la calle la torre de Jesucristo, coronada semanas atrás y que ha convertido la Sagrada Familia en el templo más alto del mundo. Al día siguiente, el jueves 11 de junio, ya se marchará hacia Las Palmas. El papa Robert Prevost habrá llegado a Madrid el día 6 y volverá a Roma desde Canarias el día 12.Este viaje es curioso porque el motivo que lo trae a España en estas fechas es la Sagrada Familia. El 10 de junio hará 100 años de la muerte de Gaudí, y para solemnizar el centenario el Papa aceptó ir a Barcelona a bendecir la torre de Jesucristo, que corona la basílica. Así pues, es a partir de esta fecha y de este acto que se monta todo el viaje. A Madrid irá al Congreso de los Diputados, donde pronunciará un discurso en una sesión conjunta del Congreso y del Senado. Se pueden imaginar el interés que debe haber puesto el gobierno de Pedro Sánchez para que el Papa haga un discurso político, porque es contrario a la guerra, recibe los ataques de Trump y ha advertido a los obispos españoles que no se dejen instrumentalizar por la extrema derecha. El viaje tiene un componente social muy marcado, porque León XIV irá a un hogar de personas sin techo en Madrid, irá a la cárcel, irá al Raval de Barcelona y acabará en las Canarias, puerta de entrada –a menudo mortal– de la inmigración subsahariana a la Unión Europea. Es un viaje que habría podido hacer el papa Francisco si no hubiera estado tan enfermo en los últimos tiempos de su pontificado. Se nota en el programa que, aparte de estar muy apretado, es el típico viaje del Papa a España, muy tutelado para que sea exactamente eso, un viaje a España: los reyes le acompañarán a cada paso, le recibirán en el Palacio Real de Madrid, se reunirá con Pedro Sánchez (una foto que Sánchez anhela tener). Ayer el cardenal de Barcelona, Omella, tiró balones fuera cuando le preguntaron por el uso del catalán durante el viaje. Es lo de siempre, la indisimulada influencia en el Vaticano del episcopado español para que la personalidad propia de Cataluña y su lengua no pasen de regionales. No creo, sin embargo, que sectores católicos catalanes se queden de brazos cruzados para contrarrestar este nuevo episodio de vigilancia de las palabras del Papa en Cataluña, que, francamente, a estas alturas de la historia ya nos podríamos ahorrar.Y como que todo es susceptible de empeorar, aparecen los “abogados cristianos” para pedir que el Papa no vaya al Estadi Lluís Companys, porque bajo su presidencia se mataron miles de religiosos y religiosas, y lo rematan diciendo que “es indignante que el mismo Papa vaya a un estadio que homenajea a un asesino". No hace falta decir que Companys no solo no hizo matar a nadie, sino que procuró salvar a mucha gente, pero el 18 de julio de 1936 y los meses siguientes el president de la Generalitat estuvo absolutamente superado por la violencia armada de grupos de anarquistas y de extrema izquierda, que fueron los autores de los asesinatos. En fin, por si la mentira no fuera lo bastante gorda, el mismo grupo pide al Papa que vaya al Valle de los Caídos. La visita del Papa tiene, pues, componentes políticos, culturales, sociales, nacionales y de seguridad (tal como está el mundo) de gran importancia y simbolismo. Lo seguiremos atentamente.Buenos días.