El hotel de los milagros que protegió a los mejores ciclistas del mundo
Los corredores de la Vuelta se escondieron de una granizada en un hotel de una sola estrella que se ha ganado el corazón de todos
BarcelonaCuando empieza el día, a menudo no puedes imaginar la sorpresa que el destino te ha preparado. El lunes pasado, los trabajadores de un hotel de la Alta Cerdaña no sabían que, poco después de comer, los mejores ciclistas del mundo llamarían a su puerta en busca de refugio. Una tormenta de aquellas que dan miedo acabó con final feliz en la Vuelta a España gracias a la hospitalidad de los trabajadores de un hotel de una estrella, el IGESA Village Club Les Sorbiers.
La tercera etapa de la carrera transcurría por carreteras francesas, pero se tuvo que suspender a pocos kilómetros del final cuando del cielo cayó una granizada de aquellas que te obligan a buscar refugio inmediatamente. Los corredores enfilaban el ascenso del collado de Montlluís, camino de la estación de Font-Romeu, cuando les cayó encima tanta lluvia y tanta piedra que parecía que alguien los hubiera maldecido. El vasco Mikel Landa vio a un espectador con un paraguas lo bastante grande y se cobijó bajo él. Algunos que iban descolgados vieron un café de carretera y entraron. Al frente, el líder de la Vuelta, el esloveno Tadej Pogacar, hizo un gesto con las manos, dando a entender que había que bajarse de la bicicleta. Los organizadores suspendieron la etapa. Si la granizada helada hubiera sorprendido a los ciclistas en el momento en que pasaban por una ciudad, se habrían protegido con facilidad, pero en aquel tramo de montaña era diferente. El único edificio cerca donde podían esconderse era el hotel IGESA Village Club Les Sorbiers.
El hotel está en un edificio antiguo que en su momento había sido una especie de clínica para enfermos de asma que buscaban un lugar donde descansar en la montaña. Después sirvió para alojar soldados del ejército francés que hacían ejercicios por la zona, ya que esta siempre ha sido una zona muy militarizada. Al lado hay una famosa fortaleza que los franceses construyeron cuando con el Tratado de los Pirineos pasaron a controlar la zona. Justo en aquellos años que rebautizaron el nombre de la villa catalana de Vilar d'Ovança con el nombre de Montlluís, en honor al rey Sol. Reconvertido en un hotel para familias francesas que quieren ir a los Pirineos en régimen de media pensión, es uno de aquellos hoteles de antes, sin lujos, pero con un toque familiar que hace que la gente vuelva. Un hotel que poco podía esperar que de repente tendría en la puerta casi 200 personas congeladas. "No recordamos tormentas como esta y ya hace años que estamos aquí. Llueve, tienes algún susto... Pero como esta, no recuerdo ninguna", dijo el director del hotel, Guillaume Villeneuve, a la prensa francesa. Villeneuve sabía que la carrera pasaría por delante del hotel y había pensado en salir a la puerta para ver en acción a Pogacar y compañía, ya que es aficionado al ciclismo. Pero, como llovía tanto, se quedó en el despacho y encendió la televisión. Fue así como vio en directo que la carrera se paraba. "Los teníamos en la puerta. Así que vi claro que había que abrir las puertas", explicó.
De repente, 190 profesionales helados entraron en la recepción. Todos tiritaban, ya que la previsión del tiempo no había acertado y iban vestidos con un maillot de verano finísimo. La temperatura había caído por debajo de los 9 grados, además de la granizada helada. Villeneuve pidió a los trabajadores del hotel que calentaran agua, ofrecieran café y té a los corredores, y buscaran toallas para todos. Los corredores fueron encontrando un sitio donde sentarse. Algunos en el bar, cómodos. Otros por las escaleras, como si fueran estudiantes charlando. Como el hotel dispone de un pequeño gimnasio, lo ofrecieron a los corredores para tener un espacio más donde descansar, aunque más de uno lo aprovechó para hacer los ejercicios posteriores a cada etapa. También abrieron las habitaciones que estaban vacías, y los clientes que pasaban la noche en el hotel pasearon entre los corredores para intentar hacerse fotografías con Pogacar.
Cuando la tormenta pasó, los corredores se subieron a los autobuses de los equipos, que habían ido llegando al hotel. Fue entonces cuando entendieron que aquel hotel los había acogido y cuidado a cambio de nada. De manera altruista. Así que entre ellos se fueron haciendo llegar un mensaje: llenar el buscador de Google, donde puedes valorar los negocios, de reseñas positivas. "Ubicación perfecta incluso en medio de una granizada. Nos proporcionaron toallas dos minutos después de que llegáramos sin avisar. ¡Se merecen todas las estrellas posibles!", escribió Tobias Johannessen. Las reseñas han sido eliminadas por Google, ya que muchas eran de aficionados que no han pisado el hotel, así que muchos equipos han escrito mensajes de agradecimiento en las redes, provocando una ola de simpatía hacia el hotel.
Los organizadores de la Vuelta supieron reaccionar rápido: uno de los responsables de la carrera fue al hotel y pidió pagar la factura de todo lo que se había gastado. Pero Villeneuve dijo que no hacía falta. Que habían hecho lo que debían. Como resultado, la valoración del hotel en Google no para de mejorar, y no se han hecho esperar las reservas para los próximos días, ya que muchos amantes del ciclismo quieren ir allí. "Somos un buen lugar para los ciclistas. Tenemos sitio para guardar las bicis y estamos cerca de buenas carreteras", se apresuró a recordar Villeneuve. "Espero volver allí un día de vacaciones", dijo Mikel Landa el martes. Seguro que más de un ciclista volverá. Para recordar aquel día de un agosto extraño en que un hotel se ganó el corazón de los aficionados del deporte haciendo lo que muchas veces hemos olvidado: ayudar a los demás a cambio de nada.