Edición genética

Un paso más hacia los humanos modificados genéticamente

Una nueva técnica de edición genética abre la puerta a manipular embriones con garantías

Representación de una manipulación de embrión humano.
08/09/2026 - 15:09 h.
4 min

En 2018, la humanidad dio quizá el paso adelante más radical de toda la historia. No es una exageración: fue el año en que nacieron los primeros humanos modificados genéticamente, gracias a los experimentos de He Jiankui. Lo que la evolución tarda milenios en esculpir, la selección de características favorables para la supervivencia, podemos conseguirlo ahora en unos meses de trabajo en un laboratorio. Pocos descubrimientos han tenido unas implicaciones tan profundas para nuestro futuro.

El titular de este avance es espectacular, pero cuando leemos la letra pequeña nos damos cuenta de que, en realidad, todavía hay muchos matices a tener en cuenta. La técnica que usó el Dr. He para cortar y pegar el ADN de tres embriones, llamada CRISPR-Cas9, ha representado una revolución en el campo de la edición genética por cómo facilita y acelera el proceso, pero sus limitaciones hacen que sea inviable aplicarla hoy en día a las personas. Por ejemplo, se sabe que el CRISPR puede cortar el genoma en lugares inesperados, introduciendo cambios aleatorios que pueden tener consecuencias graves. En experimentos en embriones humanos, se ha visto que esto a veces provoca alteraciones catastróficas de los cromosomas. Además, incluso cuando la edición se hace en el lugar que toca, no siempre los cambios son exactamente los que se habían planificado. Por eso el consenso es que querer editar embriones humanos es, ahora mismo, irresponsable, y, en consecuencia, los expertos han propuesto una moratoria y la mayoría de los países tiene leyes que lo impiden.

Una nueva técnica

Mientras tanto, la ciencia avanza. Este verano, se han publicado dos artículos que validan lo que podría ser la sustituta del CRISPR, una técnica llamada edición de bases (base editing, en inglés). Sus principios se remontan a los años 90 del siglo pasado, y permite cambiar una por una las bases que constituyen el ADN, en lugar de cortar y reparar, como hace el CRISPR. Ya se ha utilizado en experimentos de terapia génica, para corregir errores en personas enfermas, aunque la muerte de una niña de seis años en 2025 en Shanghái, seguramente por complicaciones del procedimiento, ha frenado de momento estas aplicaciones. Ahora bien, su uso en la manipulación de embriones está volviéndose popular, como demuestran los siguientes dos artículos.

El primero, un estudio liderado por Kathy K. Niakan, de la Universidad de Cambridge, aparecido en la revista Nature, los investigadores han usado la edición de bases para eliminar un gen llamado NANOG en embriones humanos y seguirlos a lo largo de una semana. La primera observación que hacen es que la edición es muy exacta, sin cortes fuera del gen diana. La conclusión principal de la investigación es que NANOG es necesario para el correcto desarrollo del embrión, cosa que hasta ahora no se había podido llevar a cabo con los métodos de los que se disponía o en los estudios con embriones de ratón.

En el segundo trabajo, dirigido por Dieter Egli, de la Universidad de Columbia, de momento solo pre-publicado en un repositorio, se demuestra que se pueden editar embriones humanos con este sistema sin que se produzca ninguna de las temidas alteraciones en los cromosomas que se suelen ver con el CRISPR, y los embriones se desarrollan con toda normalidad, al menos durante el tiempo que se han seguido en el laboratorio.

Ambos estudios han utilizado la edición de bases con finalidades puramente experimentales, para avanzar en el conocimiento del proceso de desarrollo humano y sin ninguna intención de dar pasos hacia la manipulación de embriones para ser implantados en úteros para que así den lugar a un ser vivo. Pero a nadie se le escapa que una de las consecuencias de estos trabajos es contribuir de manera importante a demostrar que la edición de bases es una mejora fiable de las herramientas que teníamos hasta ahora. Aún no están listas para usarse en humanos, pero cada día falta menos. ¿Hacia dónde nos lleva todo esto? De momento, está revitalizando un debate que, después del revuelo de 2018, había quedado un poco aparcado.

Hace falta un debate público

En algún lugar de China hay tres niñas que tienen un genoma alterado por la mano de la ciencia. No sabemos nada de ellas, ni cómo se llaman, ni si están bien ni si son conscientes de ser las primeras de lo que se podría acabar convirtiendo en una nueva especie de humanos, porque parece muy probable que no serán las últimas. La edición de bases nos permite pensar que una de las barreras que nos impedía continuar por este camino, la incertidumbre de los posibles efectos secundarios del CRISPR, se está derrumbando.

En los próximos años, la técnica se acabará de perfeccionar, hasta el punto que, con toda seguridad, ofrecerá suficientes garantías para ser aplicada a los humanos. Habrá todavía otros escollos, pero, tarde o temprano, las limitaciones serán principalmente éticas. Entonces, hará falta que, como humanidad, nos hagamos algunas preguntas incómodas: ¿querremos abrir la puerta a la manipulación genética de la descendencia para todo aquel que se la pueda permitir? ¿Seremos capaces de evitar que se haga una vez se demuestre que es factible? Son dilemas que hasta ahora parecían propios de la ciencia ficción, pero que se están convirtiendo en temas que hay que considerar seriamente.

Director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigador de la Fundación Pasqual Maragall
stats